Theodore
La mañana en Hogwarts siempre era fría, sobre todo en las mazmorras, donde la humedad se colaba en las paredes, por culpa del lago negro. Encendí la chimenea con algo de magia sencilla y noté como el calor me hacía sentir mejor. Nunca me ha entusiasmado el frío. Me dirigí hacia el tocadiscos de Matheo y lo puse a funcionar, escuchando por millonésima vez Pretty Girls Make Graves, de The Smiths.
- Por Merlín... - Escuché decir a mi mejor amigo, con escaso entusiasmo en su voz. Me di la vuelta y lo vi tumbado en su cama, con pocas ganas de levantarse.
- Buenos días, bella durmiente. - Le dije a Matheo, encendiendo la luz de nuestra habitación para poder coger ropa del armario y darme una ducha rápida. Escuché como Matheo murmuraba aun más quejas y lo miré con una sonrisa burlona, agradeciendo no haber bebido nada con alcohol la noche anterior.
- ¿Por qué la luz tiene que ser tan clara? - Preguntó, poniéndose la almohada encima de su cara, para evitarla.
- Creo que los muggles lo explican con una ciencia llamada física, Matt.
- Shhh, no hables tan alto. Ya me lo contarás más tarde, Theo. Pasas demasiado tiempo con Isabella, por cierto. Está obsesionada con las creencias de los no magos.
- Ya me gustaban estos temas, Matt. - Le respondí, con una pequeña sonrisa, volviendo a centrar mi atención a escoger la ropa que llevaría puesta después.
- Bueno, sí. Puede ser. No sé. Estoy demasiado cansado como para pensar. Solo sé que tienes que ir con tu amada, dejarme la luz apagada y volver en seis horas con un plato enorme de la pizza tan buena que haces tú. Cuando ya no tenga sueño.
- ¿Ah, davvero? * ¿No quieres saber si estás dentro del equipo de Quidditch, entonces?
Matheo, al segundo, ya estaba en pie, arrojando las sábanas al suelo. Tenía mala cara, pero fue medio corriendo por la habitación mientras recogía sus cosas y escogía la ropa que se pondría después de ducharse. Incluso hizo su cama con más esmero del habitual en él.
- ¡Venga, Theo! Espabílate, que tenemos que saber si tu querida italiana y yo estamos o no en el equipo. Y también si tú seguirás. ¿Las pruebas también evaluaban a los miembros del equipo, no? Déjalo, no respondas. Ya sé que sí. - Empezó a decir, rápidamente. Parecía que se hubiese tomado un café. Me miró durante unos segundos antes de volver a hablar. - Oye, si te vas a quedar ahí pasmado, paso yo a la ducha primero.
- No hace falta, ya voy yo.
Me di prisa en ducharme. Me enjaboné el pelo con un champú con olor a menta, me lavé el cuerpo y la cara y me sequé deprisa. Me lavé los dientes y decidí dejar que mi pelo secara al aire, porque no me apetecía tardar tanto en el baño. Me puse unos pantalones largos negros y un jersey de color verde no muy claro, con una camiseta blanca de manga larga debajo. Las temperaturas habían descendido mucho desde principios de septiembre.
Al abrir la puerta del baño, salió todo el vapor de agua, por culpa del agua caliente con la que me había duchado. Le dije a Matheo que pasara y que se diera prisa, porque teníamos que ir a desayunar.
Por una vez, me hizo caso.
- ¿Listo?
- ¿Sin mi rubia teñida en la habitación? No mucho, pero tendremos que irnos de todas formas. - Apuntó Matheo, haciéndome reír.
Era cierto que Draco no parecía haber vuelto desde la fiesta. Su cama estaba hecha y su pijama doblado. Claro que Draco era un chico ordenado, aunque nunca dejaba las zapatillas bien colocadas y esa mañana lo estaban. Eso lo delataba.
- ¿Dónde crees que se habrá dormido esta noche? - Le pregunté, curioso.
- ¿Quieres apostar?
...
Isabella
La sala común de Gryffindor era un sitio agradable. Era más caluroso que la sala común de las serpientes y a nadie parecía importarle que estuviese ahí, aun siendo de una casa considerada "rival" de los leones.
Por si acaso, Harry me había dejado uno de los jerséis de Quidditch de su casa, para que las personas que estaban ahí no se dieran cuenta de la presencia de una slytherin. Además, para mayor anonimato, le estaba dando la espalda a la puerta principal.
- Venga, ya, Ron. No digas tonterías. - Lo riñó Hermione, con una sonrisa incrédula.
- ¡Es la verdad!
Sonreí ante el comentario y vi como el pelirrojo volvía a hablar, dándole instrucciones al pequeño ajedrez mágico que tenía delante. Sabía jugar muy bien al juego de lógica.
- Caballo a d 6. - Pidió, haciendo que la figura de color blanco avanzara hasta la casilla pertinente. - Te estoy acorralando, Isabella.
- Bueno, todos sabemos que es una italiana muy listilla. - Rio Harry, pendiente de la partida. - Siempre consigues salir de las encerronas, Isa. No sé cómo.
Sonreí con ganas, porque eso era cierto. Lo que no conseguía hacer era provocar que Ron tuviera pocas opciones. Solía ganarme las partidas, aunque cada vez se le hacía más difícil. Estaba aprendiendo a jugar mejor gracias a las prácticas más constantes.
- Solo en ocasiones, Harry. - Le respondí, con sinceridad, sin levantar mis ojos del tablero de madera. - Ronald Weasley es un gran jugador. Me está enseñando mucho.
Hice una pausa, para intentar pensar con claridad.
- Alfil a h 7. - Anuncié, en voz medianamente baja. Vi como mi alfil le quitaba a Ron una de sus torres, dejándonos ya en el final de la partida, amenazando al rey, aunque no de muerte inevitable. - Jaque.
- Buen movimiento, Isa. - Me felicitó el pelirrojo. - Pero no lo suficiente.
Nombró a su reina y provocó que mi alfil cayera. Se había librado muy fácilmente de mi amenaza y, después de unos cuantos movimientos más, me di cuenta de mi error.
- Jaque mate, Rosier.
- Ron, te lo digo en serio, podrías ganarte la vida con este juego. Eres muy bueno.
- No le infles tanto el ego, Isa, que al final se lo creerá. - Me pidió Hermione, burlona, provocando que el pelirrojo la mirase mal y que Harry se riera. - Aunque es cierto que no se te da nada mal, Ronald.
- ¿Soy yo, o Hermione Jean Granger acaba de hacerme un cumplido? - Preguntó él, fingiendo extrema sorpresa, sacándonos una gran carcajada.
- Isa, ¿a qué hora te decían si entras o no en el equipo? - Me preguntó la castaña, con curiosidad.
- Creo que sobre las cinco, Her. Aun queda un buen rato. - Respondí, con los nervios crecientes. - Creo que voy a ir a buscar a Theodore y a Matheo. ¿Cenamos juntos hoy, chicos?
- Por supuesto. - Respondió Harry.
Ayudé a Ron a recoger el ajedrez, le di a Harry su jersey y los cuatro nos pusimos en pie. Al confesarles que estaba algo nerviosa, los tres gryffindors me dieron un fuerte abrazo y palabras de consuelo, haciéndome sentir mucho mejor.
- Seguro que has entrado, Isabella. Marcus Flint sería muy tonto si no te dejara dentro. Vuelas increíblemente bien y, sin ánimos de ofender, eres MUY persuasiva. - Aseguró Ron, mientras Harry y Her asentían a sus palabras.
- Mucha suerte, Isa. - Añadió Harry, dedicándome una mirada convincente. - Aunque no la necesitas.
- Gracias, chicos. - Respondí, antes de sonreír y darme la vuelta hacia la puerta de la entrada principal.
No me merecía la pena intentar usar los pasadizos de día. Era muy complicado que no me viese nadie y no iba a intentarlo. Al menos, no ese día.
- ¡Ve pensando qué número quieres llevar en la espalda, Isabella! - Añadió Harry, provocando que me riera con ganas antes de salir por la puerta, diciéndoles adiós.
Ya lo había pensado.
Quería el 19.
ESTÁS LEYENDO
Rosier - Theodore Nott
FanfictionEn el expreso de Hogwarts, a Isabella la corroían los nervios. Llegar nueva de Beauxbatons para empezar su tercer curso iba a llamar la atención, pero era una chica lista y tendría a su hermana con ella, además de a cierto italiano. Espero que disf...
