REBECA - CAPíTULO 7: LA REGLA

50 8 5
                                        

A los doce años me vino la regla por primera vez. Venía notando desde hacía meses los cambios que iban apareciendo en mi cuerpo. Me habían crecido mucho los pechos y empezaba a ser incómodo dormir boca abajo. También me había salido vello púbico. Y la barriga seguía creciendo. Llegó un momento en el que dejó de haber mi talla en los tops que mi madre me compraba en el mercadillo y pasé a usar directamente sujetadores de vieja. Sí. Esa era la mejor forma de llamarlos. Porque cuando me crecieron los pechos, ninguna marca de sujetadores (al menos las que mi madre se podía permitir) había pensado en las niñas, así que todos los sujetadores eran de un solo color, normalmente blanco o beige, con la copa tupida por abajo y de tela transparente por arriba. Ho-rri-bles.

Recuerdo verme poco al espejo en aquella época, porque la imagen que este me devolvía era cada vez más asquerosa. Empecé a llevar camisetas anchas que mi madre compraba por unos pocos euros en el mercadillo, normalmente blancas con algún logotipo deportivo: Nike, Adidas... Evidentemente eran falsificadas, pero al menos me servían y eran baratas. Cero faldas. Cero vestidos. Mis piernas eran demasiado gordas, con hoyuelos de grasa, celulitis y estrías. Demasiado feas para ser mostradas. Un enorme michelín se escondía tras la cremallera del pantalón, otro más voluminoso y con hoyuelos sobresalía a modo de flotador bajo la camiseta grande y deforme y, para rematar, un sujetador de vieja recogía mis dos pechos anormalmente grandes y llenos de estrías moradas por todas partes. Una imagen grotesca para una niña de doce años.

A esas alturas ya odiaba mi cuerpo. Odiaba mostrar cada centímetro de mi piel. El verano. La playa. La piscina. Odiaba no tener un bonito cuerpo que lucir. Me preguntaba cómo sería ir de compras de manera normal, escogiendo yo la ropa que me gustase en lugar de que la ropa me escogiese a mí. Cómo sería comer normal, jugar normal, reír normal, SER NORMAL. Solo quería ser una más, parecerme un poco a cualquiera de mis compañeras de clase, encajar. Poder ponerme aquellas mallas tan bonitas con camisetas cortas mostrando el ombligo. ¿Por qué tenía que ser yo la excepción? La fea, la gorda, la que no parecía tener sentimientos, el objeto de todas las burlas... Odiaba mi cuerpo, me odiaba a mí y odiaba mi vida.

GordaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora