Capítulo 10

2.1K 146 12
                                        


Harry y Hermione habían pasado los últimos meses enfocados en descubrir el origen del desbalance mágico. Sin embargo, algo mucho más personal estaba a punto de irrumpir en sus vidas: el Ministerio no había dejado de vigilarlos. Y lo que era peor, sabían que su matrimonio, a diferencia del de Draco y Luna, no había sido consumado.

La visita inesperada

Una mañana de noviembre, Harry y Hermione recibieron una carta. Era una carta formal, con el sello del Ministerio de Magia, pero el tono de las palabras era todo menos cortés.

"Se les ha dado el tiempo suficiente para cumplir con sus deberes matrimoniales. La ley es clara: un matrimonio debe ser completo, en cuerpo y magia. Hasta ahora, ustedes han fallado en cumplir con esta obligación. Tienen una semana para demostrar que su unión ha sido consumada, o enfrentarse a las consecuencias. Esto es un segundo y último aviso."

El silencio en la sala de Grimmauld Place se volvió espeso. Hermione sostenía la carta con las manos temblorosas mientras Harry caminaba de un lado a otro, tratando de contener su frustración.

-Esto no puede estar pasando- murmuró Hermione, más para sí misma que para Harry.

Harry, con los puños cerrados, lanzó un suspiro exasperado.

-Así que ahora están vigilando hasta nuestras vidas privadas... ¿Qué demonios piensan hacer si no cumplimos?

-Lo que sea que hagan- dijo Hermione, todavía mirando la carta- será mucho peor de lo que ya hemos visto.

La presión era evidente, pero no solo en Grimmauld Place. En la Mansión Malfoy, las cosas no eran mucho mejores. Draco y Luna estaban en su propio proceso de adaptación, pero su matrimonio había pasado la vigilancia del Ministerio sin el mismo escrutinio que el de Harry y Hermione.

Una tarde, mientras Harry y Hermione discutían sus opciones, recibieron una inesperada visita. Draco y Luna aparecieron en la chimenea, convocados por una necesidad urgente de hablar.

-¿Qué está pasando?- preguntó Draco, una mezcla de preocupación y curiosidad en su rostro. Luna, como siempre, se veía calmada, pero sus ojos transmitían una inquietud que no solía mostrar.

-Recibimos una carta- dijo Harry, entregándole la misiva a Draco. -El Ministerio está presionando. No hemos... ya sabes, no hemos cumplido con lo que esperan.

Draco frunció el ceño mientras leía la carta.

-Esto es ridículo. ¿Qué se supone que harán si no lo hacen?

Hermione miró a Luna, buscando algún tipo de consejo. A pesar de las diferencias que alguna vez tuvieron, sentía que la perspectiva única de Luna podría ayudar.

-Luna, ¿qué piensas?

Luna inclinó la cabeza, pensativa.

-Es obvio que están desesperados por mantener el control. No se trata solo de ustedes, sino de lo que representan. Si fallan, otros podrían seguir su ejemplo.

Hermione asintió lentamente.

-Es un juego de poder. Pero no podemos simplemente ceder.

El dilema de la intimidad

Las noches en Grimmauld Place se volvieron más tensas después de esa carta. Harry y Hermione sabían que el Ministerio tenía ojos en cada rincón de sus vidas, y la amenaza del ultimátum pesaba sobre ellos como una sombra.

La conversación que habían evitado durante tanto tiempo finalmente llegó. Una noche, mientras se preparaban para ir a la cama, Harry rompió el silencio.

-Tenemos que hablar de lo que vamos a hacer- dijo, su voz baja pero firme.

Hermione lo miró, comprendiendo la gravedad de sus palabras.

-Sé lo que estás pensando, pero... no puedo, Harry. No de esta manera. No bajo estas condiciones.

-No estoy diciendo que lo hagamos- respondió rápidamente. -Solo... no sé cuál es la alternativa. Si no cumplimos, nos van a castigar. ¿Cómo lo enfrentamos?

Hermione se sentó en la cama, frotándose las sienes.

-No quiero que el Ministerio dicte nuestra vida. Y no creo que tú tampoco. Pero no quiero que esto nos destruya a ti y a mí.

Harry suspiró, sentándose a su lado.

-Hermione, somos un equipo. Siempre lo hemos sido. Si no lo hacemos, encontraremos una forma de resistir. Juntos.

La determinación en los ojos de Harry le dio a Hermione un pequeño respiro de esperanza. Aunque la situación era complicada, sabían que no estaban solos en esto.

Sin embargo, no se dieron cuenta de cuán apremiante sería la respuesta del Ministerio. Al tercer día desde la entrega de la carta, una segunda llegó, esta vez con un tono aún más amenazante. El Ministerio dejaba claro que si no cumplían, habría repercusiones legales, y la primera de ellas sería la suspensión temporal de sus varitas.

Eso era algo que Harry y Hermione no podían permitirse. La pérdida de sus varitas no solo los dejaría indefensos, sino también vulnerables ante las fuerzas más siniestras dentro del Ministerio que podrían aprovechar cualquier debilidad en su defensa.

-Esto es una guerra psicológica- dijo Harry, furioso mientras leía la carta en voz alta. -No quieren que tengamos otra opción. Nos están empujando a esto.

Hermione, con los ojos oscuros de cansancio, asintió lentamente.

-Están jugando con nuestras emociones y con nuestra magia. No quieren que tengamos libre albedrío. Y si cedemos... eso es lo que perderemos.

Un nuevo plan

Con solo días para reaccionar, Harry y Hermione sabían que tenían que encontrar una forma de esquivar las garras del Ministerio. No podían simplemente seguir sus dictados sin pelear. Y la resistencia directa podría significar consecuencias más graves.

Hermione, siempre la estratega, comenzó a buscar una solución más pragmática.

-Tal vez hay una manera de engañar al sistema- sugirió una noche, sus ojos brillando con una nueva idea. -Si podemos encontrar una forma de simular lo que el Ministerio espera, sin cruzar esa línea, podríamos ganar más tiempo para continuar con nuestra investigación sobre el desbalance mágico.

Harry levantó una ceja.

-¿Simular?

Hermione asintió.

-Hay hechizos que pueden alterar las percepciones. Encantamientos que podrían hacer que parezca que todo está en orden sin que tengamos que hacer lo que ellos quieren. Pero es arriesgado. Si nos descubren, estaríamos en una situación aún peor.

Harry reflexionó por un momento. La idea era arriesgada, pero también era la única opción que no los obligaba a traicionar sus propios valores.

-Si crees que puedes hacerlo, confío en ti.

Hermione tomó aire profundamente.

-No será fácil, pero si lo hacemos bien, podríamos engañarlos el tiempo suficiente como para encontrar una solución más permanente.

Una luz tenue en la oscuridad

Mientras la fecha límite del ultimátum se acercaba, Harry y Hermione pusieron en marcha el plan de Hermione. Con Draco y Luna apoyándolos desde las sombras, comenzaron a trabajar en los hechizos y encantamientos necesarios para crear una ilusión convincente, algo que pudiera mantener a raya al Ministerio el tiempo suficiente para que pudieran seguir luchando por su libertad.

Pero, a medida que la presión aumentaba, también lo hacían los riesgos. Sabían que cada movimiento que hacían era observado, cada decisión juzgada. Y el reloj seguía corriendo.

Unidos Por la MagiaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora