Me Hare Cargo

142 13 1
                                    


POV: Aoom Chatamonchai

Tal parece que mi esposa realmente había sido capaz de cumplir con su palabra ya que la casa del Marqués seguía estando en pie. Durante los últimos días las cosas dentro de las residencia del Gran Ducado se mantuvieron extrañamente tranquilas, como si de la noche a la mañana una oleada de tranquilidad hubiese azotado el frío Norte. El hecho de que nadie hubiese venido para tratar de crear un conflicto se me hacía extraño, sobre todo teniendo en cuenta de con quién me había casado. Si debía ser sincera, no podía dejar de pensar que en cualquier segundo mi castillo de arena sería derrumbado por alguna extraño, era aterrador el tener constantemente esas sensación, más aún, cuando tenía los recuerdos de mi vida anterior golpeando violentamente mi cabeza, siendo un fiel recordatorio de lo que había vivido y como podría llegar a terminar si no tenía cuidado. Lo único que podía alivianar mi silencioso malestar era el hecho de ser consciente que había conseguido evitar la caída del Ducado al mantener a mi padre con vida, francamente, aún no sé qué fue lo que sucedió para que el Rey Karts y los demás territorios hubiesen tomado la decisión de ir contra ella, pero tenía que hacer algo al respecto para evitar ese terrible suceso.

En un completo silencio decidí alzar mi mirada notando como Seungwang veía sin mucho interés la taza que tenía frente a su delgado cuerpo. En estos momentos nos encontrábamos tomando té en el pequeño jardín de cúpula que el Ducado poseía; era un lugar hermoso, esto se debía por las rosas rojizas y doradas que rodeaban el lugar. A pesar de que Meena manifestó abiertamente el disgusto que sentía por este lugar, de todas formas, era evidente que estaba en unas de las zonas mejor cuidadas de toda la residencia, lo que indicaba lo importante que era realmente el jardín que en algún momento llegó a ser la zona favorita de la antigua Duquesa, entiendo el por qué le gustó tanto este lugar, pensé sintiendo la exquisita fragancia deslizándose suavemente por mis fosas nasales. Rápidamente mi atención se enfocó nuevamente en mi pequeño y silencioso acompañante, las rosas rojas me recordaban tanto a Seungwang como a Meena, había que tener cuidado con ellas, a pesar de verse tan frágiles estaban llenas de espinas, y si no era cuidadosa a la hora de sostenerlas fácilmente podría llegar a lastimarme. A pesar de que los ojos escarlatas eran provenientes por la antigua Duquesa, estos se habían transformado en un símbolo para el apellido Chatamonchai, y era obvio que tanto madre como hijo le hacían honor.

Como era de esperarse Seungwang simplemente me sostuvo la mirada sin mostrar signos de incomodidad, era un niño inteligente que sabía que hacer o como actuar dependiendo de la situación en la que se encontraba, pero era doloroso el ser consciente que su inteligencia se desarrolló más rápido de la normal producto de la violencia excesiva en la que fue sometido, así que debía ser cuidadosa a la hora de interactuar con él, sobre todo que tanto cariño podría brindarle. Se podría decir que Seungwang era como un gato, si lo agobiabas con mimos no dudaría en lastimarte, por ende, estaba yendo con cuidado. De todas formas, él también había mostrado un cambio significativo en su actitud, a pesar de que aún desconfiaba de las personas a su alrededor, por lo menos se había mostrado más abierto a interactuar conmigo; permitiendo el dormir en la misma habitación y hasta salir de vez en cuando a tomar té, aún cuando era evidente su desagrado. Eres idéntico a Meena... pensé sintiendo como rápidamente mi rostro se sonrojaba ante ese simple pensamiento. Impulsivamente tomé mi taza y la llevé contra mi rostro tratando inútilmente de cubrir con el mármol de esta el calor en mis mejillas. Seungwang al notar mi reacción no dudó en juntar sus cejas visiblemente confundido por mi repentino actuar, pero sin mover sus manos en busca de una explicación.

-¡Cough!- tosí con falsedad a la vez que bajaba de mi taza permitiendo que él mantuviera toda su atención en mis mejillas aún calentadas -... Veo que no traes tus hojas- comenté notando como él amplia sus largas pestañas negras para luego simplemente estirar una de sus pequeñas manos agarrando algo de entre sus muslos -Mmmh ya veo- comenté observando lo que me estaba mostrando -Tienes bastantes respuestas... ¿Quién tuvo la idea de cambiar por tarjetas?- pregunté manteniendo toda mi atención en como él comenzaba a rebuscar su respuesta hasta mostrarme una en especifico -¿Duques... ¿Eh? ¿Tú madre?- cuestioné notando como él hacía una pequeña mueca para luego simplemente asentir con su cabeza.

La Tirana Del Norte (G!P) MeenBabeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora