- Bueno, yo tengo que ir a cambiarme. En una hora en la sala común, ¿de acuerdo? - Les dije a los chicos de Slytherin, a modo de despedida. Asintieron con energía y me alegré por ello. Necesitaba quitarme la sensación de sudor de encima lo antes posible; me sentía asquerosamente sucia.
- No tardes. - Me pidió Matheo, con un gesto burlón. Entrecerré un poco los ojos y sonreí, negando con la cabeza. Él siempre llegaba tarde a todos sitios.
- ¿Ya te vas? - Me preguntó Theodore, por lo bajo, cerca de mí. Me fijé en sus preciosos ojos, en lo desordenado que tenía su sedoso pelo y en como tenía alguna gota de sudor recorriéndole la nuca lentamente.
- Sí, bello. Necesito ducharme. - Respondí, mientras me reforzaba la coleta alta que llevaba puesta y amenazaba con deshacerse. Le pasé las manos por el pelo, acariciándolo y le dije que nos veíamos en un rato.
Noté como me seguía con la mirada hasta que desaparecí de su campo de visión.
Seguí caminando, paseando con firmeza y seguridad por los exteriores del castillo. Estaba yo sola y eso me gustaba; me hacía sentir muy libre y suelta. Estar rodeada de gente todo el rato podía llegar a ser abrumador.
Decidí no seguir el camino de tierra que había para llegar hasta el castillo y opté por el interior del bosque, donde cientos de árboles tapaban la luz del día.
El tiempo era húmedo y frío, acompañado por un suave aire helado. Todas esas condiciones juntas se encargaban de hacerme sentir en el polo norte, lo que me hizo echar en falta la casa de mi abuela, donde seguro que se estaba mucho más calentito.
- ¡AH! - Gritó una voz, asustándome por completo y haciéndome chillar a mí también las mismas letras, después de haberme girado hacia donde provenía el ruido.
Ya tenía la varita preparada y me había colocado para conjurar algún hechizo en cuanto hiciera falta, pero no fue necesario. Miré al estudiante con los ojos entornados y algo de tranquilidad reflejada en ellos, para después relajar el cuerpo.
- Por Merlín. - Suspiré, bajando la mano en la que llevaba la varita. - ¿Por qué me gritas? - Le cuestioné, sintiendo como me miraba, totalmente incrédulo. Sus cejas estaban cerca de llegar al nivel de altura propio de las nubes.
- ¿Sabes el susto que me has dado, acaso? ¡Pensaba que eras Sirius Black o algo por el estilo! - Me contestó él, mientras movía la cabeza y miraba a todas partes.
- ¿Y tu mejor defensa contra un asesino que se ha escapado de Azkaban es ponerte a chillar?- Contesté, empezando a enfadarme. - No es por nada, pero si yo viera a Sirius Black intentaría pasar desapercibida.
- Bueno, eso es cierto, pero...
- No tengo tiempo para discutir. Me estoy helando, hufflepuff, y me he dejado la chaqueta en mi habitación. - Le dije, cortante, cruzándome de brazos y pasándome las manos por estos, tratando de darme calor. - Ya nos veremos por ahí, o puede que no, si te encuentras con algún asesino de verdad y vuelves a actuar así. Si eso llega a ocurrir, serás hombre muerto.
Empecé a caminar, dejándolo ahí y mirando con atención el cielo de color grisáceo. Iba a ponerse a llover en cuestión de minutos y aún me quedaba un rato para volver al castillo.
- ¡Espera! - Me pidió el chico, empezando a caminar hacia mí. - Tienes toda la razón, Rosier. Tengo que pensar una mejor estrategia para protegerme de los asesinos. ¿Alguna amable recomendación?
Su comentario me hizo reír y disipó el enfado que había causado ese extraño y curioso encuentro. Me quedé quieta unos segundos y lo observé, evaluando la situación.
- Cuando tengo frío y hambre me pongo de mal humor; no ha sido personal. - Le comenté, con una pequeña sonrisa dibujada en la cara. - Soy Isabella. Isabella Rosier, aunque veo que mi apellido ya te lo sabes.
Se rio. Tenía una risa suave, bonita y contagiosa, y me paré a pensar en lo raro que era que dos estudiantes se encontraran en el Bosque Prohibido, sobre todo cuando Sirius Black estaba suelto. Era un lugar peligroso ya de por sí, debido a las distintas criaturas que habitaban en él, pero a mí no me habían hecho nunca nada. Parecía que me toleraban, incluso las temidas acromántulas.
Razoné que eso se debía a que Hagrid me había enseñado mucho acerca de las criaturas del Bosque Prohibido y a que él tenía muchos amigos viviendo cubiertos por los árboles, pero mientras le estaba dando una vuelta a esos pensamientos, el desconocido habló y los cortó de raíz.
- Encantado, Isabella. Yo soy Cedric Diggory. - Se presentó, tendiéndome la mano. Se la estreché. - Lo del hambre no puedo arreglarlo, pero lo del frío... - Añadió, quitándose la sudadera que llevaba puesta.
Era amarilla y negra, los colores de Hufflepuff, y tenía su apellido escrito en mayúsculas en la espalda. Me la posó sobre los hombros y yo le agradecí el gesto. Era cálida, además de cómoda y agradable al tacto.
- ¿Qué hacías por aquí? - Me preguntó, con curiosidad en sus ojos claros. Noté como las gotas de agua que se desprendían del cielo nos empezaban a mojar, pero no por ello caminamos más deprisa.
- Vengo de hacer las pruebas para entrar al equipo de quidditch de Slytherin. Y me gusta más este camino para regresar al castillo. - Contesté, con sencillez, apartándome una gota de los ojos. - Veo que tú juegas, ¿no es así? Por la sudadera.
- Sí, sí que juego. Soy el buscador y el encargado de organizar las pruebas este año, aunque las hicimos ayer.
- ¿Eres el capitán?
- Em, sí. - Respondió, pareciendo algo tímido al respecto. Me pareció sorprendente y me hizo sonreír ligeramente. Por fin, nos adentramos al castillo.
- ¿Y tú, Diggory? ¿Qué hacías en el Bosque Prohibido? - Susurré, devolviéndole la pregunta que él mismo me había hecho hacía unos minutos. Lo dije en un tono bajo para que no nos escucharan ninguno de los estudiantes que recorrían el colegio y él agachó su cabeza para escucharme mejor.
- Me gusta pasear por ahí a veces y ver a las criaturas, pero solo voy de día. Y también puede que haya perdido una apuesta contra los gemelos Weasley. - Confesó, sonriendo ligeramente y haciéndome estallar de risa. - Yo también me estaría riendo si fuese tú. - Hizo una pausa y me miró con mucha atención. - ¿Cómo te han ido las pruebas, Isabella?
- Todo bien menos las pruebas de guardiana. No me gusta nada ese puesto.
- A mi tampoco me justa jugar de guardián. Se me hace aburrido. - Dijo, con voz tranquila.
- Pues, entonces, te pasa lo mismo que a mí.
- Es posible que algún día juguemos el uno contra el otro, Isabella. - Sugirió, mirándome de reojo desde su altura, intentando ocultar una sonrisa pilla.
- No tendrías ninguna posibilidad de ganar, Diggory. - Le solté, sonriendo con confianza, aunque fuera una broma. Entendió mis intenciones con agilidad y me respondió, empleando el mismo tono.
- Eso ya lo veremos, listilla. - Miró hacia arriba, sonriendo y sin mirarme, y siguió hablando. - Esta noche hay una fiesta en la sala común de Hufflepuff. ¿Quieres venir? Pueden venir tus amigos, si te apetece invitarlos. Será divertido.
- No hay nada que me apetezca más. - Acepté, mirándolo con simpatía y una sonrisa. Ya habíamos llegado a las mazmorras del castillo, donde se encontraban las habitaciones y salas comunes de nuestras casas; Hufflepuff y Slytherin.
- Nos vemos luego, Rosier.
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Rosier - Theodore Nott
Fiksi PenggemarEn el expreso de Hogwarts, a Isabella la corroían los nervios. Llegar nueva de Beauxbatons para empezar su tercer curso iba a llamar la atención, pero era una chica lista y tendría a su hermana con ella, además de a cierto italiano. Espero que disf...
