—¿Tú no eres amiga de mi hermano? —me preguntó George, mientras se limpiaba el polvo y las telarañas de la ropa. Al haber impactado contra la pared, se le habían quedado pegadas por toda la espalda.
—¿De Ron? Sí, nos llevamos bastante bien —respondí, con una sonrisa.
No sabía hasta qué punto era yo amiga del trío de oro, pero consideraba que éramos amigos. O, al menos, ellos para mí lo eran.
—Es muy gracioso.
—Bueeno, no está mal, aunque respecto a risas y gracia... —añadió George.
—Ganamos nosotros, Isabella —completó Fred, sonriendo a su hermano.
—Si no lo veo, no lo creo —dije yo, con una sonrisa leve, mientras empezaba a caminar.
Miré mi reloj: faltaban seis minutos para las doce en punto y aún no habíamos llegado.
—¿A qué habéis venido aquí, chicos? —nos preguntó George, empezando a seguirme, cosa que imitaron Fred y Matheo.
Noté como el castaño se ponía a mi vera.
—No lo sé exactamente —respondió Matheo, con una sonrisa burlona y mirándome con cara de "aún me debes una explicación"—. ¿Y vosotros?
—Emm... —empezó a decir George, mirando a su hermano—. Estamos preparando una broma increíble...
—...pero no podemos decir nada más —completó Fred—. Ya la veréis pronto.
—Miedo me dais —comenté yo, riéndome.
Mi hermana Charlotte me había contado parte de las bromas que hacían los gemelos Weasley y, según ella, eran excepcionalmente graciosas y se metían casi siempreen líos.
Los gemelos y Matheo se rieron también y fue ahí cuando se despidieron de nosotros, ya que tenían que irse a otra parte. Seguramente, habían salido desde la sala común de Gryffindor y necesitaban ir en sentido contrario al nuestro. Me despedí de ellos rápidamente con una sonrisa y un "hasta luego" y Matheo y yo continuamos.
—Es aquí, Isa —me dijo el castaño, preparándose para abrir una trampilla con cuidado.
Me di cuenta enseguida de que no era la primera vez que hacía este tipo de viajes, porque no tenía ninguna complicación ni duda y se le veía seguro.
—Ahora, ¿por qué es que necesitas entrar aquí a estas horas?
—Me he enterado de algo muy importante que puede hacer mucho daño a Harry —empecé, pero tampoco quería involucrar a su padre directamente en la conversación, porque tenía claro que era un tema que le dolía. Así que hice una pausa para pensar y luego proseguí—. Sirius Black, el prisionero de Azkaban, ha logrado salir de la cárcel, Matheo. Se supone que él traicionó a los padres de Harry y se cree que vendrá a Hogwarts a encargarse del último Potter. Creo que es por eso que había dementores en el tren el primer día. Y ya sabes lo mucho que se acercaron a Harry.
Vi como su mandíbula se tensaba y como fruncía el ceño. Él no era amigo de Harry, ni mucho menos, pero no era tan malvado como para desear que lo asesinaran. Ladeó un poco la cabeza antes de preguntar.
—¿Quién lo sabe?
—No estoy segura. Tú eres la única persona a la que se lo he dicho. Tengo que avisar al trío de oro y a...
—A Theodore, ¿no? —cuestionó, con el semblante algo pensativo. Relajó la cara y me miró con curiosidad— Se me hace raro que no se lo hayas contado aún, Isabella.
—No me ha gustado ocultárselo, pero no he encontrado el momento de decírselo. Yo me he enterado hace unas horas. Está nervioso y ocupado por las pruebas del equipo de Quidditch y no quería preocuparlo. ¿Cómo le digo a una persona tan importante para mí algo así, Matheo?
Vi como sonreía ligeramente y como asintió con la cabeza ante mi respuesta. Supe que pensaba igual que yo y que no me preguntaría nada más acerca del tema. Era una sensación reconfortante, porque no me apetecía hablar más de ello.
Me ayudó a salir del pasadizo levantándome un poco, ya que es cierto que no estábamos muy altos, pero no medía lo mismo que él. Me sacaba prácticamente una cabeza. Con su ayuda y el impulso que me di gracias a la pared, conseguí salir.
—Gracias, Matt —le dije, antes de que cerrara la trampilla para irse.
—No ha sido nada —me respondió—. ¿Sabes si serás capaz de volver a tu habitación? No sé si llegarás sola al techo, Isabella.
—Creo que saldré por la puerta normal. Será más fácil para mí.
Dicho esto, me sonrió una vez más a modo de despedida y se fue, dejándome ahí.
Miré en la sala común y vi al trío de oro cerca de la chimenea. Los amigos estaban sentados con ropa cómoda y acogedora. Hermione ya me había visto y sonrió al verme.
—¡Isabella! —dijo ella, sonriendo—. Que bien que ya estés aquí.
Tanto Ron como Harry se giraron para verme y me sonrieron. Vi como Hermione me miraba con curiosidad y como las preguntas que tenía parecían reflejarse en su rostro. Harry y Ron también tenían dudas.
—Hola, chicos —respondí yo, sentándome al lado de Hermione y deshaciéndome las trenzas sueltas que llevaba puestas. Aunque no estuvieran muy apretadas, estaban dándome dolor de cabeza.
—¿Qué ha ocurrido? —cuestionó Harry, frunciendo el ceño— ¿Estás bien?
—Hemos estado preocupados todo el día, Isabella —añadió Ron.
Ahí fue cuando les conté todo: con la mayor calma que pude reunir y con palabras no muy alarmantes para que procesaran la información de manera juiciosa y fría. Les expliqué que Sirius Black andaba suelto, que era él el culpable de la muerte de los padres de Harry, que Daphne había sido la que me había dado la noticia con la intención de que les avisara y que no pude contárselo en el Gran Comedor por si había alguna persona pendiente de nuestra conversación.
Hermione y Ron se estaban preocupando poco a poco, pero me fijé en que Harry miraba al suelo como si ya lo hubiese esperado.
—Chicos... —nos llamó él, una vez hube terminado de contarles lo que había descubierto—. Ya lo sabía. Fue tu padre el que me avisó de todo, Ron. No os comenté nada porque iba a hacerlo al llegar al tren, pero el dementor fue más rápido que yo.
Hermione iba calmando su miedo y sustituyéndolo por comprensión hacia su amigo. Se notaba que tenían un vínculo muy fuerte.
—Lo siento mucho, chicos. Debí habéroslo contado antes —se disculpó el castaño, ocultando sus ojos verdes por culpa de la vergüenza que estaba sintiendo en aquel instante.
En vez de decir nada, los tres nos acercamos a él y le dimos un abrazo. Una acción vale más que mil palabras, ¿no? Debía ser muy duro para él. Uno de los culpables de su orfandad había escapado y quería matarlo
—Ese tal Sirius puede intentar lo que quiera, pero estaremos siempre contigo, Harry —le dije yo, con total sinceridad.
—Exacto —añadió Hermione, con una sonrisa.
—Tendrá que enfrentarse a nosotros primero —apostilló Ronald, haciendo que una risa saliera del rostro de su mejor amigo y que nos contagiara al resto.
Pasamos la mayor parte de la noche hablando de tonterías y disfrutando de la tranquilidad que nos proporcionaba nuestra compañía. Eran los mejores.
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Rosier - Theodore Nott
Fiksi PenggemarEn el expreso de Hogwarts, a Isabella la corroían los nervios. Llegar nueva de Beauxbatons para empezar su tercer curso iba a llamar la atención, pero era una chica lista y tendría a su hermana con ella, además de a cierto italiano. ¡Disfruta la le...
