Capítulo 27

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Joder, joder, joder.

Llegaba tarde al encuentro con mis amigos en la sala común. Había pasado más tiempo con el capitán de Hufflepuff del que me había imaginado y, aunque había tratado de darme una ducha rápida y vestirme a esa misma velocidad, llegaba con más de veinte minutos de retraso.

Si mis amigos seguían ahí (que no tenía por qué ser así), me preguntarían que qué había estado haciendo y, por muy raro que me pareciera, no me apetecía explicar que había estado con Cedric Diggory. 

Él y yo. Los dos solos. En el Bosque Prohibido. 

Por Merlín.

No podía decirle lo que había pasado después de irme del campo de quidditch a nadie. Por mí y por Cedric. Si alguien había estado en el lugar equivocado, en el momento equivocado, esos éramos nosotros. Sabía que muchísimas personas estaban pendientes del joven Diggory (porque, muy a mi pesar, era muy guapo y mucha gente lo sabía) y de mí (suponía que porque era la nueva y mi familia acababa de salir en El Profeta, muy recientemente), y eso solo hacía la situación más complicada. Además, había estado caminando con él abiertamente por los pasillos de la escuela de magia. 

¿Por qué no estuve pendiente de mi lado racional cuando estuve con él? Estoy segura de que, si hubiera estado atenta, me hubiera percatado de lo mucho que llamaría la atención vernos juntos.

¿Qué iba a pensar Theodore? 

No quería ni imaginármelo.


...


Matheo


El sofá de la sala común de Slytherin siempre me había gustado. Era bonito, de forma y colores elegantes y, por si eso fuera poco, también era cómodo. Estaba sentado en el lado izquierdo del sofá, con los brazos y las piernas estirados, sin importarme el estar ocupando más espacio del que se suponía por estar cómodo. 

Tenía a Daphne y a Pansy a mi derecha, sentadas la una al lado de la otra, hablando entre ellas de algún tema. No estaba escuchándolas, pero estábamos compartiendo sofá (uno que era de tres plazas), mientras que en el de enfrente estaban Draco, Blaise y Adrian Pucey. 

Ese último, Adrian, no me terminaba de convencer, pero no le di importancia en ese momento. Estaba más atento a Theodore, quien observaba la puerta de nuestra sala común cada vez que esta se abría y miraba al suelo con la expresión algo tensa al darse cuenta de que las personas que entraban no eran ella. 

Estaba preocupado. Preocupado por Isabella.

Y yo también.

Aunque más que preocupación, lo mío era una ligera inquietud. La chica se había despedido de nosotros al terminar las pruebas y nos había pedido reencontrarnos todos una hora más tarde. Eso debió ser sobre la una y media. 

Miré el reloj. Eran ya las tres y no habíamos sabido nada de ella desde entonces. El problema no era que no hubiera estado con nosotros, sino que no la habíamos visto en el Gran Comedor yendo a coger algo de comida, ni tampoco la habíamos visto por los pasillos. Y, aunque Hogwarts era grande, ninguno de los siete ahí presentes nos la habíamos encontrado. Eso era lo extraño.

- ¡Chicos! Siento haber tardado. - Dijo Isabella, entrando por fin por la enorme puerta de la sala común. Noté como los músculos de mi cuerpo, antes tensos, se relajaban al verla aparecer. Me sentí tranquilo al ver que estaba bien y supe que no fui el único, porque escuché como Theodore soltaba un suspiro de alivio.

Rosier - Theodore NottDonde viven las historias. Descúbrelo ahora