POV: Meena Chatamonchai
Al llegar a mi destino no pude evitar el quedarme en un completo silencio observando con sorpresa el desastre que había entre el límite del Norte y la capital. No tardé nada en comprender que era mucho peor de lo que el Barón Choi había indicado en su carta. En sí, la magnitud del daño no podía ser causado si es que realmente la barrera se había mantenido en pie en el momento que envió la carta, el daño que había, lo que se veía era algo que llevaba realizándose desde por lo menos un mes, lo que significaba que este pueblo llevaba un mes luchando por mantenerse en pie. Había pasado un mes, un maldito mes que yo no sabía que la gente moría en mi tierra; un mes transcurrió donde yo no hice nada por salvarlos. Maldito bastardo, pensé apretando con fuerza mis puños ante la furia que burbujeaba en el interior de mi cuerpo. Incapaz de moverme me quedé en mi sitio sintiendo el olor a la carne podrida y la sangre fresca mezclándose en mis fosas nasales. La noche ya había caído, las antorchas estaban alzadas por las manos de los guerreros cansados, pero sabía que, si no hacía algo para detener la matanza, prontamente la oscuridad nos terminaría por devorar. Agaché la mirada en el momento que di un paso hacia adelante, rápidamente pude notar como la espesa nieve había quedado teñida por la sangre de los valientes guerreros que dieron su vida para mantener la muralla a salvo. No había pisca de blanco a mi alrededor. De un momento a otro el lugar quedó teñido por el dolor y los lamentos. Francamente, era la peor situación que podría llegar a tener porque los guerreros habían perdido su voluntad de luchar, y sin ella, la pelea contra los monstruos ya estaba prácticamente perdida.
Mi mandíbula se tensó en el instante que escuché unos agudos gritos haciendo ecos entre los jadeos varoniles, asustada alcé mi mirada viendo a lo lejos como mis caballeros hacían todo lo posible por salvar a los niños que aún seguían amarrados contra la pared como si estuviesen siendo la barrera que mantenía la Capital a salvo. Ese hijo de perra, no pude evitar el maldecirlo en mis pensamientos sintiendo el metálico sabor de la sangre envolviendo mi boca ante la fuerza con la que había lastimado mis encías. Maldito bastardo, ¿Cómo se atrevió? y no podía creerlo, mi cabeza no era capaz de aceptar que realmente el Barón se atrevió a usar unos simples y debiluchos niños con tal de mantener su poder a salvo, ¿Cómo fue tan codicioso? y quería matarlo, quería simplemente torturarlo hasta que la muerte para él fuese su tan anhelado deseo.
-¡¿DÓNDE ESTÁ?!- bramé en alto haciendo que, por un segundo, solo por uno todo el mundo hasta los monstruos girara sus rostros para ver quién había sido la persona que alzó la voz -¡¿DÓNDE ESTÁ EL HIJO DE PUTA QUE HIZO ESTO?!- rápidamente uno de mis guardias lanzó al Barón contra mis pies haciendo que yo sacara mi espada.
—D-Duquesa...
-Eran niños- le aclaré a la vez que me inclinaba agarrando con fuerza de su mandíbula para ver sus ojos llenos de terror -Podrían haber sido tus propios hijos...- murmuré a la vez que enterraba mi espada contra su muslo notando la manera en que comenzó a gritar -Eran niños que ni siquiera podían defenderse- seguí hablando alejando mi espada de su cuerpo para volver a encajarla en su otro muslo notando como la sangre no tardaba en deslizarse hacia mis pies -Los amarraste sin importar cuan asustados debían estar... no te importó oírlos llorar, no te importó escuchar las suplicas de sus padres... Tú... ¡Bastardo!- estaban tan molesta que el maná de mi cuerpo comenzó a filtrarse haciendo que los animales más débiles no les quedase de otra más que agachar su hocico y lomo ante la presión que causaba los colmillos de la bestia en sus cuerpos -Haré que desees estar muerto- avisé a la vez que alejaba la espada de él -¡AMARRENLO CONTRA LA MURALLA Y CORTEN LOS TENDONES DE SU BRAZOS Y PIES! ¡NO DEJEN QUE PUEDA SIQUIERA DEFENDERSE!
Había dado la orden. Los chicos ni siquiera dudaron ante mis palabras, como si estuviesen hipnotizados por mi poder se movieron hacia el Barón tomando cada una de sus extremidades mientras que este forcejaba por querer liberarse, pero mis guardias eran mucho más fuertes que él, así que solo bastaron unos minutos para tenerlo apegado a la pared donde anteriormente se habían encontrado los niños indefensos. El hombre no dudó en gritar a todo pulmón. Yo me mantuve en silencio observando como los demás caballeros tomaban a los niños que aún estaban con vida o que tenían probabilidades de vivir y los sacaba del campo de guerra; sabía perfectamente que la gran mayoría no sobreviviría, ya que estaban en muy malas condiciones, la falta de alimento y el poco descanso los mataría antes de que pudiese llevarlos aún doctor decente, así que tendría que vivir con la culpa de no haber sido lo suficientemente fuerte para evitar este desastre.

ESTÁS LEYENDO
La Tirana Del Norte (G!P) MeenBabe
RandomElla era una mujer fría como el clima de sus tierras. No tenía emociones, y el desapego emocional era lo suficientemente grande para ser considerado un problema. Los rumores dicen que estaba maldita, era de conocimiento público que nació con una mal...