Capitulo 42

293 14 0
                                        

Denisse Fizgerald

El dolor fue lo primero que sentí. Un ardor en todo mi cuerpo, como si me hubieran rasgado por dentro. Los músculos tensos, rígidos, como si alguien hubiera jugado a romperme sin piedad. Mi boca estaba seca, mi respiración entrecortada, y el corazón... el maldito corazón latía como un tambor, pesado, incontrolable, como si me estuviera arrastrando hacia una oscuridad que no entendía.

Desperté, pero no supe si realmente estaba despierta. No sabía si esto era real o una maldita broma de mi mente. Pero el dolor era real. El frío del suelo contra mi piel era real. Las cuerdas apretadas alrededor de mis muñecas, clavándose en mi carne, eran reales.

La oscuridad me envolvía como una manta asfixiante, me hacía perderme en mi propia mente, donde las voces se mezclaban, y el sonido de mis propios latidos retumbaba como una maldición. Quería gritar, pero el aire me faltaba, como si alguien me hubiera sellado la boca. ¿Por qué no podía moverse? ¿Por qué estaba atrapada en este infierno? ¿Por qué...?

De pronto, como un relámpago, una imagen atravesó mi mente. Enzo. Su rostro, su sonrisa, su promesa de que todo estaría bien, todo lo que dijo antes de... antes de todo esto.

¿Era una mentira? ¿Me había mentido? ¿O tal vez esto era su forma de protegerme, arrastrándome al abismo para salvarme de algo peor? No lo sabía, no podía saberlo, porque todo lo que creía conocer, todo lo que pensaba saber, se desmoronaba ante mis ojos.

Mis ojos se abrieron, pero la visión era borrosa, la luz tenue como una película sucia que nunca debería haber sido proyectada. Miré alrededor, intentando forzar mis ojos a ver, pero las sombras no ofrecían respuestas, solo más preguntas. Y en el fondo, el eco de una voz susurró en mi mente, "Todo lo que has vivido... todo lo que creías saber... no era más que una mentira."

No entendía nada. ¿Cómo? ¿Cómo había llegado aquí? ¿Cómo estaba sola? ¿Qué estaba pasando?

Los recuerdos empezaron a amontonarse, pero no de la forma que esperas. Eran piezas rotas, escombros de un rompecabezas que ya ni siquiera podía reconocer. Lo último que recordaba claramente era la risa de Enzo, y la sensación de estar segura, confiada, pero esa sensación ya no era más que un eco vacío.

Una risa en la oscuridad. Un sonido seco y cruel. Como si alguien estuviera disfrutando de mi sufrimiento. Mi respiración se aceleró, mis pensamientos se distorsionaron. ¿Era un sueño? No. No podía ser un sueño. No podía ser. Mi cuerpo me decía lo contrario, me decía que este sufrimiento era real. El agotamiento, el terror, las huellas de lo que habían hecho conmigo.

Intenté moverme, pero el dolor en mis muñecas me detuvo. No podía. No podía moverme. Estaba atada, y aunque lo intentara, mi cuerpo respondía con agonía. No era una pesadilla. No había una salida fácil. No había un escape.

Y entonces, todo lo que había vivido, todo lo que había sentido, las conversaciones con Enzo, las caricias, las promesas, se convirtieron en una burla. Todo fue una farsa. Todo lo que había creído, todo lo que había luchado por entender, se esfumó como humo, dejándome sola, vacía y rota.

"No sabes nada, Denisse. Ni siquiera sabes por qué estás aquí."

La voz, profunda y burlona, resonó en mis oídos. Mi corazón dio un vuelco, mi cuerpo se tensó, como si esperara una respuesta que nunca iba a llegar. ¿Quién era? ¿Qué estaba pasando? ¿Qué querían de mí?

Y luego, la revelación cruel. La verdad destilada, fría como el acero, me atravesó con una fuerza imparable.

“Estás reviviendo los días previos a tu secuestro, Denisse.”

Ardiente Deseo Donde viven las historias. Descúbrelo ahora