Lucía salió a la entrada del local de su tío con la cartera por delante y tratando de llamar a su madre, mientras Federico la seguía desde atrás tratando de mantenerse en pie. Es día había cruzado todos los límites posibles que una persona podría llegar a atravesar.
- ¿Lucía?
- Espera un momento, Federico. Estoy tratando de solucionar el lío en el que estás metido. Supongo que no quieres que tus padres te vean llegar así. ¿Y tu tío? –Preguntó con la mirada clavada en el teléfono.
- No, muchos menos a él. No va a dudar en darme unas buenas nalgadas. – Dijo con una sonrisa, Lucía hiso una mueca.
- Gracias a Dios, existen personas con caracteres firmes e inamovibles de sus convicciones. – Suspiró. - ¿Tienes amigos?
- No, se fueron de viaje a las montañas. Vuelven el lunes a la mañana.
- Bien, entonces voy a llamar a mi madre. Quédate ahí un momento. – Dijo mientras se alejaba unos metros para hablar en privado.
Federico torció el gesto ante el tono tan glacial que usaba Lucía. Jamás lo había usado con él. Y posiblemente jamás usara cualquier tono de voz con él, porque de suerte le diría hola a partir de hoy.
- Ya llamé. No contesta. – Informó mientras regresaba. – Voy a pedirle el auto a mi tío.
Fue adentro y luego regresó con su tío detrás que lo fulminaba con la mirada pero al mismo tiempo lo miraba con algo parecido a la burla mezclado con compasión.
- ¿Los llevo? – Preguntó mientras le alcanzaba las llaves a Lucía.
- No hace falta que abandones tu trabajo por mí, puedo solucionarlo sola.
- Ah, no te preocupes por eso. No estaba trabajando. Solo estaba comiendo algo, esperando a que se hiciese la hora de cerrar el karaoke y mandarlos a todos a sus respectivas casas. Vamos, los llevó.
La chica bufó contrariada.
- Deja de bufar como caballo igual que hacía tu padre. Dios, algunas veces eres su calco.
- Vamos tío. Hoy no tengo ganas de recordar a nadie.
- Está bien cariño. Nos vamos. Muchacho, ¿Puedes mantenerte en pie y caminar hasta el auto o necesitas ayuda? – Federico negó tratando de salvar su dignidad.
- Voy solo.
- Como quieras. – Miró a su sobrina. - ¿Y a este a donde lo dejamos? Debajo de un puente sería buena idea, de todas formas no se va a acordar de nada. No te va a culpar.
- Ay tío. Déjate de bromas. Aunque tengo la leve sensación de que no lo es. Pero, se queda conmigo. Y no me mires de esa forma, que está mamá en casa.
- ¿Lo va a permitir?
- Pretendo apelar a su lado compresivo y generoso.
- ¿Qué paso? ¿Por qué vienes en el auto de tu tío? ¿Por qué traes a Fred allá atrás? ¿Por qué esta dormido? ¿Le pegaron? ¿Está borracho? ¿Lo mataste? ¿¡Y AHORA COMO VAMOS A HACER PARA OCULTAR EL CUERPO?! – Lucía gimió en voz alta.
- Mama, calladita te ves más bonita. Fred se emborrachó. Empezó a cantar canciones en el karaoke y hacer el ridículo. Vomitó en mi bolso. Lo llevé afuera. Te llamé varias veces; no atendiste. Pablo me trajo junto a este inconsciente a casa, porque el señorito aquí presente no quiere que sus padres lo vean así y lo entiendo. Asique... ¿Qué hacemos? – Analia alzó una ceja.
- ¿Hacemos? Lo siento, cariño. Tu problema. No puedo decidir por ti, lo mas conveniente para el. Tu lo conoces, no yo.
- ¿Nos lo podemos quedar? ¡Hasta mañana! Lo juro, luego se va. – Suspiró derrotada.
- Está bien. Federico duerme en tu cama, y tú te acuestas conmigo.
- Gracias. – Lucía miró el auto y después a su mamá, con ojitos de ternero degollado. - ¿Me ayudas...
- No. Voy a terminar de ver la película. ¡Di Caprio, allá voy bebe, espérame! – Dijo Analia riéndose mientras entraba en su casa. Lucía suspiró. Y a continuación le pidió a su tío que lo llevase a su habitación ya que se había quedado dormido todo espatarrado en su metro noventa en el asiento del acompañante y no había forma de que ella pudiese sola.
Cuando Federico estuvo acostado y tapado con sus colchas rosadas, imagen que Lucía nunca esperaba ver en toda su vida. Tomó su piyama y antes de salir, lo observó desde la puerta fijamente.
Era un idiota, pero todavía no entendía por que lo había ayudado a pesar de todo. Teniendo en cuenta que ella no solía ser generosa con personas que estaban en las situaciones en las que estaban porque ellas mismas lo habían querido así.
Tenía una respuesta para eso. Pero no estaba preparada para analizarla.
No hoy por lo menos.
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VORÁGINE
Любовные романыCon un vida perfectamente normal y controlada, Lucía se sentía completamente cómoda y feliz. Pero lo que no sabía es que el destino llega en forma de Vorágine a arrasar con todo y provocando que solo las cosas buenas y firmes quedan intactas. En ca...