Capítulo 27

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- Pedro, pásame la sal. – Pidió Amelia.

- Si la bella Señora lo desea así, pues aquí tiene. – Amelia se sonrojó más allá de lo decible y tomó el frasquito. Federico fingió una arcada.

- Por qué la señorita aquí presente te haya frenado los pies, y cortado tu ración de amor no significa que todos los demás tengamos que estar igual que tú. – Dijo Pedro con una sonrisita cargada de malicia.

- Todo se debe a que la Señorita aquí presenta es más terca que una mula. – Aclaró hosco Federico, dedicándole una mirada de reproche a Lucía que no levantaba la vista de su plato.

- Mi humilde opinión, es que la Señorita tiene sus validas razones para comportarse como una mula. – Lucía levantó la vista dirigiéndole a Federico una sonrisa triunfal.

- Gracias Pedro. Siempre es un gusto estar rodeada de personas razonables.

- El placer es mío.

La cena transcurrió con total normalidad, salvo por el silencio imperturbable de Lucía. Pero los constantes galanteos de Pedro hacía las damas continuó inalterables para alteración de Federico.

Minutos después Lucía se levantó excusándose, para ir a la habitación de Federico a revisar sus redes sociales y sobretodo su canal de Youtube un poco olvidado debido a los acontecimientos.

Federico, viendo que está era su oportunidad de hacerla entrar en razón la siguió unos minutos después cuando Amelia y Pedro estaban enfrascados en una charla muy amena sobre... bueno, sobre algo.

Entrando se encontró con Lucía recostada en la cama, con su Notebook en sus piernas y sus lentes de lectura. Pensó que se veía demasiado linda, pero tenía que concentrarse en su enojo que se había extendido más de una semana. Debido a que ella siempre estaba ocupada para charlar. Sospechaba que se debía a que su enojo no había menguado lo suficiente como para enfrentarse a una disputa.

- ¿Podemos hablar ahora o estás muy ocupada?

- Depende del tema. Si quieres hablar sobre el tiempo, la escuela o tu recuperación. No hay problema. Pero me temo que sigo reacia a tratar el tema que tanto te interesa desde hace una semana.

- ¿Puedes dejar de tratarme con tanta formalidad? ¡Me desespera!

- Bien, no tengo ganas de pelear contigo. Asique siéntate ahí haciendo silencio y transfórmate en una maceta o yo que sé. Me basta con que seas una masa inerte.

- ¡BASTA! – Caminando con dificultad gracias a su yeso se acercó a su cama y le arrebató la portátil de sus manos dejándola sorprendida.

- ¿Qué demonios sucede contigo..? – Exclamó levantándose enfadada.

- O te calmas, o te calmas. – Amenazó y acto seguido la arrastró contra sí y la besó.

Luego de soltarla, la miró con una ceja arqueada y Lucía no podía obligar a su cerebro a salir de su estupor.

- ¿Estás más tranquila? Si no es así, con todo gusto te trato de tranquilizar de nuevo. – Intentó acercarse de nuevo pero la chica finalmente reaccionó y lo freno colocando una mano en su pecho.

- No. Está bien. ¿Qué quieres?

- Voy a visitar a Analía. Pero solo unos minutos y con la condición de que Gustavo no se encuentre cerca.

- ¿Qué pasó con Gustavo? – Federico se sentó cuando su pierna le empezó a doler y Lucía se sentó junto a él. Relativamente lejos, a lo que la acercó hacía él.

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