Los días fueron pasando de manera habitual: clases por la mañana y algunas (como Adivinación) tras el atardecer; intensos entrenamientos de Quidditch que me hacían liberar el estrés acumulado, mediante dejarme agotada tras ellos; comidas exquisitas con el trío de oro, Charlotte y los slytherins; tardes con Hagrid, Hermione, Ron y Harry en su cabaña, tomando té de sabores peculiares y conociendo más sobre diversas criaturas mágicas; fines de semana en Hogsmeade; mi primer partido de Quidditch contra Hufflepuff (que ganamos); horas en la biblioteca con Hermione; libros leídos en cuestión de horas sobre los giratiempos (que, por cierto, había leído que no podría volver atrás más de unas cuantas horas)...
Y luego estaba eso.
No sabía por qué, pero Theodore estaba actuando de una forma extraña. Lo que yo no terminaba de saber era cuál era el motivo de su comportamiento. Seguía siendo el mismo con todos los demás, menos con Matheo y conmigo. Por mucho que lo haya repasado, no encuentro ningún motivo aparente que justifique su molestia.
Merlín, no me gusta estar pensando tanto en lo mismo.
Salí del baño tras lavarme los dientes y hacerme una trenza suelta, para evitar enredos. Me vestí con unos pantalones marrones oscuros y me puse un jersey de color canela, que era calentito, suave y precioso. No cambié mis joyas; no solía hacerlo. Seguía teniendo puesto el collar que me había regalado Matheo.
Bajé las escaleras hacia la sala común, dispuesta a enmendar las cosas con Theodore de una vez por todas. Al día siguiente, serían las vacaciones de invierno, de Navidad. Quería irme a casa feliz, no con una sensación de confusión. Odiaba no saber qué pasaba.
- Matt. - Dije, llamando la atención del castaño que tenía a pocos metros de mí. No sabía que estaría ahí, pero me alegró verlo.
- Isa.
Parecía que acabase de salir de la ducha, con gotas de agua deslizándose por su abundante pelo, mojándole la sudadera negra que llevaba puesta. Tenía en sus manos un lápiz y una libreta, que parecía de dibujo. Fruncí ligeramente el ceño, algo sorprendida.
- No sabía que dibujabas.
Se encogió de hombros con una pequeña sonrisa en su rostro. Me acerqué a él, que estaba apoyado en una de las paredes de la chimenea, en el suelo. Me senté a su lado y señalé su libreta, con el dedo índice.
- ¿Puedo? - Le pregunto, con suavidad.
- Adelante.
Me mira con intensidad mientras empiezo a ver los dibujos que él mismo ha hecho, tras cogerle la libreta. Empiezo por los que son más antiguos, sorprendida por la destreza con la que están hechos. Hay muchos dibujos, todos creados mediante lápices.
Veo el Lago Negro en uno de ellos, con brillos perfectamente pensados para los reflejos del escaso Sol que se asoma en Inglaterra; veo dibujadas diferentes criaturas mágicas (un escarbato, un hipogrifo que parece ser Buckbeak y un abraxan, similar a un caballo alado, de tamaño enorme) y a diferentes personas conocidas. Draco, Theodore y Blaise, riéndose en el Gran Comedor, comiendo tortitas y tostadas; Pansy y Daphne hablando, en Las Tres Escobas... y yo.
Hay un dibujo mío. Sostengo la respiración de manera inconsciente.
En él, me encuentro sentada en uno de los sofás de la sala común, con las rodillas pegadas a mi pecho. Llevo puestos unos pantalones vaqueros azules, ligeramente acampanados, unas botas negras y una camiseta de manga corta que me va algo larga, con un dibujo de The Smiths. Apoyado en mis piernas, hay un libro enorme, con el título de Animales fantásticos y donde encontrarlos, de Newt Scamander. Tengo la cabeza ligeramente ladeada, por lo que una de mis manos coloca unos mechones rebeldes para ponerlos detrás de mi oreja.
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Rosier - Theodore Nott
FanfictionEn el expreso de Hogwarts, a Isabella la corroían los nervios. Llegar nueva de Beauxbatons para empezar su tercer curso iba a llamar la atención, pero era una chica lista y tendría a su hermana con ella, además de a cierto italiano. Espero que disf...
