Capítulo 19

2.4K 107 0
                                        


Fui al Gran Comedor sola, porque Theodore necesitaba prepararse para ir a Hogsmeade. Era muy tarde, así que dudaba que hubiese algo para desayunar, pero me moría de sed. Necesitaba agua.

Al entrar en la sala, me sorprendió que aún hubiese gente sentada en las mesas. Había un par de estudiantes de Ravenclaw sumergidos en una conversación (seguramente inusual, porque los estudiantes de Ravenclaw pensaban de forma distinta al resto), más de diez gryffindors riéndose (entre los que estaban el trío de oro y los gemelos, que no me vieron entrar), mi hermana en la mesa de Hufflepuff y un par de slytherins que no conocía. Decidí ir a hablar con Charlotte, ya que me daba la sensación de que estaba pasando muy poco tiempo con ella y la echaba de menos.

—Buenos días, Char —le dije, sentándome a su vera. 

Sonreí a dos de sus mejores amigas, Mila y Grace, preguntándoles cómo estaban, y le di un abrazo a la rubia.

—¡Buenos días, Isa! —me respondió, devolviéndome el abrazo con fuerza— ¿Cómo has estado?

Nos adentramos en una conversación larga, conseguí un vaso de agua para ambas y nos pusimos al día. Sus amigas se fueron porque tenían una clase optativa que Charlotte no hacía, así que se quedó conmigo. Charlotte había estado haciendo un montón de deberes, yendo con sus amigas a pasear por el castillo y yendo a hablar con Hagrid. Me contó que le había enseñado un par de criaturas nuevas y que el guardabosques le dijo que yo tenía que acercarme a saludarlo y conocer a un Bowtruckle. Yo le conté un poco de la fiesta y de la salida que haríamos hoy al pueblo. Se puso muy contenta y me pidió que le trajera algo de recuerdo.

De repente, como ya se había empezado a llenar el Gran Comedor debido a que pronto sería la hora de comer, noté que muchas miradas se posaban tanto en Charlotte como en mí. Ella también se dio cuenta. Acababan de pasar volando varias lechuzas, repartiendo correo y, encima de nosotras, Hera dejó una carta con un sobre verde oscuro que papá usaba siempre. Lo guardé en un bolso que había cogido y observé a la gente a nuestro alrededor, extrañada.

—¿Por qué nos mira todo el mundo?

Yo murmuré un "no lo sé" y fruncí el ceño. Me fijé en que mucha gente llevaba el periódico El Profeta en las manos, así que me acerqué a alguien que parecía reírse de nosotras y se lo quité de las manos.

—¡Eh! ¿Es que eres igual de mala que tu familia? —se quejó el estudiante, un chico de Ravenclaw que no conocía. 

Lo ignoré completamente y volví con mi hermana, sentándome a su lado.

Al ver la portada, me quedé en shock. Parecía que el mundo se hubiese puesto en pausa y que mi corazón se fuese a salir del pecho, pero no en el buen sentido. Notaba como mis pulsaciones se aceleraban y como se me hacía más complicado respirar. Miré a Charlotte, que también estaba impactada.

En vez de quedarme allí, agarré la mano de mi hermana, llevándome conmigo el periódico.

—Vamos, Char.

Fuimos caminando por los pasillos, que en ese momento parecían interminables, yendo hacia los exteriores del castillo. Necesitaba que nos diera el aire y también poder refugiarnos de las miradas, así que nos dirigimos a la cabaña de Hagrid, que estaba rodeada por un sin fin de calabazas. Iba siguiendo a mi hermana, quien me había soltado la mano para picar a la puerta de la construcción.

—¡Charlotte, Isabella! ¿Qué os trae por aquí? —nos preguntó él, con una sonrisa. 

Al observarnos bien y ver nuestra expresión, se quedó confundido y preocupado.

Rosier - Theodore NottDonde viven las historias. Descúbrelo ahora