Capitulo 34

305 20 0
                                        

Una semana después

Denisse Fizgerald

Enzo me toma firmemente de las caderas y, en un movimiento rápido, me sienta sobre la encimera. Un leve jadeo escapa de mis labios al sentir el frío del mármol contra mi piel. Sin apartar su mirada de la mía, se posiciona entre mis piernas, acercándose con una intensidad que acelera mi pulso.

Sus manos recorren mis muslos con una mezcla de ternura y posesión, haciéndome estremecer bajo su toque. Su respiración cálida contrasta con el frío de la encimera, enviando una corriente eléctrica por mi cuerpo. Enzo se inclina, sus labios rozando los míos en un contacto casi imperceptible, mientras sus dedos se detienen en mi cintura, como si me reclamara sin palabras.

—No sabes cuánto he esperado este momento —murmura contra mi piel, su voz ronca llena de deseo.

Mis manos se aferran a sus hombros, buscando estabilidad mientras mi corazón late con fuerza desbocada. La tensión en el aire se vuelve casi palpable, y el mundo exterior desaparece, dejando solo el latido de nuestros cuerpos, sincronizados en un compás que nos pertenece solo a nosotros.

Sus palabras no terminan de desaparecer cuando sus labios capturan los míos en un beso que me roba el aliento. Es intenso, lleno de pasión y necesidad, como si el tiempo se detuviera para nosotros. Mis manos suben por su cuello, enredándose en su cabello mientras él profundiza el beso, inclinándome hacia él con una fuerza que me hace temblar.

Su lengua roza la mía en un baile cargado de deseo, explorándome, poseyéndome. Un suave gemido se escapa de mis labios, y él lo recibe con una sonrisa contra mi boca, como si supiera exactamente el efecto que tiene sobre mí. Sus manos se aferran a mi cintura, atrayéndome más hacia él, como si no quisiera dejar ni un espacio entre nosotros.

Cada beso, cada caricia, se siente como si quemara, como si ambos estuviéramos al borde de algo que no queremos detener.

Sus manos comienzan a deslizarse lentamente por mi cintura, explorando cada curva con una mezcla de delicadeza y determinación. Sin romper el beso, sus dedos se aventuran debajo de mi blusa, acariciando mi piel con una calidez que hace que mi respiración se vuelva errática.

—Eres perfecta —susurra contra mis labios, con una intensidad que hace que mi corazón lata aún más fuerte.

Sus caricias suben poco a poco, encendiendo cada centímetro de mi cuerpo. Me arqueo ligeramente hacia él, dejando escapar un jadeo cuando sus manos encuentran mi punto más vulnerable, deteniéndose justo antes de cruzar esa línea, como si quisiera saborear cada segundo de mi rendición.

—¿Quieres que continúe? —pregunta con voz ronca, su mirada clavada en la mía, buscando una respuesta que ya conoce pero que quiere oír de mis labios.

Mi mente está nublada, incapaz de articular palabra, así que lo único que logro hacer es asentir, entregándome completamente al momento y a él.

Cierro los ojos, perdiéndome en el placer que me envuelve, cuando de repente, una voz familiar y firme corta el aire como un cuchillo:

—Denisse... ¿qué diablos está pasando aquí?

Mis ojos se abren de golpe, aterrados, y mi corazón se detiene al ver a papá parado en el umbral de la cocina, su rostro una mezcla de incredulidad y furia. No. Esto no puede estar pasando.

—¡Papá! —mi voz sale rota, apenas un susurro.

El pánico me golpea como un trueno, arrancándome de cualquier pensamiento coherente. Empujo a Enzo con una fuerza que no sabía que tenía y corro hacia el baño, mi corazón martilleando en mi pecho como si fuera a estallar. La vergüenza y el miedo se entrelazan, convirtiéndose en un nudo insoportable en mi garganta

Ardiente Deseo Donde viven las historias. Descúbrelo ahora