- ¿Qué demonios haces? – Federico clavó sus ojos grises en los de su padre, que contenían grandes dosis de ira. Como siempre.
- Oh nada, solo observaba que materias había en la carrera de Filosofía y Letras.
- ¿Por qué pierdes el tiempo en esa tontera? Vas a estudiar Derecho, una carrera de verdad. ¿Filosofía y letras? Dios mío, lo que me faltaba. Mantener económicamente a un Neruda frustrado que escribe versitos estúpidos. Ni lo sueñes. Dame eso.
Gustavo Schmiters estiró la mano que tiritaba de ira hacía su hijo que lo miraba nervioso. Fede tragó en seco. De nuevo la misma discusión.
- No, papá. ¿Ahora si puedo llamarte así? Estos papeles se quedan conmigo; vive con eso.
- ¡No! ¡No puedes llamarme así! No voy a ser padre de un maricón que va a desperdiciar su vida en una carrera sin futuro. ¡Madura, por Dios!
- ¿En qué planeta es considerado de maricones escribir? Es un arte...
- ¿Un arte? ¿Y qué dinero deja el arte? ¡Oh, déjame adivinar! – Gustavo hizo un gesto teatral lleno de desprecio. - Lo suficiente para pagar un departamento de mala muerte, donde a duras penas tienes una cama y te alimentas de comida rápida rancia. ¿No es así? Hermosa vida.
- No todo gira alrededor del dinero, Gustavo. – Le recordó Federico, rodando los ojos.
- ¡Claro que si! El dinero te viste, te da de comer y...
- Hace que tu esposa recurra a la bebida ya que el esposo nunca está porque tiene que trabajar para tener buenos ingresos y mucho status, ¿No? – La mirada del hombre se tornó turbia, y Federico asumió que si no se iba de ese cuarto y no cerraba la boca, le iba a dar la paliza de su vida.
De nuevo.
- ¡Cállate, carajo! Fuera de mi vista. ¡En qué demonios estaba pensando al tenerte! Tendría que haber dejado que tu madre te tirara en algún terreno abandonado. Al menos hubieses servido de alimento para los perros.
- Oh lamento haber arruinado tu vida, estúpido bastardo. Preferiría estar muerto antes que vivir esta vida de mierda llena de lujos. Maldito cobarde desgraciado. Ojalá te mueras.
Federico se sorprendió ante la cantidad de veneno que podía salir por su boca si le dabas permiso. Llevaba años, y años aguantando una madre alcohólica que vomitaba y se desmayaba más de lo que respiraba, y un padre agresivo que de puertas hacia afuera jugaba a la familia feliz. El odio ya no podía detenerse; lo habían arruinado condenándolo a una vida de resentimientos.
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VORÁGINE
RomanceCon un vida perfectamente normal y controlada, Lucía se sentía completamente cómoda y feliz. Pero lo que no sabía es que el destino llega en forma de Vorágine a arrasar con todo y provocando que solo las cosas buenas y firmes quedan intactas. En ca...