Ardiente Deseo cuenta la historia de Enzo kisngley, un jefe de la mafia que, obligado a mantenerse bajo perfil, se infiltra en una universidad haciéndose pasar por profesor durante una semana. Para él, se trata de una medida temporal, solo una estra...
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Cinco meses después.
¡Hora de la acción!
Enzo Kingsley
Cinco meses habían pasado desde que me infiltré en la universidad CWUR. En esos cinco meses pasaron muchas cosas, yo siendo un profesor de quinta dándole clases a unos mocosos inadaptados. ¿Es que pensé queriéndome infiltrar en una universidad de quinta? Si mi padre se enterase, se estaría burlando de mí por años, pienso negando con la cabeza. El boss de la mafia alemana siendo profesor, ¡ja! ¿Qué estupidez hice?
Pero lo más importante fue que conocí a Denisse Fitzgerald. Es una chica pequeña y baja con el pelo rubio y los ojos azules claros como el cielo, su piel pálida y suelta. Y sus facciones son delicadas y angélicas. A pesar de su apariencia dulce e inocente, sé que tiene un espíritu combativo y una voluntad fuerte que la hace capaz de enfrentarse a cualquier situación.
Pero sé que algo oculta, lo sé, algo la atormenta: sus ojeras, su mirada vacía y cómo trata de aparentar cuando sus amigos se le acercan, esa sonrisa fingida que da a todos, pero a mí no me convence. No soy un estúpido y muy pronto sabré qué es.
Hoy daré el paso. Alexander se quiso pasar de listo atacando uno de mis territorios. Ya me vale mierda estar de infiltrado, ya dejémonos de juegos, ya suficiente me han jodido los huevos, para andar de profesor de quinta, me quiero divertir un poco.
Ahora estoy en un avión, tuve que viajar este fin de semana por algunos inconvenientes con algunos negocios, pero ahora voy de camino a Hamburgo para dar el siguiente paso. Estoy sentado junto a un tipo que está leyendo un periódico, pero el titular llama mucho mi atención. Ahí está mi nombre, pero los ridículos escribieron mal mi nombre, Endo Kingsley.
Señalo el titular donde está mi nombre y abajo dice "mafioso".
—Oye, esos ineptos escribieron mal mi nombre—menciono irritado.
El tipo pasa algunas páginas y señala otro titular sobre un mafioso diferente.
—No te preocupes, aquí también escribieron mal mi nombre—dice sonriendo.
—Aviso a pasajeros: favor de ponerse el cinturón de seguridad, ya vamos a aterrizar—avisa la azafata. Hago caso y me pongo el cinturón de seguridad.
Los grandes motores del avión comienzan a enfriarse conforme empezamos nuestra lenta aproximación al aeropuerto de Hamburgo. Mi mirada se pierde entre los edificios bajos, pensando en mi próximo movimiento. En mi mente revolotean unas palabras de mi padre: "No olvides siempre observar, escuchar y pensar tres veces antes de actuar".
Mi mano derecha Derek me espera en el aeropuerto y juntos paramos en el salón VIP para unas copas y una cena rápida. Mientras disfrutamos de nuestra cena, le cuento mi último plan. Derek, de rostro moreno y cuidadosamente afeitado, solo asiente con la cabeza.