Ardiente Deseo cuenta la historia de Enzo kisngley, un jefe de la mafia que, obligado a mantenerse bajo perfil, se infiltra en una universidad haciéndose pasar por profesor durante una semana. Para él, se trata de una medida temporal, solo una estra...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Denisse Fizgerald
Entro a la mansión y me sorprende la oscuridad con la que me encuentro, está todo desolado.
No hay nadie en casa, parece que no ha estado nadie por aquí por un tiempo. No le doy importancia, tengo más cosas que hacer. Pienso vengarme de todos uno por uno, ya tengo los recursos y el entrenamiento adecuado para terminar con todos, no descansaré hasta terminar con todos.
Saco mi teléfono para llamarlo a él, necesito su ayuda además me debe varios favores.
Le marco y me pongo el teléfono al oído...contesta de una vez.
*Oh mia regina#siento un escalofrío al escuchar la ronca voz del italiano- ¿Come stai mia regina?
—Oh reina mía, sabía que muy pronto cobrarías tu venganza, está en tu sangre. ¿Quiénes son? —su voz cambia a una más dura.
—Son los Lombardi.
—Ven al almacén a las 2:00 p.m.
—Okey y Igor, gracias por tu apoyo—agradezco.
_No agradezcas nada, linda. Sabes que te queremos y que estaremos aquí para apoyarte. Ah, y Yelena te manda saludos—afirma.
—Dile a Yelena que también le mando saludos, los extraño.
—Y nosotros a ti, Celeste.
—Bueno, me tengo que ir. Tengo algunas cosas que resolver, nos vemos más tarde, Igor.
—Addio mia regina, a più tardi.
—Ciao—respondo cerrando la llamada.
Salgo de la casa cerrando la puerta y entro al auto. Arranco a toda velocidad hacia la casa de Greyce. Le había avisado a los chicos que se juntaran en la casa de Greyce.
Al llegar a la casa de Greyce, estaciono frente a su casa y salgo del auto cerrando con seguro. Camino hacia la entrada y toco la puerta, espero varios minutos hasta que abren la puerta.
—Hol... —no termino de decir la palabra cuando soy ahogada por Greyce con un gran abrazo. Siento como comienza a sollozar, la abrazo fuertemente contra mi pecho.
—¡Dónde estabas, estaba tan preocupada! ¡Maldita estúpida, nunca más vuelvas a desaparecer así! Me tenías tan preocupada —reclama.
—Greyce, entremos, por favor. Tengo tantas cosas que contarles—ella asiente, alejándose y dejándome pasar. Al entrar, veo que todos ya están aquí. Paso a la sala, parándome frente a todos, y Greyce pasa por mi lado sentándose.
Suelto un largo suspiro y me cruzo de brazos.
—Agradezco que todos estén aquí, de verdad sé que tienen muchas dudas que por ahora no podré aclarar, pero tengo varios inconvenientes que resolver yo sola. Sé que tengo su apoyo, pero de verdad esto es algo que necesito hacer yo sola.