—¿Una fiesta? —me preguntó el castaño, con las cejas levantadas y sus ojos llenos de interés—. Estamos a jueves, Isa. El calendario es algo que conocen los italianos, ¿no? ¿El que usamos no lo inventó Julio César?
—Sí, más o menos. Sosígenes de Alejandría adaptó el calendario lunar romano al ciclo del Sol, pero sí que se lo pidió César. Hizo él los cálculos. ¿Cómo es que lo sabías, Matheo? —contesté yo, con una sonrisa divertida.
—¿Por quién me tomas, Rosier? —respondió, dejando de caminar conmigo para poder hacerse el ofendido en condiciones—. Soy un hombre lleno de valiosa sabiduría —añadió él, provocándome una gran carcajada.
—No lo dudo, Matheo —concordé, sonriendo.
Volvimos a emprender la marcha, yendo hacia la torre de Gryffindor. Ya habíamos cenado y Matheo había dicho que tenía que enseñarme una cosa en la sala común de Gryffindor relacionada con los gemelos Weasley, así que a eso íbamos. Querían involucrarnos en una broma que estaban planeando, algo sobre un nuevo invento.
—Pero sí, sabemos qué día es hoy. La fiesta sería mañana, listillo. ¿Cuándo terminan de entrenar los viernes?
—Creo que mañana no hay entreno, como excepción. Flint no se encuentra nada bien y se supone que mañana lloverá a cántaros, y no le conviene ponernos enfermos a todos —me aclaró, sonriendo.
Se notaba que les cansaban mucho en el equipo de Quidditch, cosa que me provocaba más ganas de pasar las pruebas.
—¿Te apetece de verdad hacer una fiesta? No te tomaba por una maleante, listilla.
—Quiero ver qué tal son las fiestas aquí, Riddle. En Beauxbatons, nos lo pasábamos muy bien. No solíamos hacer muchas, pero cuando era el cumpleaños de alguien de último curso, Halloween o habíamos terminado los exámenes, Alessia, Niccolò, Emma, Diego, Hugo y yo nos colábamos siempre —le conté, contenta al recordar a mis amigos—. Imagínate: italianos y españoles, los reyes de la fiesta —añadí, haciendo un gesto de esplendor con las manos—. También había suecos, pero ellos solo hablaban cuando llevaban mucho alcohol en el cuerpo.
Matheo se estaba partiendo de risa, al igual que yo al recordar a mis antiguos compañeros, pero nos sobresaltó la cantidad de gente que había enfrente de la sala común de Gryffindor. Fruncí ligeramente el ceño, curiosa. A medida que nos acercamos a la multitud, haciéndonos paso con dificultad, vimos por qué se había originado tanto revuelo.
La Señora Gorda (así se llamaba a la mujer del cuadro que custodiaba la sala común de Godric Gryffindor) había desaparecido. Por si no fuera suficiente, se podían ver unos grandes arañazos marcados en parte del cuadro. Parecían hechos por un perro.
Al darnos cuenta, Matheo y yo nos miramos. Nuestros ojos marrones estaban bien abiertos con un gran nivel de tensión y nuestras mandíbulas estaban apretadas. Sentía que estaba aplanándome mis propias muelas, así que traté de relajarme.
Más estudiantes llegaban aún, tratando de entrar a sus dormitorios, por lo que la escalera estaba abarrotada. Ya me estaba estresando.
—¡Hermione! - dije tras ver a mi amiga, en voz bastante alta, pero sin llegar a gritar.
Matheo vino conmigo mientras nos acercábamos a ella, que tenía la expresión de alguien que ha visto un muerto. Al verle la cara, me di cuenta de que estaba pensando lo mismo que nosotros: Sirius Black había conseguido entrar en el castillo sin que nadie se enterase.
Me acerqué y le di un fuerte abrazo, que me devolvió con la misma intensidad. Me alegré de verla bien.
—Isabella —respondió, con un suspiro.
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Rosier - Theodore Nott
Fiksi PenggemarEn el expreso de Hogwarts, a Isabella la corroían los nervios. Llegar nueva de Beauxbatons para empezar su tercer curso iba a llamar la atención, pero era una chica lista y tendría a su hermana con ella, además de a cierto italiano. ¡Disfruta la le...
