Un mes
Enzo kisngley
Estaba sentado en mi oficina, con el cuerpo pesado y la mente agotada. El reloj en la pared marcaba las 2:00 a. m., pero no había logrado levantarme del escritorio. Llevaba horas revisando informes, haciendo llamadas y resolviendo problemas que parecían interminables. El humo del cigarro ya consumido flotaba en la habitación, mientras las luces apenas iluminaban el caos de papeles y contratos frente a mí.
Lo peor de todo era el silencio. Un silencio que me carcomía por dentro, porque no sabía nada de ella: Denisse, el amor de mi vida.
Me había pasado todo el día sin recibir una llamada, un mensaje, una señal de que estaba bien. El vacío de su ausencia me tensaba los hombros y me hundía más en la silla. Todo se sentía fuera de lugar sin escuchar su voz.
De repente, el teléfono sobre el escritorio vibró, rompiendo el silencio sepulcral. Di un salto, con el corazón golpeándome fuerte. Agarré el aparato con rapidez y miré la pantalla.
Era ella.
-Denisse -murmuré apenas, sintiendo cómo todo mi estrés se transformaba en un nudo en el pecho.
Contesté al instante y, apenas acerqué el teléfono a mi oído, un gemido me paralizó.
-¿Denisse, amor? -dije, sintiendo cómo mi cuerpo reaccionaba al sonido de su voz.
-Ah... ah... Enzo... -murmuró, soltando un gemido. De fondo se oía un chapoteo, y ya me imaginaba lo que estaba pasando.
-¿Qué haces? -pregunté con ansiedad, mientras mi mano se movía lentamente arriba y abajo sobre mis pantalones.
Podía oír el sonido de sus dedos entrando y saliendo de su hermoso coño. La imaginé desnuda en nuestra cama, sus pechos suaves y redondos sobresaliendo, y sus piernas largas y brillantes, mojadas por la excitación.
-Estoy pensando en ti, bebé -dijo Denisse con un tono suave y seductor-. Estoy imaginándote aquí, conmigo. Tu boca sobre mi piel, tus manos explorándome...
Sus palabras hicieron que mi cuerpo se tensara y que el deseo ardiera en mis entrañas.
-¿Qué más estás haciendo, dulzura? -pregunté, temblando de anticipación.
-Estoy en nuestra cama con tu abrigo rojo, el que tiene tu perfume. No llevo bragas y tengo las piernas abiertas frente al espejo -jadeó, acelerando el ritmo de su respiración-. Mi mano está muy, muy profunda en mi pequeño coño...
Metí mi mano en los pantalones, agarrando mi dureza, y me moví más rápido, dejándome llevar por el momento.
Unos golpes fuertes resonaron en la puerta, rompiendo la tranquilidad del momento. Con un suspiro pesado, dirigí mi voz hacia Denisse.
-Denisse, cariño, tengo que irme. Parece que alguien está causando problemas -dije con intensidad. Antes de colgar, añadí con una sonrisa cargada de promesas-: Cuando regrese, tú y yo terminaremos lo que empezamos, amor.
-Adelante -gruñí con irritación por la interrupción.
La puerta se abrió y entró mi padre, furioso, como una tormenta desatada. Lo ignoré, desviando la mirada con frustración, pero él no se detuvo y avanzó hasta plantarse frente a mi escritorio.
Mi padre comenzó a hablar con un tono áspero y lleno de reproche.
-¿Hasta cuándo, Enzo? Estás completamente distraído en la oficina, y todo por culpa de esa mujer. ¡Desde que apareció, has perdido el enfoque!
Me enderecé en mi silla, fulminándolo con la mirada.
-Ten cuidado con lo que dices, padre -respondí con voz firme, pero cargada de una amenaza implícita-. Denisse no es "esa mujer", es mi mujer, mi vida. Si crees que algo está por encima de ella, estás equivocado. Todo lo que hago, lo hago por ella.
Mi voz se volvió más intensa, dejando clara mi postura.
-Es mía, y nadie se atreverá a cuestionar lo que significa para mí. Denisse es mi prioridad, mi mundo, y si tengo que elegir entre ella y todo lo demás, no dudes ni un segundo en cuál será mi elección.
Mi padre golpeó el escritorio con furia, su voz retumbando por toda la oficina.
-¡Eres un fracaso, Enzo! Esa mujer te tiene tan cegado que no ves cómo estás destruyendo todo lo que construimos. ¡Si sigues así, no quedará nada!
Cada palabra era como un puñal, pero en lugar de hacerme retroceder, encendieron algo dentro de mí. Una oscuridad que nunca antes había sentido comenzó a subir a la superficie. Mi cuerpo estaba tenso, pero mi rostro permaneció inexpresivo mientras lo miraba fijamente.
Me levanté lentamente, cada movimiento cargado de una amenaza silenciosa, y hablé con una voz tan baja y gélida que hizo que el aire en la habitación se volviera pesado.
-Cállate. -El silencio se hizo, pero no le di tiempo de responder-. Te lo voy a decir una sola vez, así que escucha bien. Denisse no es solo mi mujer, es mi todo. Si crees que puedes atacarla y salir ileso, estás más viejo y más débil de lo que pensaba.
Me incliné ligeramente hacia él, mi mirada atravesándolo como una hoja afilada.
-Si vuelves a mencionarla de esa forma, no me importará tu apellido ni el hecho de que seas mi padre. Haré que te arrepientas de cruzar esa línea conmigo. Así que mide tus palabras... porque no tendrás una segunda advertencia.
Su rostro palideció, pero yo me mantuve firme, dejando que el peso de mis palabras cayera sobre él como una sentencia.
Con una sonrisa helada y cargada de burla, se acercó lentamente, sus pasos resonando en la habitación.
-Dime una cosa, Enzo -dijo, con un tono cargado de sarcasmo mientras me miraba con desprecio-. Si tu "mujer" decide tirarse de un barranco, ¿también vas a saltar detrás de ella?
Mi respuesta fue inmediata, firme, y cargada de orgullo.
-Si mi mujer se tira de un barranco, claro que voy y me tiro con ella. -Lo miré con intensidad-. No vaya a ser que un hombre la esté esperando abajo.
Un silencio se extendió en la habitación, y finalmente, mi padre rompió a reír.
-¡Eso es, carajo! -exclamó entre risas, dándome una palmada en el hombro-. ¡Eres testarudo, terco y un idiota por amor, igual que yo!
Con esas palabras, todo pareció cambiar, aunque solo fuera un poco.
Nota:
Les aviso desde ahorita que, desde adelante, los capítulos están por meses hasta que lleguemos al evento importante, ok 🗣️.
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Ardiente Deseo
RomanceArdiente Deseo cuenta la historia de Enzo kisngley, un jefe de la mafia que, obligado a mantenerse bajo perfil, se infiltra en una universidad haciéndose pasar por profesor durante una semana. Para él, se trata de una medida temporal, solo una estra...
