Lucía había pasado todo su fin de semana tratando de disminuir su nivel de ansiedad que subió por las nubes en el mismo momento en el que le dio "enter" al email que contenía su humilde texto. Su madre le cepilló el cabello, su hermana trajo a sus sobrinos pero era imposible para ella tranquilizarse.
Aunque sabía que se engañaba así misma haciéndose creer que todos sus nervios eran por el bendito artículo. Bien, no era así.
Era por Fred. Y estaba más que nerviosa por esta admisión, ya que existía la vaga posibilidad de que el joven hubiese calado más hondo en su sistema de lo que ella se animaba a creer.
Lo único que la distraía un poco era escuchar música y hacer videos para canciones. De hecho, este era su gran secreto escondido del que nadie jamás sabría.
Su canal de YouTube tenía varias visitas, y muchos usuarios habían admirado su trabajo de excelente calidad y estaba orgullosa de ello. Pero no iba dejar que nadie se enterara porque eso lo arruinaría de alguna forma u otra. Tendría más presión en sus hombros por intentar superarse en creatividad con cada video y no quería eso. Era mejor no tener cara para el mundo. No había críticas, por lo menos no de personas conocidas u amigos que eran los que mas importaban. Y dañaban.
Debía admitir que su pequeña y secreta victoria le sabía un poco vacía ya que sus comentarios positivos eran de personas sin rostro, al igual que ella, que no conocía y que por lo tanto su opinión no podía importarle menos.
Pero la situación se quedaría así indefinidamente, hasta que se decidiera lo contrario. Lo cuál era casi imposible teniendo en cuenta su carácter.
Se levantó maldiciendo el momento en el que se quedó sentada frente al monitor hasta las tres de la madrugada, en vez de llevar su trasero hasta su cama antes de las doce, como de costumbre.
Desayunó lo más rápido posible y se dirigió hasta su auto, que como era habitual en pleno invierno, no funcionó. Dándose por vencida decidió tomar un colectivo, rechazando la idea de llevarle el auto a Fede para que lo arreglara. Primeramente, por qué era un gran golpe a su orgullo y su firmeza de carácter, y segundo porque hace dos días se lo había devuelto, después de tenerlo en arreglo por mas de dos semanas.
Su auto amaba su garaje, o simplemente amaba a Fede, y la traicionaba a diario.
Luego de que el colectivo la dejase a tres cuadras del gimnasio de la escuela, y ella las caminara se encontró con su Profesora de gimnasia, Amanda.
Por más que Lucia quisiera odiarle con cada fibra de su ser, era imposible. Amanda era el ser mas dulce sobre la faz de la tierra, y sin intención de ofender a los practicantes de la profesión, no era un completo demonio y por lo tanto, era aun más difícil enojarse con ella.
De hecho, esperaba en la puerta a las alumnas hasta que todas ellas entraran en el establecimiento. E inclusive, si el frío era demasiado les servía una pequeña tacita de café.
Un amor, e imposible de aborrecerla.
Lucía saludó con una mínima sonrisa a su profesora y entró al gimnasio con un breve sentimiento de ahogamiento. No podía evitarlo, los lugares destinados al ejercicio físico le producían urticarias.
Tal vez por ello sus caderas fueran ganando espacio a medida que pasaba el tiempo. Pero iba a pensar en ello después.
Las demás chicas entraron riendo y de buen humor mientras se estiraban para la clase, sus equipos de gimnasia eran intachables y al parecer, en cualquier momento alguien de una revista las fotografiaría. Miró sus desastrosas ropas y se encogió de hombros; sus jogging y su camiseta ancha, junto a lo que quedaban de zapatillas eran la cosa más cómoda que pudiese haber y no iba a renunciar a ellos con facilidad.
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VORÁGINE
RomanceCon un vida perfectamente normal y controlada, Lucía se sentía completamente cómoda y feliz. Pero lo que no sabía es que el destino llega en forma de Vorágine a arrasar con todo y provocando que solo las cosas buenas y firmes quedan intactas. En ca...