Capítulo 24

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Aviso, pongan la canción "Rosa marchitada" por favor, para que el diálogo tenga sentido. ¡Por fin llegó el maldito momento que todos estamos esperando 🫦! Sin más que decir, ya pueden leer mis niñes

Denisse Fizgerald

Siento las vendas ser quitadas de mis ojos y me muevo rápidamente intentando protegerme, quedando paralizada con lo que veo frente a mí.

Es... Es Sara. Está amarrada a una silla, calva, desnutrida, con moretones por todas partes y una marca de mordedura en el cuello. Parece un puto cadáver y para completar el espectáculo tiene un gran moño rosa en la cabeza.

<<Esto es una maldita obra de arte.>>

Me acerco a ella lentamente y la voy analizando. Me paro frente a ella, parece estar desmayada. Miro hacia arriba con curiosidad y veo un gran cartel que dice "feliz cumpleaños Denisse". Sonrío irónica y me doy la vuelta, y ahí está él, Enzo, sonriendo mientras me mira expectante.

-¿Dime, dulzura, qué te pareció la sorpresa? -pregunta acercándose hacia mí.

-Lo admito, me impresionó ¡y me encanta! -grito emocionada.

-Dime, ¿qué esperas para utilizar tu nuevo juguete, dulzura? -cuestiona.

Enzo me mira con una mirada feroz y yo me acerco a Sara.

-Siempre me di cuenta de lo mucho que odias a tu mamá -dice Enzo, acariciando mi mejilla con sus dedos.

-Y lo hago -digo, mirando a Sara-. ¡Y prometí que la mataría con mis propias manos!

-¿Y qué esperas?

Enzo me da unas tijeras y se detiene frente a Sara.

-Haz lo que quieras con ella, después de todo es tu madre, ella te dio la vida y tú acabarás con la de ella, dulzura, y estoy loco por ver eso -me dice alejándose. Veo cómo se sienta en una silla expectante a lo que haré.

Suelto un suspiro de satisfacción y me volteo hacia Sara. Sonrío y le suelto una cachetada que resuena por todo el sótano.

-¡¿Dónde estoy?! -pregunta Sara, mirando hacia todos lados.

-Estás en el infierno -digo, mientras le doy otra cachetada.

Sara parece asustada y se retuerce en su silla, intentando soltarse.

-Tú, tu maldita ¡bastarda! -grita mientras tiembla en la silla-Pensé que iba a poder morir sin ver tu estúpida cara.

-Ay, qué mal, mami. ¿Sabes qué? Me importa un carajo lo que quieras o no.

-Vamos a hacer esto rápido.

Agarro las tijeras en mis manos con fuerza y de una sola estocada se las clavo en el ojo a Sara.

Sara grita y se retuerce en su silla, mientras la sangre brota de su ojo.

-¡Te lo advertí, Sara! -le digo, sonriendo-. ¡Te advertí que te iba a matar, hija de puta, te lo dije!

Veo el pecho de Sara cubierto de sangre y me inclino sobre ella para marcar mi nombre con el filo de las tijeras.

-¡Denisse! -digo, marcando mi nombre en su pecho-. ¡¿Yo oye madre?! ¡Este es mi nombre y jamás olvidarás lo que me has hecho!

Sara se limita a balbucear algo, mientras su sangre se desparrama por la silla.

Mis manos comienzan a temblar y mis ojos se llenan de lágrimas.

-Mamá, ¿por qué vendiste mi alma? ¡Todo mi cuerpo han tocado! Te llevaste todo, no dejaste nada, nada de esta niña. Ya no hay nada... -grito sintiendo las lágrimas bajar por mis mejillas.

Ardiente Deseo Donde viven las historias. Descúbrelo ahora