Yo ya sé que tengo una discapacidad, sí. Pero tranquilo, que no se contagia... de momento.
La gente muchas veces me mira como si acabara de aterrizar de otro planeta. Yo les devuelvo la mirada pensando: "¿Qué pasa? ¿Nunca habías visto a alguien con más personalidad que tú?"
Tengo mis limitaciones, claro. Todos tenemos alguna. Algunos no pueden correr, otros no pueden subir escaleras y otros directamente no pueden mantener una conversación sin decir una tontería. Yo, por lo menos, tengo excusa.
No necesito que me traten como si fuera de cristal. Si me caigo, probablemente me levante. Y si no me levanto, pues habrá que llamar a alguien... tampoco vamos a convertir esto en una película de acción.
Me gusta reírme de mí mismo porque bastante serio es ya el mundo. Tengo sueños, ganas de vivir y un sentido del humor que, sinceramente, debería estar considerado discapacidad por riesgo para terceros.
Así que sí, tengo una discapacidad. Pero antes de eso soy una persona. Y si vas a conocerme, prepárate: probablemente termine riéndome de la situación antes que tú.
Porque desde pequeño aprendí que la vida no viene con instrucciones. En mi caso, además, parece que alguien perdió algunas páginas del manual.
Hay gente que cuando me conoce se queda un poco cortada, como si no supiera qué decirme. Yo tampoco sé qué decirles, así que estamos en las mismas.
Lo mejor es cuando alguien intenta ayudarme sin preguntarme primero.
—¿Quieres que te ayude?
—No.
—Venga, que no me cuesta nada.
—A mí tampoco me cuesta decirte que no.
Y ahí empieza una batalla diplomática que ni la ONU podría solucionar.
También me hace gracia la gente que piensa que tengo que ir por la vida con cara triste y música dramática de fondo. Pero2 bastante tengo ya con mis propios problemas como para encima ponerme banda sonora.
Tengo días buenos y días malos. Días en los que me como el mundo y otros en los que el mundo me come a mí. Como cualquier persona.
Y luego está el tema de ligar.
Porque aparentemente hay gente que piensa que si alguien necesita un poco de ayuda en unas cosas, también necesita que le expliquen cómo funciona el amor.
No, cariño.
Una cosa es necesitar ayuda para algo y otra muy distinta necesitar clases particulares para ligar.
Además, bastante complicado es ya entender las indirectas. Si alguien me dice "tenemos que quedar algún día", necesito un traductor simultáneo.
Mi filosofía es sencilla: si puedo hacer algo, lo hago. Si no puedo, busco otra manera. Y si ninguna funciona, siempre queda la opción de echarle la culpa al universo.
No necesito que me miren con pena.
Prefiero que se rían conmigo.
Y si alguna vez me ves haciendo algo que parece complicado, no pongas cara de preocupación. Déjame intentarlo primero.
Porque quizá no lo haga como tú.
Pero probablemente encuentre una manera.
Y si sale mal...
Bueno.
Al menos tendremos una buena historia que contar.
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Queridos lectores
Si has llegado hasta aquí y alguna parte de esta historia te ha hecho sentir identificado, quiero recordarte algo:
No tienes que pasar por todo esto a solas.
Tener una discapacidad, sentirte diferente, sentirte rechazado, estar cansado de tener que explicar quién eres o simplemente estar pasando por un momento en el que no sabes cómo seguir puede resultar muy difícil.
Pedir ayuda no te hace débil.
Necesitar a alguien tampoco.
Habla con alguien de confianza, con un profesional de la salud o con una asociación que pueda acompañarte. No tienes que esperar a estar al límite para pedir ayuda.
Si estás en España y estás atravesando una crisis emocional o tienes pensamientos de hacerte daño, puedes llamar al 024. Es una línea gratuita, confidencial y disponible las 24 horas, todos los días del año. También ofrece atención por chat.
Si existe un peligro inmediato o crees que puedes hacerte daño ahora mismo, llama al 112 o acude a Urgencias.
Y si lo único que necesitas hoy es que alguien te escuche, empieza por una persona. Un amigo. Un familiar. Un profesor. Un médico. Alguien.
No tienes que saber explicar perfectamente lo que te pasa.
A veces basta con decir:
«No estoy bien y necesito ayuda.»
Y eso ya es suficiente para empezar.
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𝐃𝐞𝐬𝐠𝐚𝐫𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐀𝐥𝐦𝐚
PoésieSoy escritora, no satisfecha con los sentimientos reales; ansiosa, me impongo a imaginarlos. Recuerdo todo a la perfección: mi corazón no tiene piedad. No puedo dormir, solo derramo sangre sobre el papel. No sé si eso me hace buena o mala persona. N...
