Capítulo 18

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Denisse Fizgerald

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Denisse Fizgerald

Primer mes

—Vamos, luciérnaga, levántate.

Me levanté del suelo y moví mi cuerpo para recuperar el equilibrio. Miré fijamente a mi padre.

—Soy mejor de lo que piensas —le dije con fuerza—. ¿Quieres echar un vistazo a mis habilidades?

Mi padre arqueó una ceja. No sabía si me estaba tomando en serio.

—¿Estás segura de querer ir por ese camino?

Me quedé en silencio por un momento y respiré profundamente. Miré a mi padre fijamente y me preparé para defender mi postura.

—Sí —dije.

Mi padre movió su cabeza lentamente de un lado a otro y su mirada se volvió fría y calculadora.

—Luciérnaga —me dijo—. Te enfrentarás contra mí.

Mi corazón latía fuerte y el sudor comenzó a correr por mi espalda. Mis manos se volvieron nerviosas, moviéndose constantemente como si tuvieran vida propia.

Mi padre asumió su posición de combate y yo hice lo mismo.

—¿Estás lista? —preguntó él.

—Sí —dije, mi voz fuerte y segura.

El combate comenzó con un estallido de energía. Giramos, nos deslizamos y bloqueamos a nuestro enemigo.

Mis brazos se movieron con rapidez y energía, golpeando fuerte y rápido. Mi padre también era rápido y fuerte.

—¡Fuera! —grité, golpeándolo con toda mi fuerza.

La lucha se volvió más rápida, más intensa. Cada golpe que lanzaba yo era contestado por uno de mi padre.

Nos enfrentamos mutuamente, intentando ganar el combate. La adrenalina corría por mis venas y sentía que mi corazón iba a explotar. No permitiría que me derrotara.

Traté de encontrar un agujero en la defensa de mi padre, pero él era muy habilidoso. Cada vez que pensaba que lo tenía, él se deslizaba hacia un lado o bloqueaba mi golpe.

La lucha continuó, tan intensa y emocionante que sentí que mi corazón iba a explotar.

—Vamos, Denisse —ordenó—. Quiero que me ganes.

Me moví hacia la derecha, intentando encontrar una abertura. Pero mi padre estaba allí.

—¿Es todo lo que tienes? —se burló.

Grité con ira y salté contra él. Le golpeé en el estómago y, para mi sorpresa, el golpe lo desequilibró por un instante.

Mis brazos y piernas empezaron a trabajar en overdrive. Golpeé, tambaleé y tropecé a mi padre. Mis latidos sonaban tan fuertes en mis oídos que pensé que mi corazón iba a explotar.

Ardiente Deseo Donde viven las historias. Descúbrelo ahora