Me sacó de nuestra sala común; agarrando firmemente mi mano derecha y dirigiéndome hasta la torre de Astronomía. Dejamos de lado el sonido de la música y las luces verdes que iluminaban la sala, que le daban un aspecto propio de una discoteca, mientras salíamos de ahí. Yo iba a un paso extraño, debido a la pequeña embriaguez causada por el alcohol y Theodore se dio cuenta de ello.
—Bella, ¿has bebido? —me preguntó, girándose hacia mí con el ceño fruncido, antes de subir las escaleras.
No se le notaba enfado, sino más bien preocupación.
—Un po'* —respondí, con una sonrisa sencilla.
Theodore sonrió con incredulidad y me levantó con sus brazos, a lo que yo protesté ligeramente. Me dijo: "¿Prefieres subir tú sola?" y, como la respuesta era que no, no me quejé de ninguna cosa más. Cargando conmigo, nos llevó hasta arriba del todo, donde el suave aire me empezó a llegar.
—Así te despejarás un poco, Isabella. El aire frío siempre ayuda con estas cosas —afirmó, después de dejarme, con mucho cuidado, sentada en el suelo de la torre.
Se puso a mi lado y nos quedamos mirando el cielo. Ese día se veía la luna con total claridad y las estrellas tintineaban a su alrededor. Había solamente un par de nubes recorriendo el cielo, pero lo que estábamos viendo era magnífico.
Me giré, admirando su precioso perfil con una sonrisa de tonta en la cara. Theodore se dio cuenta y me miró de reojo hasta empezarse a reír.
—¿Che ti succede? *—me dijo, observándome con esa sonrisa suya.
Me quedé embelesada mirándole a los ojos.
—Credo che sei perfetto, Theo *—aun actuando bajo los efectos del alcohol, me acerqué más a él y agarré uno de sus brazos, para empezar a recorrer sus venas con mis dedos.
No me lo impidió.
Cuando me cansé de lo que estaba haciendo, apoyé mi cabeza en su hombro y me quedé en silencio, al igual que él. Noté como sacaba de su bolsillo una cajetilla de tabaco y como se encendía un cigarro. Me dormí en su hombro mientras me acariciaba el pelo, inhalando el olor que desprendía el humo.
...
Me desperté al día siguiente con dolor de cabeza. No era exageradísimo, pero me molestaba. Me quedé confundida al incorporarme sobre la cama, ya que no recordé inmediatamente lo que había ocurrido la noche anterior.
Segundos después me llegaron los recuerdos: la fiesta, la bebida con alcohol, el baile con las chicas, Matheo y yo cantando y bailando en la pista de baile, Theodore apareciendo por fin, la torre de Astronomía... y ya. ¿Cómo había llegado hasta mi habitación? Porque era mi habitación, ¿no?
Lo comprobé por si las moscas: estaban mis sábanas verdes, mi mesilla de noche con el peluche que me regaló mi padre cuando era pequeña (era mi peluche favorito; una simpática elefante grisácea llamada Eli), mi cómoda con mis libros preferidos (entre los que estaban "1984" de George Orwell y "Orlando" de Virginia Woolf), mi armario, mi cómodo sillón... Con Theodore durmiendo en él.
¿Qué...?
Miré debajo de mis sábanas. Seguía con la ropa de ayer (que ahora estaba bastante arrugada), Seguro que el maquillaje estaba hecho un desastre, al igual que mi pelo. Miré la hora. Eran casi las once y media de la mañana.
Decidí no despertar a Theo (que estaba adorable durmiendo) y me fui hasta mi baño con ropa limpia para poder ponerme después: ese sábado iríamos a Hogsmeade por primera vez, después de comer. Tenía muchas ganas de ver el pueblo. Según lo que había leído, era el único pueblo de Gran Bretaña en el que no había residiendo ningún muggle.
Decidí ignorar mi aspecto en el espejo y me concentré en desmaquillarme y en lavarme muy bien la cara. Después de eso, me di una ducha de agua fría (para ver si terminaba de espabilarme) y me desenredé el pelo con acondicionador. Al salir de la ducha, me lavé los dientes, me sequé bien el cuerpo y el pelo y me vestí. Me puse la ropa interior, mi falda negra y mi jersey gris con el que se veía la clavícula. Un poco de perfume con olor a peonías y ya estaba lista.
Al salir del baño, Theodore ya se estaba despertando: bostezó adormilado mientras estiraba las piernas y los brazos. Me recorrió con la mirada y sonrió.
—¿Qué tal esa cabeza?
Fue lo primero que me dijo.
Estaba sonriendo y, sin darme cuenta, yo también había empezado a hacerlo. Tenía ese efecto en mí.
—No me duele demasiado, por suerte —le respondí—. ¿Has estado durmiendo en el sillón toda la noche?
—Sí, bella —me confirmó, haciéndome sentir algo mal por él. Seguro que le dolía el cuello—. Pero tampoco es que quedaran muchas horas de noche cuando llegamos —añadió, con una sonrisa.
Me acerqué a él, sentándome en uno de los reposabrazos del sillón y lo besé; un beso suave, cariñoso y de ritmo lento. Coloqué mis manos en su pelo, jugando con sus ondas, y él puso las suyas en mi cintura.
—Gracias, Theodore —le dije, sintiendo que tenía a un buen chico a mi lado.
—No ha sido nada, Isabella —me respondió, con una sonrisa ligeramente ladeada.
—Emm... no me he olvidado de nada de lo que pasó anoche, creo. ¿Hice alguna estupidez que deba saber? —le cuestioné, solo por si acaso.
Creía que había sido una "medio borracha" bastante tranquila, pero no estaba de más asegurarse de ello.
—Estabas muy alegre bailando, me acerqué a ti para saludarte y te vi actuando algo raro. Fuimos a la torre de Astronomía y ahí estabas algo contenta, bella.
—¿Cómo de "contenta"? —pregunté, suspirando levemente y algo nerviosa.
Tenía el ceño ligeramente fruncido por el miedo a la repuesta. Si ya era decidida de por sí, no me quería imaginar el día anterior.
—Me agarraste un brazo y te pusiste a jugar con él, mirando las venas. No sé muy bien qué hacías, pero era agradable. Ah, y me estabas comiendo con la mirada, aunque ya estoy acostumbrado —me soltó, partiéndose de risa.
—¡Theo!
Le di en el brazo un suave puñetazo, intentándome aguantar las carcajadas que amenazaban con salir a la luz, pero fallé en el intento. Nos estábamos riendo tanto que notaba como me estaba quedando sin oxígeno.
—Mira que eres tonto, de verdad —le dije, roja como un tomate.
Él solo sonrió con autosuficiencia, orgulloso de sí mismo.
—Ya te gustaría, amore.
...
¡Hola!
Soy la escritora de esta historia. No he hecho ningún comentario acerca del progreso de la historia, pero creo que ya va siendo hora. ¡1600 visitas ya! Sinceramente, estoy flipando. Muchísimas gracias a todos los que leéis, comentáis, la votáis y a los que la añadís a vuestras bibliotecas; ayuda muchísimo a continuar escribiendo, sobre todo porque es muy emocionante ver que hay personas que la están disfrutando y entreteniéndose con ella.
Yo me lo estoy pasando muy bien redactándola y, aunque haya días en los que esté más inspirada que en otros, voy a continuar dándole vida a Isabella Rosier y al resto de personajes.
Muchísimas gracias otra vez;
Sara 🫶
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Rosier - Theodore Nott
Fiksi PenggemarEn el expreso de Hogwarts, a Isabella la corroían los nervios. Llegar nueva de Beauxbatons para empezar su tercer curso iba a llamar la atención, pero era una chica lista y tendría a su hermana con ella, además de a cierto italiano. ¡Disfruta la le...
