Enzo kisngley
Tres días después
Llegué tarde, como siempre. El día había sido largo y pesado, con más problemas de los que quería manejar. Los asuntos de la mafia nunca dejaban de rondarme, pero al menos, cuando llegaba a casa, sabía que encontraría algo que me daría paz. Sin embargo, hoy todo parecía diferente. Al abrir la puerta, la luz estaba apagada, un silencio extraño envolvía la casa. Me sentí desconcertado, buscando alguna señal de Denisse.
Pero entonces lo vi. Un rastro de velas encendidas, sus luces tenues y cálidas iluminaban el camino en el suelo, como si me estuvieran guiando hacia algo. Los pétalos de rosa esparcidos a lo largo del pasillo daban un aire romántico y casi mágico. La curiosidad me invadió mientras seguía el sendero, subiendo las escaleras con pasos lentos, disfrutando de cada aroma, de cada detalle. Mis manos ya no sentían el peso de los problemas; algo en el aire había cambiado.
Cuando llegué a nuestra habitación, la puerta estaba entreabierta. Al abrirla, allí estaba ella, en todo su esplendor. Denisse. Su figura iluminada por la suave luz de las velas, su vestido pastel, pegado a su cuerpo, realzaba cada curva, mientras una coleta delicada adornaba su cabello, que caía con gracia. Estaba tan hermosa que por un momento me quedé sin palabras, solo mirándola, como si estuviera soñando.
-Sorpresa-dijo, su voz suave, llena de una ternura que me hizo sonreír sin poder evitarlo.
Me acerqué, aún un poco perdido en la belleza de lo que veía, y ella me tomó del brazo, guiandome hacia la cama. Sobre la colcha, había un paquete envuelto con un lazo azul brillante. El corazón me dio un vuelco. ¿Qué era todo esto? ¿Qué me estaba preparando?
Ella se sentó a mi lado y, sin dejar de mirarme, me animó a abrir el regalo. Lo hice lentamente, casi sin atreverme a creer lo que estaba viendo. Cuando quité el lazo y deshice el envoltorio, mis ojos se llenaron de sorpresa al ver los exámenes de sangre, unas medias de bebé azul y un pequeño mameluco rosa. Todo parecía tan... real. Pero lo que más me impactó fue la carta que venía dentro. Con una letra delicada, en rosa y azul, las palabras que decía me dejaron sin aliento:
"¿Seremos papás?"
La emoción me invadió por completo. ¿De verdad? Mi corazón latió fuerte en mi pecho. Miré a Denisse, buscando alguna confirmación, buscando en sus ojos lo que esas palabras querían decir.
Me quedé en silencio, incapaz de reaccionar. Entonces, la vi llorando, su mirada llena de amor, pero también de miedo.
-Amor, ¿de verdad no me estás mintiendo?- pregunté, mi voz temblando, casi quebrada. Necesitaba escuchar la respuesta de ella, necesitaba saber que esto no era un sueño.
Denisse asintió lentamente, dejando que las lágrimas corrieran por sus mejillas.
-No, Enzo... es real. Vamos a ser papás.
No pude contenerme. El sentimiento me desbordó. Mi corazón parecía estar a punto de estallar de felicidad. La abracé con fuerza, sin decir palabra alguna, solo dejándome llevar por el momento. Y entonces, no lo pude evitar más. La levanté en el aire, girando con ella, como si quisiéramos volar juntos. Sus risas y sus lágrimas llenaban la habitación, y todo parecía brillar con una luz nueva, como si el mundo hubiera cambiado para siempre en ese instante.
Me detuve, aún abrazándola, y la miré a los ojos.
-Te amo tanto-susurré, sintiendo cómo todo mi ser se derretía por ella y por lo que acabábamos de descubrir juntos.
La habitación estaba impregnada con la suavidad de las velas, la luz cálida y vacilante reflejaba sobre las paredes, creando sombras suaves que hacían que todo se sintiera aún más cercano, más nuestro. Denisse cerró sus piernas alrededor de mi cintura, acercándose a mí, y juntos nos dejamos caer suavemente sobre el mueble, la tela del sofá se acurrucó bajo nosotros. Yo la sostenía firmemente, mis manos abrazando su cintura, mientras ella se acomodaba a mi lado, como si fuéramos uno solo.
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Ardiente Deseo
RomanceArdiente Deseo cuenta la historia de Enzo kisngley, un jefe de la mafia que, obligado a mantenerse bajo perfil, se infiltra en una universidad haciéndose pasar por profesor durante una semana. Para él, se trata de una medida temporal, solo una estra...
