Capítulo 1

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Denisse Fizgerald

—No puedo ponerlo—Digo sin aliento.

—Vas a encajar, solo no te muevas.

—No, espera—Grito en voz alta.

—Quédate quieta, ya casi estoy bonita.

—Si tomas un poco más de aire, podré cerrarlo bien—Menciona mientras sube la cremallera del vestido.

Suelto un gran suspiro, por fin pudo cerrar la cremallera del vestido, camino hacia el espejo y me miro: ¡uy, qué bella estoy! Llevo un vestido rosa pastel hasta los muslos y tengo el pelo suelto en ondas. Solo llevo un poquito de rubor y labial rosa, el rosa es mi color, lo sé.

—Ves, te lo dije, linda, el rosa es tu color—Menciona mientras se acerca hacia mí.

—Muchas gracias, Sasha, eres el mejor—Digo, dándome la vuelta, me pongo de puntitas y le doy un beso en la mejilla.

Sasha es mi mejor amigo, nos conocemos desde bebés; nuestras madres son mejores amigas. Sasha es moreno alto, muy alto para mi gusto. Tiene un gran cabello afro hermoso, él dice que no le agrada mucho porque se enreda con nada.

Pero a mí me encanta hacerle trenzas. Aprendí viendo a mi mamá hacerle trenzas cuando su cabello le crecía mucho y no lo dejaba ver. La mamá de Sasha, Victoria, no sabe hacer trenzas, por eso mi mamá aprendió.

Las dos se combinan: mi mamá no sabe cocinar muy bien, pero Victoria sí. Son como un dúo dinámico, al igual que nosotros.

—Denisse, vámonos, vamos a llegar tarde a la fiesta. Deja de estar en las nubes, linda— Exclama mientras me arrastra hacia la salida.

—Lo siento, estaba recordando viejos tiempos—Murmuro soltando un suspiro melancólico.

—Lo sé, linda, hermosos momentos.

Bajamos las escaleras lentamente. Nuestras mamás están abajo, emocionadas como si fuera nuestra primera fiesta. Dirijo mi mirada hacia Sasha, que niega con la cabeza sonriendo. Cuando llegamos al final de las escaleras, nos abrazan felices.

—Adiós mamás, ya estamos llegando tarde a la fiesta. Nos vemos en la noche, las amo—Menciono, besando sus mejillas. Ellas me ven con lágrimas en los ojos. Sonrío y niego con la cabeza.

—No lloren, no es la primera vez que vamos a una fiesta—Exclama Sasha, cruzándose de brazos y haciendo que la chaqueta le apriete, haciendo notar sus bíceps.

Sasha me arrastra de nuevo hacia la salida, nuestras mamás nos observan con lágrimas en los ojos mientras les digo adiós moviendo mi mano de arriba hacia abajo y sonriéndoles.

Al salir de la casa, veo la imponente entrada de mi casa y mi bebé en el estacionamiento. Emocionada, suelto la mano de Sasha y corro rápidamente hacia él, un Mercedes-AMG G63.

Rápidamente lo enciendo y entro al auto por el lado del piloto, esperando a Sasha que se acerca con una sonrisa brillante para luego sentarse en el asiento del copiloto. Su perfume tan intenso me impacta.

—Vamos, linda, arranca a tu bebé —Exige, y asiento emocionada.

Arranco el auto, las puertas de hierro se abren de inmediato y acelero hacia la fiesta pasando varias señales de tránsito. Al llegar, bajo la velocidad y estaciono el auto.

Apago el motor y miro a Sasha, que se está agarrando de la puerta.

—¡Maldita loca, medícate! ¿Cómo pudiste conducir a esa velocidad y saltarte las señales de tránsito? La próxima vez iremos en mi McLaren —Afirma enojado.

—Ay, no es para tanto, Sasha. Además, tú conduces como una abuelita —Protesto al bajarme del auto.

Él niega con la cabeza y al llegar a mi lado caminamos hacia la puerta de la fiesta. Los guardias nos dejan pasar y al entrar, el calor nos impacta. La discoteca está llena de gente bailando desenfrenadamente.

Nos dirigimos hacia la sala VIP y los guardaespaldas nos dejan pasar. Diviso a nuestros amigos bailando, excepto Greyce, que está bebiendo en una mesa.

Nos acercamos a ella y al vernos, sonríe. Me acerco y le doy un beso en la mejilla.

—Hola, amorcito. ¿Cómo estás? —Pregunto.

—Estoy bien, bonita, llegando tarde como siempre ustedes, ¿eh? —Afirma cruzándose de brazos.

—No es para tanto, moradita —Dice Sasha sentándose a su lado.

—Ajá.

—Bueno, ¿quieren algo de beber? Voy a ir a la barra —Indico.

—No —Murmuran los dos.

Asiento y camino hacia la barra. Al llegar, me siento en un taburete y pido un tequila. Mientras espero mi bebida, miro a mi alrededor. De repente, alguien se sienta a mi lado, pero no le presto atención porque llega mi bebida.

Le entrego dinero al mesero, doy un largo trago a mi bebida y la pongo sobre la barra, soltando un suspiro. Siento cómo mi cuerpo se relaja y mi mirada se posa en el desconocido, un hombre pelinegro alto, muy alto, mandíbula cuadrada, musculoso y vestido de traje negro.

—Cierre la boca, que se le cae la baba —Dice con voz grave e imponente.

Avergonzada, giro la cabeza hacia otro lado.

—Imbécil —Murmuro.

—¿Qué ha dicho?

Abro los ojos sorprendida.

<<¡Carajo! ¡Me ha escuchado!>>

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