¡Bonus!

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Entre el deber ser y poder aparentar





-en una noticia de última hora, se ha dado a conocer un nuevo héroe en metrópolis al que se dice es un discípulo de superman.- en un ataque de enojo lanzó el control remoto a la pantalla, rompiéndola en el proceso, el niño a su lado se asustó ante su arranque, aún llevaba la llave en su cuello, estaba triste, estaba enojado, estaba confundido.


Conner no sabía qué hacer con todo lo que estaba pasando.



Bruno lo había engañado, al menos así lo sentía, se supone que era solo una sesión de entrenamiento con Billy, una pelea amistosa para poder controlar su vuelo, estaba tan enfrascado en la batalla que no se dio cuenta cuando el murciélago desapareció, no hasta que vio la mueca de Billy.

-¿Qué pasa Billy?- pregunto al ver que dejaba de pelear, no pudo mantenerse mucho tiempo más en el aire, sus poderes tenían un límite.

-lo siento Conner, Bruno me dijo que te entregará esto.- Era el cajón, lo tomó con manos temblorosas, era todo el cajón con candado donde estaba su collar, miró a Billy confuso, hasta que una sombra los tapó a ambos.

-no… esperar ¿a dónde vas?- le grito cuando el muchacho se alzó en vuelo y lo dejó atrás, miro a todos lados buscando al murciélago, pero no estaba por ningún lado.

-vamos chico… tenemos que irnos.- miro al súper hombre con odio, después de la noche donde se quedaron solos el solo le dio excusas, diciendo que no podía encargarse de él.

-alejate de mi…- gruño como perro herido, aferrándose a la caja en sus manos, no podía ser verdad, la batalla con Billy lo había dejado agotado como para dar saltos a la mansión, cerró los ojos, buscando el corazón del magnate cerca del lugar, pero no estaba.

-no está, es lo mejor, tú deberías estar aquí, en metrópolis.- lo miro con horror, no podía ser, pero el polvo se dispersó, el enorme letrero le mostró que era verdad, estaba en la entrada de metrópolis.

-no… él no me dejaría, no contigo…- casi rogó, no sabía que estaba mal, las últimas semanas la habían estado pasando en grande, películas, parques de diversiones, restaurantes, viajes.

-tu tienes mi sangre, deberías estar conmigo.- no quería, no debía, su enojo lo cegó y lo último que pudo escuchar fue un lo siento, pero no del súper hombre, era más ligero,más agradable, más dolido.

-Bruno…- lo último que captó fue el cielo oscuro cuando el sol se ocultó, el súper hombre lo había noqueado al saltar sobre él en busca de pelea.















Ahora está ahí, entre la reportera y el súper hombre presionando para salir a entrenar, con ella escribiendo falsos artículos sobre ambos luchando contra el crimen, tratando de aparentar que esto estaba destinado a ser.

Luego en una falsa cordialidad entre kryptonianos el Superman original lo invitó a su fuerte de la soledad.

Estaba oculto entre hielo y aunque tenía cosas impresionantes, un error bastó para saber porque lo llevo ahí.

Era Bruno, estaba en la tele, pero no era Bruno, era Wayne.

-¿Que… qué está haciendo? ¡Es una trampa! ¡Es una jodida trampa! ¿¡Qué hace ella ahí?! ¿!tu lo sabías?!- dejo de gritar al escucharlo hablar, sus puños se apretaron, pero lo entendió.

“Ciudad Gótica, he sido su protector, desde hace muchos años, acabamos de salir de la adversidad, pero sabemos que no es suficiente, tenemos que seguir peleando por un mejor futuro, muchos saben, que tienen grandes talentos, yo sé que muchos de esos grandes talentos se corrompen, pero por eso, váyanse, busquen un lugar donde puedan cultivar sus talentos, seguir sus sueños y cuando estén listos, regresen a seguir mejorando nuestra ciudad, verán que un día, podrán ver sus sueños entre nuestras calles, verán la paz…. Y podrán volver.”

Esas palabras, tenían sentido en su corazón, pero no en su cabeza, luego, vio las patrullas, los helicópteros al hombre de las flechas.

-¡Bruno!- golpeó el panel de la enorme computadora helada, pero él no podía escucharlo.

-cálmate hijo…- el super hombre puso una mano en su hombro, pero él lo empujó  con enojo.

-¡No me llames hijo!- trato de correr a la puerta, debía ayudarlo, nadie estaba haciendo nada, el escualo, el cocodrilo, los miles de ayudantes, nadie.

-No puedes salir de aquí.- se enfrentó al Kryptoniano, rompieron todo el lugar, pero no logro vencerlo, solo pudo observar por la gran pantalla como una de las flechas atravesaba a Bruno.

Sus ojos se llenaron de lágrimas al ver que la transmisión terminaba con todos corriendo, lo encerró en esa fortaleza, no lo dejaron salir hasta días después, cuando logró abrir el cajón después de días enojado lo vio.

Su collar, un traje como el del superhombre, que en lugar de una S roja, la tenía dorada, en lugar de una capa, había una chamarra como la de Jason, solo que era de color negra y tenía picos, lloro al verlo, más al ver la carta, donde le pedía no hacer nada, que lo dejara y que cuidara de los chicos, que cuando él muriera él podría ocupar el lugar de flecha verde en proteger la ciudad y para eso necesitaba la confianza de la liga, que estaba en planes de reintegrarse y con el superhombre se su lado nadie podría negarle la entrada a la liga.

-no te fallare Bruce… los protegeré, aprenderé todos los trucos de Kent y volveré a nuestra ciudad.- murmuró a la noche, el único que lo acompañaba era el hijo del matrimonio, que se apoyaba en su brazo y le daba consuelo.

Mientras la pareja pensaba que se ganaban el cariño del clon, el pensaba en cooperar para aprender y volver a la cuidad oscura.

Pues ellos pensaban que los niños aprendían a convivir juntos y ser un par de hermanos, ampliando así su familia.

Y aunque no se equivocaban con ambos chicos creando un lazo de hermanos, Conner de ninguna manera los veía como padres, no sabía cómo estaban juntos después de todo lo que le contó el infante, pero suponía que ninguno podía dejar al otro y mantener sus secretos a salvo.

La Mafia Wayne Donde viven las historias. Descúbrelo ahora