Capítulo 6

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Theodore


"Eres adorable". Las palabras resonaban en mi cabeza sin parar. Nunca nadie me había descrito así. Este año estaban pasando cosas que no me imaginé que sucederían.

Desde que vi a Isabella en el tren me llamó la atención. Tenía el pelo castaño cortado en capas, lo que hacía que sus ondas se marcasen más. Sus ojos eran marrones, pero no oscuros, sino más como el color de un tarro de miel. Tenía la piel algo bronceada y un par de pecas en la zona de las mejillas. Me gustaba mucho el pequeño lunar de debajo de sus ojos, los resaltaba.

Ahora caminaba a su lado, unos centímetros atrás. No me apetecía no estar con ella. Me sentía ligeramente embrujado a su lado y quería conocerla más. Conocerla de verdad. Che cazzo me está pasando. *

—¡Char! —la escuché decir. 

Su voz me sacó de mis pensamientos y vi a su hermana pequeña dándole un abrazo. Se separaron y la rubia me sonrió.

—Soy Theodore —le dije, tendiéndole la mano con una sonrisa leve—. Theodore Nott.

—Lo sé —me respondió, riéndose un poco y dándome la mano—. Yo soy Charlotte. Bueno, ahora que nos conocemos... ¡Cuéntamelo todo, Isa! ¡Estás en Slytherin! —exclamó, sorprendida. 

Luego me miró y siguió hablando.

—Siempre dije que estaría en Ravenclaw, por lo insufrible que es con los datos curiosos, o en Gryffindor, por lo cabezota. Papá y yo teníamos una apuesta, ¡ahora le debo dos galeones! Él sí que creía que te tocaría en Slytherin. 

—¿Papá pensaba eso? —preguntó Isabella, frunciendo ligeramente el ceño. Parecía que eso le había pillado por sorpresa.

—Sí. Decía que harías cualquier cosa por conseguir tus objetivos —soltó la menor de las Rosier. Vi como Isabella se puso algo seria y miró el reloj.

Al cabo de unos minutos, Isabella volvió a mirar la hora.

—Char, nos tenemos que ir. Tenemos Pociones dentro de poco —anunció Isabella. Se acercó otra vez a su hermana y le dio otro abrazo mientras le acariciaba el pelo rubio, gesto que me pareció muy maternal—. Nos vemos luego. 

—Suerte con Snape. ¡Ciao, chicos! —se despidió la rubia, yéndose con sus amigos.

Isabella y yo empezamos a caminar hacia la sala común de Slytherin, yendo a por nuestros libros. Estábamos hablando de cosas sin mucha importancia, pero la noté apagada, así que me puse delante de ella y coloqué mis manos en sus hombros.

—Llevas comportándote de forma extraña desde la conversación con tu hermana. ¿Estás bien?

—Sí, Theo. No sé qué me pasa, perdona —me respondió, pero no terminó de convencerme la respuesta. 

Lo sai che non mi piaccono le bugie? Puoi dirmelo, bella. * —le dije, a ver si en italiano se sentía más a gusto contándomelo. Me gustaba hablar con ella en nuestro idioma. Saber que nadie nos entendía me daba seguridad. Nos unía.

Mi dispiace, Theo. * Es una tontería —miró al suelo y pareció pensar sus palabras—. ¿No te ocurre que te da miedo convertirte en lo que más temen de Slytherin? ¿No te parece que los estereotipos de nuestra casa pueden cambiarnos la perspectiva, que podemos acabar siendo magos tenebrosos? Me siento muy a gusto en esta casa, con las personas que pertenecen aquí... —esto último lo dijo mirándome a los ojos—. Pero me da miedo, porque sé hasta dónde llegan mis ambiciones y mis ganas de ser la mejor. Y parece que mi padre también. 

Bella, la sed de poder no es mala. Todas las personas con esa característica estamos aquí, juntos, en Slytherin. Querer probar tu potencial no va a hacer que acabes con ganas de destruir el mundo. Es cierto que los magos tenebrosos más famosos son pertenecientes a esta casa, pero muchos de nosotros acabamos siendo personas increíbles. Creo que tienes miedo de dejarte llevar —respondí, sincero—. Yo puedo ayudarte en ese aspecto. No hay nada que se me de mejor.

—La modestia —añadió ella, riéndose—. La modestia se te da muchísimo mejor. 

Certo, è vero. * No me extraña que tu hermana pensase que te pondrían en Ravenclaw —le dije—. Pero te queda mil veces mejor el verde, bella.


...


Isabella


Theodore y yo entramos a la sala de Pociones. Era un lugar oscuro, con varias mesas dispuestas por la sala y millones de calderos de muchísimos tamaños y una gran cantidad de botes de diferentes formas con líquidos de varios colores.

Me senté con Daphne y Pansy en una de las mesas y empezamos a preparar nuestras cosas para cuando llegase el profesor Snape, mientras me contaban cómo era el profesor de pociones. No lo pintaban como una persona amable, que digamos. Saludé a Harry, Hermione y Ron cuando les vi entrar por la puerta y mientras lo hacía, noté como Theodore pasaba por mi lado y me susurraba al oído.

Preparati, bella. Questa lezione sará complicata *—me dijo bajito, con esa voz tan bonita. 

Me dio un escalofrío en la espalda al notar una de sus manos posada ahí. Lo miré yéndose a la mesa de al lado con Matheo, Draco y Blaise. Ese chico era eléctrico. 

De repente, un mago alto vestido completamente de negro entró en la sala y el ruido que había por las personas que estaban hablando cesó completamente. Tenía el pelo escalado de color carbón, la línea al medio y el largo hasta casi los hombros. Su rostro era severo e impresionaba un poco la seriedad con la que andaba. 

—Página 256 —soltó, como un general: fue efectivo, porque todos los alumnos obedecieron—.  ¿Alguno de vosotros podría decirme qué es la poción de despertares? —cuestionó, con un tono de voz que parecía calarse en mis huesos.

Levanté la mano, al igual que Hermione, pero el profesor me miró a mí.

—¿Sí, señorita...? 

—Rosier —respondí. 

El pulso se me aceleró ligeramente.

—También conocida como la poción de ojos abiertos, la poción de despertares evita que quien la beba caiga dormido. También tiene el poder de despertar a alguien que haya sufrido un golpe en la cabeza o que esté bajo el efecto de drogas. Es el antídoto para el filtro de muertos en vida, profesor.

—En efecto, Rosier. Cinco puntos para Slytherin. 

Sonreí con algo de suficiencia. Era inevitable, me gustaban los retos complicados. Si Snape era el profesor más estricto de todo Hogwarts, lo iba a tener de mi lado. 

Seguimos con la clase: recitó los ingredientes que se necesitaban, sus efectos de nuevo y los pasos de la preparación. Al finalizar la clase, nos puso deberes para dentro de dos días y salimos del aula.

—Lo has impresionado, Rosier. Puedes estar orgullosa —me dijo Theo mientras salíamos por la puerta. Me reí ante su comentario.

—Me encanta esa clase, Theo. Es muy interesante. 

Sonrió ante mi respuesta.

—Nos vemos el viernes a las nueve y media en la sala común. Tengo que enseñarte algunas cosas del castillo aún, bella.

—De acuerdo, pero el fin de semana tenemos que quedar en la biblioteca y hacer los deberes. ¿Trato?

—Trato. 

Rosier - Theodore NottDonde viven las historias. Descúbrelo ahora