Epílogo

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Porque le debo su final.

AMINA BELANGER

Observo como se levanta una enorme bandera de la alianza en lo que antes era Lyon. Los soldados revuelven los edificios, recogen los escombros, rescatan sobrevivientes, sean humanos, licántropos, vampiros o brujos.

El bosque está silencioso, ya no se sentía la vibra pesada de tener a miles de demonios observándote para después devorarte de un bocado. Ya no quedan fisuras al inframundo. Desde que se cerró el portal hace tres semanas, no he visto ni una sombra negra con ojos brillantes.

Bajo la colina sin apuro, observando como los camiones de contención evitan a toda costa pasar por aquí. Por fin, después de días, puedo pisar lo que antes fue el campo de batalla, ahora solo está un enorme círculo de tierra infértil y quebradiza. No hay cuerpos, porque todos se los llevó el portal.

No esta mi hermano por ningún lado.

El atardecer ocurría a mis espaldas, pero no podía importarme menos, me siento en el suelo. Un escalofrío recorre mi cuerpo entero cuando las yemas de mis dedos tocan la tierra seca.

"Si uno sobrevive, va a vivir la puta vida por los dos, tendrá una familia, no volverá a esconderse nunca más y será feliz, nada de lamentaciones, nada de llanto"

—Esa maldita promesa era para que la cumplieras tú, no yo, idiota—Murmure, no sé lo que mi corazón quiere expresar ahora, está enojado, pero duele como nunca. —Fui una pésima hermana, para Abel y para ti, lo admito, me cejé con Diana por completo, termine perdiéndolos a ambos cuando intentaba salvarla a ella. Y me quedé sin pan y pedazo. —Suspiro, mientras tallo mis ojos bruscamente. —Estoy segura de que se están partiendo de la risa ahora mismo... En el infierno, por supuesto, juntos ¿Y saben? Estoy más celosa de que ustedes se hayan reunido sin mí, que Diana esté con Favre. Creo que eso es un avance. Pero realmente no creo que pueda... ser feliz... tal parece que no puedo, porque cuando lo soy, comienza el puto fin del mundo. Lo de la familia, lo dudo, voy a decirlo: no me gustan los bebés. Son ruidosos, molestos y apestosos. Lo de "Nada de llanto" es obvio que no lo pude cumplir—Suelto una risa seca—Pero sí puedo prometerles que no volveré a esconderme ¡Jamás! Portaré el letrero que dice que soy la única Belanger que queda, y lo haré con orgullo.

Mis ojos se dirigen a una pequeña flor blanca creciendo en una grieta frente. Esboce una sonrisa, si ella podía crecer aquí, yo también lo puedo hacer ¿No?

Un aullido feroz son captados por mis oídos, no muy lejos de mí. Un ápice de esperanza me hace levantarme y correr hacia ese lugar. Sus gruñidos se callaron de repente y me apuro, esquivando los enormes árboles a gran velocidad.

Me detengo bruscamente, y observo a Valak, la híbrida modificada, tirada en el suelo, respirando débilmente, esta cubierta por una red de grandes cadenas hierros de las cuales no puede escapar.

No es la Alianza.

Escucho como cae alguien a mis espaldas, y saco mis colmillos lista para matarla. Sin embargo, cuando me doy vuelta, oigo su resoplido y un polvo verde musgo se estrella contra mi rostro. Y pierdo el conocimiento.

Cuando logro recuperarlo, lo primero que capto es ¿El sonido del mar? Sacudo mis manos atadas. Logro abrir mis ojos con gran esfuerzo, unos ojos negros se topan con los míos y escucho una risilla.

—Hola, Amina Belanger—Una bruja castaña me sonríe, muy cerca de mi rostro, siento sus dedos acariciar mi cabello, y su tacto me despierta por completo.

Fruncí el ceño, y giro mi cabeza al costado izquierdo, encontrándome con otra bruja de cabello rubio, y un recuerdo vago pasa por cerebro cuando veo sus labios, yo la conozco a ambas, demasiado.

Sword Onyx [3]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora