El Omega rubio camino hasta llegar a la mesa donde estaba sentado ese mariachi que a diario lo veía cenando con sana, su compañera, otra mesera, una Omega.
Pero esta vez el alfa estaba solo, Jimin tenía demasiada curiosidad por ese mariachi, siempre...
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Jimin se sentía pleno, había besado al Alfa que le gustaba, se sentía feliz mientras atendía sus mesas e iba de un lado a otro llevando sus platillos y limpiando mesas.
Ni siquiera el mal humor de sus demás compañeras hacía que su expresión de felicidad cambiará.
-niño, ve a limpiar aquella mesa- escuchó como le decía Rosa, que estaba atendiendo a un cliente que acababa de llegar.
El rubio sonrió, y fue a limpiar la mesa, rosa sonrió, el niño le caía bien, había aprendido a valorar sus esfuerzo.
Siempre las ayudaba a todas, y no se molestaba cuando lo mandaba a hacer algo.
Jimin llevo la losa sucia a donde debía, y salió rápidamente, unos de sus clientes le pidieron otras bebidas, y fue a prepararlas al bar.
Mientras el Omega preparaba sus bebidas, rosa se acercó para preparar también las bebidas de los clientes que recién llegaban.
-¿por qué no te molestas cuando te mandamos a hacer algo?- escuchó la voz de rosa, y la miró.
La beta no le dio la cara, se puso a preparar la bebida, esperando su respuesta.
-es mi trabajo- dijo el Omega sonriendo, e igual terminando de preparar sus bebidas.
-pero cada quien debe limpiar lo suyo- susurro rosa.