Ardiente Deseo cuenta la historia de Enzo kisngley, un jefe de la mafia que, obligado a mantenerse bajo perfil, se infiltra en una universidad haciéndose pasar por profesor durante una semana. Para él, se trata de una medida temporal, solo una estra...
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Denisse Fizgerald
Bailar es mi refugio, mi felicidad, mi lugar seguro. Puedo olvidar todos mis problemas mientras mi cuerpo se mueve en armonía con la música. Hoy bailo en mi sala de práctica, rodeado por un viejo pero hermoso piano de cola, una gruesa alfombra de terciopelo rojo y un espejo curvo que recoge mi reflejo.
<<Aunque no lo admita, me encanta bailar ballet, pero mamá me hizo odiarlo de pequeña. Me propuso bailar ballet y acepté feliz sin saber lo que pasaría.>>
Soy la mejor bailarina de ballet de la academia y aunque de pequeña no fue mi sueño, usaré eso como un arma mortal.
Lentamente, hago una trenza que cuelga sobre mi hombro izquierdo, mi pelo rubio cae sobre mi espalda, escapando de la elegante pero desesperada trenza. Después de ponerme mi túnico blanco, un regalo de papá, tan puro como la nieve, tan delicado que se rasga a la menor tensión.
En la sala de baile, pongo los pies en posición, mis pies fuertes y adiestrados, preparados para las ejecuciones precisas y hermosas. Después de comenzar a bailar con música tranquila, dejo que mis pensamientos más oscuros se dispersen como la niebla.
La música y yo estamos unidos, mi cuerpo se mueve en ritmo con la música, dando vida a la música con mi movimiento y yo me siento viva con la música. ¡Oh, cómo odio esto y a la vez lo amo! Esta es la forma en que me expreso.
Siento como mis movimientos comienzan a tornarse violentos, como si estuviera peleando con el aire en vez de bailar con él. Mis pasos se vuelven rápidos y torpes y mis movimientos pierden su gracia y su belleza.
Las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas. ¿Por qué tiene que ser tan difícil? ¿Por qué Smith tiene que haberse interpuesto en mi camino y destruido mi vida? ¿Si tanto decía mamá amarme por qué cambió y me vendió? Mi mente está llena de rabia, pero no puedo sacarla de mi cuerpo con mis movimientos.
Finalmente, me rindo a los recuerdos, mi cuerpo se dobla hacia delante y caigo al suelo, mis pies descalzos golpeando el suave suelo, mis brazos cayendo a mis lados. La música continúa sonando, pero ya no puedo moverme. Me quedo ahí, temblando y llorando, con el corazón partido.
Pasos ruidosos y rápidos se acercan, unas manos ásperas y fuertes me tocan los hombros.
—¿Denisse? ¿Estás bien? ¿Qué te ha pasado? ¡Ay, cielos!
Sasha parece estar en pánico y sus ojos están llenos de preocupación. ¿Qué habrá hecho?
Sasha se agacha y me levanta en sus brazos fuertes y me sostiene contra su cuerpo, poniendo su rostro contra el mío.
—Shh, linda, no te preocupes. Lo siento, no debería entrar en este momento. Estás bien. Estoy aquí para ti.
De repente mi mente se ablanda, mi cuerpo se relaja, por fin puedo dejar ir y descansar. Estoy a salvo, y aunque mis recuerdos todavía me lastiman, mi corazón está calmado con la seguridad y el apoyo de Sasha.