- Tienes que, por lo menos, admitir que es original. – Fred le guiña un ojo a Luci.
- ¿Es en serio? Tu idea de una cita "original" es comer gomitas en el patio de mi casa mientras jugábamos a las veinte preguntas. –Lucía río. Lo cierto es que no podía imaginarse algo mas perfecto que esto – Asique no, no es original. Es "Fred"
- ¿Fred? ¿Utilizas mi nombre como un adjetivo calificativo? – preguntó el chico confundido con una pequeña sonrisa.
- Sep. Todo esto... -Lucía señaló vagamento el paquete (O los paquetes, mejor dicho) de gomitas esparcidos por la manta a cuadros tirada sobre el césped. – Es algo muy Fred.
- ¡Tienes que darme el crédito, maldición! Las hormigas se están dando un gran festín con mi trasero, por estar aquí contigo. – Después de todo, no es como si tu madre me hubiese dejado mucho margen de acción –Refunfuño Federico arrugando el gesto.
- Oh Dios, ¿Qué hizo?
- Me prohibió cualquier tipo de lugares: oscuros, íntimos, agradables a la vista, donde las distancias sean mínimas, y donde ella no estuviera presente. –Federico frunció el ceño, y la chica notó que realmente le encantaba cuando hacia ese gesto, por alguna extraña razón. – De hecho, lo máximo que logre, después de largas horas de negociación, fue que no estuviera en el patio con nosotros.
- Eso hubiese sido tremendamente, incomodo. – Lucía sonrió, pensando en su madre. Muchos dirían que era muy sobreprotectora para con ella, pero al verdad de todo ese comportamiento es que era tremendamente curiosa, y ya que cada vez que le preguntaba a su hija por detalles ella era muy vaga al responderlos. Decidía enterarse de primera mano todo.
- Exacto, pero me vi obligado a ceder en otra pequeño ítem, por así decirlo.
- ¿En serio? Mi madre puede ser toda una magnifica negociante cuando quiere.
- Ni que lo digas. Al parecer, pequeña pilla –El chico le tocó la nariz con la punta del dedo y ella se apartó riendo. – El número de tus citas es totalmente nulo. Cosa que logra tranquilizar un poco a mi corazón, por cierto. Asique, tu hermana y su marido están mirando por la ventana de la cocina. Oh, espera. Tu madre y tu hermana están mirando por la ventana de la cocina, peeero, tu cuñado está mirando desde la ventana de tu habitación con una mirada que juro, haría que el mismo Hitler se orinara en sus pantalones.
- ¿Es en serio? Lo siento, yo... Es la emoción del momento. Después de que la novedad pase, espero y ruego a Dios, que dejen de molestar con esto. Joder, dan miedo.
- ¿A ti te da miedo? Al que están sometiendo, tortuosamente, a un periodo de evaluación exhaustiva; es a mí. Por favor, dime que tu madre no tiene un detector de mentiras o algo así...
- Solo se limita a usarlo conmigo, y lo hace con la mirada sin que te des cuenta. ¡Es taaan malditamente buena en eso! Asique, - Se encogió de hombros.- Probablemente ni te hayas dado cuenta de que te estaba sometiendo al detector de mentiras, donde el mas mínimo movimiento de tus músculos fáciles, juega en tu contra, y... - se acercó hacia el mirándolo fijamente.- te puede condenar a la muerte.
- ¡LUCY, ALEJATE DE ESE ENGENDRO!
-¿Es en serio? – Fred le frunció el ceño a Nicolas que estaba en la ventana mirándole mal.
- LIZ SACA A LA ZANAHORIA CON PATAS DE LA VENTANA. – A continuación, se escuchó la risa de Lisbeth y un "Zoquete, sal de la ventana que te descubrieron"
- Oh. Dios. Mío. Esa estuvo buena - Dice Fred. – A todo esto, como es que tú hermana se casó con la copia trucha de Ed Sheeran.
- Mucha persuasión; en envase de cloroformo y cuerdas para amarrarla. Oh, cierto, y una mordaza. Lizzie puede tener unos terribles agudos cuando quiere.
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VORÁGINE
RomanceCon un vida perfectamente normal y controlada, Lucía se sentía completamente cómoda y feliz. Pero lo que no sabía es que el destino llega en forma de Vorágine a arrasar con todo y provocando que solo las cosas buenas y firmes quedan intactas. En ca...