58. Operación Jeon III

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Siendo que era bastante tarde cuando salió de la facultad (luego de que Taehyung se fuera) decidió caminar tranquilamente hasta un mini mercado para hacer unas compras, tomó productos que le hacían falta en casa y otros tantos para regalar, entre ellos una cajita de mandarinas frescas.

Pues pensaba visitar al profesor Min.

Desde el incidente ya se le había hecho costumbre visitarlo en su casa unas cuantas veces por semana, pues, aparte de que era la única forma de verlo, ya que se había tomado un descanso de la academia de música, también había desarrollado este nuevo gusto por platicar con el sobre trivialidades o cosas que le agobiaban, pues lo consideraba un hombre sensato y que lo entendía.

La realidad es que, hasta hace unos días las visitas eran diarias, pues aparte de él no había otro adulto que tuviera suficiente tiempo libre como para monitorear el estado del convaleciente Min Yoongi, dejarle esa carga a Yuna, que era solo una adolescente se le hacía demasiado cruel. Aunque bueno, después de que una nueva presencia se les uniera fue reduciendo el número de visitas.

Al llegar al vecindario de Min se dirigió hasta la puerta de su casa, sosteniendo con una sola mano las dos bolsas de mandado que había hecho, antes de presionar el botón del timbre escuchando el mismo resonar desde dentro.

Se escuchó algo de ajetreo desde el interior, además del fuerte ruido de la televisión, algo poco común en casa de Yoongi quien siempre había preferido más del silencio. Unos cuantos segundos después la puerta se abrió y está vez fue recibido por alguien a quien no conocía.

—Hola ¿Quién eres?—Preguntó el muchacho castaño desde el umbral de la puerta, como si se negará a abrirle.

Jungkook frunció el ceño.—Podría preguntar lo mismo.

Tuvieron una pequeña guerra de miradas juzgonas antes de que una suave y femenina voz se escuchará detrás.

—¡A, Hobi hyung, ese es Jungkook, déjalo pasar!—Dijo Yuna desde el sofá.

El aludido por fin sonrió, mucho menos alerta.—Ahh... Con que tu eres el famoso Jungkook, pasa, pasa.—Se rio un poco por fin abriendo la puerta en totalidad.

El azabache ingreso a la casa, quitándose el calzado en la entrada y viendo un desastre en la sala de estar normalmente de aspecto pulcro, había bolsas de frituras por todos lados, una botella de gaseosa a la mitad en el piso y el ruido de la televisión era tan atronador que le hizo fruncir el ceño.

Yuna se giró desde uno de los sofás, sonriendo con simpatía.—Hola, Jungkook.—Le saludó la adolescente.

—Hola.—Miró de un lado a otro sin encontrar al peli-menta.—¿Y Yoongi hyung?

—Mi hermano esta durmiendo.—Informó la chica.

El joven que le había abierto la puerta paso a su lado, yendo a tirarse en uno de los sillones con toda la confianza del mundo, tomando una papa de una de las tantas bolsas que había en la mesita de centro.

—¿Amigo tuyo?—Le preguntó el azabache.

Antes de que Yuna pudiera contestar una voz le respondió desde la cocina.

—Mío.

Esa voz pertenecía a esa nueva presencia que se les había unido, así que no le sorprendió.

Dejando atrás a los dos que parecían muy entretenidos viendo la televisión y comiendo comida chatarra, se dirigió hasta la cocina, encontrando al rubio en la mesa del centro, con la mejilla manchada de harina, usando guantes de látex y el bonito ceño fruncido mientras amasaba una especie de "engrudo" ya bastante hastiado.

𝑬𝒍 𝒅𝒊𝒍𝒆𝒎𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒆𝒙𝒐 • [ ᴋᴏᴏᴋᴛᴀᴇ ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora