Denisse Fitzgerald
Mes después
El coche se detiene frente a la casa de mi papá. El aire está fresco, pero me siento un poco cansada, como si el embarazo me hubiera robado toda la energía. El calor que siento en el cuerpo me hace querer quedarme en casa todo el día, pero sé que este día con mi papá es importante.
Enzo se detiene, y me mira con una sonrisa suave, como si supiera lo que estoy pensando. Yo, sin embargo, solo puedo pensar en lo cansada que me siento y en lo mucho que me apetece quedarme dormida.
— ¿Estás segura de que vas a estar bien, mi amor? —me pregunta, con voz suave, mirando hacia mí con preocupación.
— Sí... solo estoy un poco cansada, —respondo, poniendo los ojos en blanco mientras me acomodo mejor en el asiento. — Pero quiero pasar tiempo con papá.
Él sonríe, pero no puedo evitar ver en su mirada una mezcla de cariño y preocupación. Me inclino hacia él y, sin decir nada, lo beso en la mejilla con suavidad, como para tranquilizarlo.
— Te amo, —le susurro, tomando su mano.
Enzo responde con una sonrisa cálida y me besa en la frente, con ternura.
— Te voy a extrañar, —me dice en voz baja.
— Yo también, —respondo, mi voz un poco más baja por el cansancio. — Pero no te preocupes, papá me va a consentir un poco.
Me deja salir del coche con una mirada de cariño y, antes de que me aleje, me agarra suavemente por la muñeca.
— Cuídate mucho, ¿vale? —me dice, y yo asiento, sonriendo.
Le doy un último beso, esta vez en los labios, y me bajo del coche. Enzo se queda allí, observándome, hasta que el coche arranca y se va por la calle.
Me siento un poco cansada, pero también feliz de pasar el día con mi papá. Camino hacia la puerta de la casa, y antes de entrar, me detengo un momento para mirar hacia el coche de Enzo. Mi corazón late un poco más rápido al pensar en él, pero rápidamente regreso a la realidad.
Con un suspiro de alivio, entro en la casa de mi papá, lista para disfrutar del día, aunque un poco agotada.
Al entrar a la mansión, los sirvientes me saludan con una sonrisa, pero apenas respondo. Estoy agotada, con el cuerpo pesado y los ojos a punto de cerrarse.
— Papá, —digo suavemente al entrar al salón, y mi papá aparece de inmediato, como siempre, con esa sonrisa cálida que me hace sentir como si nada pudiera ir mal.
— Hija, qué gusto verte, —dice mientras me abraza fuerte. No puedo evitar sentirme un poco más tranquila. Él siempre sabe cómo hacerme sentir mejor.
— Papá, estoy cansada... —susurro mientras me dejo caer en el sillón. — Solo quiero dormir un poco...
Él asiente con comprensión, no me pregunta nada más y va directamente a prepararme un pequeño espacio para descansar. Puedo oírlo dándole instrucciones a los sirvientes para que me dejen en paz y me lleven todo lo que pueda necesitar.
— Relájate, hija, yo me encargaré de todo, —me dice mientras coloca una manta sobre mis piernas.
Me acomodo, dejando que el sueño me arrastre lentamente. Estoy tan agotada que no me importa nada más en este momento.
Unos minutos después, mi papá regresa, esta vez con una bolsa en las manos.
— Tengo algo para ti, —me dice, con una sonrisa cómplice.
ESTÁS LEYENDO
Ardiente Deseo
RomanceArdiente Deseo cuenta la historia de Enzo kisngley, un jefe de la mafia que, obligado a mantenerse bajo perfil, se infiltra en una universidad haciéndose pasar por profesor durante una semana. Para él, se trata de una medida temporal, solo una estra...
