Capítulo 28

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Una vez estuve en mi cuarto, me sentí mejor. Reconfortada.

Cerré la puerta detrás de mí y suspiré. Dejé todo el tema de Cedric a un lado para no volver a agobiarme y me centré en lo que estaba ocurriéndome en aquel preciso momento.

Tenía mucha hambre.

Eran las tres y media de la tarde y me rugía la barriga. Antes de las pruebas, que habían sido ya hacía unas cuantas horas, me había tomado una barrita energética, pero no comí después y necesitaba hacerlo. 

Me dirigí a mi armario, de un marrón madera muy oscuro, y removí un poco mis cosas hasta dar con una caja rectangular de color blanco. La saqué de ahí, la abrí y vi la cantidad de caramelos y gominolas que me había traído de Italia y de Honeydukes, la tienda de dulces de Hogsmeade. Me comí un par, notando el delicioso sabor de las plumas de azúcar y de las ranas de chocolate, y, después de haberme retocado un poco el pelo (haciéndome una trenza suelta), salí de mi habitación con "El gran Gatsby" en la mano. "Iré al Gran Comedor"

Bajé las escaleras que había para llegar a los dormitorios de las chicas. Vi la sala común, prácticamente vacía, a excepción de unos cuantos alumnos que parecían de primer o de segundo año. Reconocí a una amiga de Charlotte y la saludé con una sonrisa que fue correspondida, para después salir de ahí.

¿A quién me encuentro nada más salir de ahí? Era obvio que no iba a ser tan fácil como olvidar y ya. 

- Hola, Cedric. - Saludé al chico, que venía hacia mí con una sonrisa dibujada en la cara. Sonreí yo también, aunque mi cerebro me gritara que no era buena idea hablar más con él hoy.

¿Qué clase de karma estoy pagando?

- Hola, Isabella. - Correspondió el castaño. 

Llevaba puestos unos pantalones largos de color oscuro y una camiseta blanca que solo se veía porque la sudadera gris que llevaba puesta tenía cremallera, y estaba algo entreabierta. En su mano derecha llevaba un cuaderno pequeño.

- ¿Qué llevas ahí? - Me preguntó él, observador, mirando mi libro.

- "El Gran Gatsby". - Contesté, levantando un poco el libro y enseñándole la portada. Era una edición muy bonita, en mi opinión. - Llevo queriendo empezarlo desde octubre del año pasado. 

- No me lo he leído, pero sí que he leído otras obras de Fitzgerald: "El último magnate" y "Sueños de invierno". - Me comentó, acercándose un poco más a mí. Me quedé mirándolo mientras lo hacía, pensando en lo altísimo que era. - No sabía que te gustaba leer.

- Menos mal. Nos hemos conocido hoy. 

Se rio ante mi recordatorio y yo sonreí un poco. No me di cuenta de que la gente que estaba pasando por los pasillos se nos había quedado mirando. Tampoco los escuché cuando empezaron a murmurar. Estaba centrada en nuestra conversación.

- Tienes razón. Pero... no sé, no te imaginaba leyendo. 

- Pues, para tu información, me encanta leer. Desde siempre, además. - Le dije, con una sonrisa burlona. - Y tú, Diggory, ¿qué llevas en la mano? 

- Son unos apuntes de Pociones que tengo incompletos. Iba a ir a la biblioteca a rellenarlos y a repasar un poco. - Asentí a lo que me había dicho, pensando que era una buena idea y él sonrió. - ¿Qué ibas a hacer tú?

- Pues iba a ver si puedo conseguir algo para comer. Llevo muerta de hambre desde la una y son... - Hice una pausa para mirar mi reloj. - Las cuatro menos cuarto. 

- No conviene que te pongas de mal humor. - Comentó, algo burlón, haciéndose referencia a lo que yo he había dicho esa misma mañana. - Ahora mismo no hay comida en el Gran Comedor, pero conozco un sitio. - Fruncí el ceño ante su respuesta, pero él, con una sonrisa, me hizo un gesto para que lo siguiera. - Venga, vamos.

Rosier - Theodore NottDonde viven las historias. Descúbrelo ahora