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¿He sido yo?

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Abrí los ojos y noté cómo los rayos de sol acariciaban mi rostro, ya era de día, por fin había pasado la terrible noche en la que las dudas se acumulaban en mi cabeza, todas aquellas preguntas sin respuesta se habían apaciguado después de horas de sueño, ahora estaba más tranquila, aunque me dolía la cabeza.

Salí de la cama y abrí la puerta de mi habitación, entonces escuché un murmullo de la planta inferior, por curiosidad empecé a bajar las escaleras que quedaban justo enfrente de mi cuarto, pero me quedé a medio camino de llegar abajo, justo cuando pude oír con nitidez lo que mi familia comentaba.

-Quizá haya sido ella...-Sonó una voz preocupante, era Athan.

-¿Ella?... Pero si ella aún no ha...- Continuó Ametz, pero no acabó la frase que se quedó en el aire durante unos segundos.

-Ametz, es evidente que ella tiene mucho poder, más del que nos imaginamos.- Athan hablaba muy seguro de lo que decía, pero yo no sabía de quién estaban hablando.

-Sí, Athan tiene razón, su poder debería de haber despertado hace unos años y todavía sigue dormido, deberíamos estar preparados para afrontarlo cuando su poder aparezca...- Comentó mi madre.

Fuese lo que fuese no hablaban de ninguna broma, si mi madre comentaba algo de manera tan seria como lo estaba haciendo, es que la conversación era realmente importante.

No pude contener mi curiosidad y mi afán de saber más, así que me acerqué a la cocina dónde se encontraba toda la familia desayunando.

-¿De qué habláis?- Interrumpí la conversación, ya me habían excluido bastante en las últimas reuniones familiares, yo también tenía derecho a saber y dar mi opinión, ya no era una niña.

Los miembros de mi familia no sabían qué decir ni qué hacer, sabían que yo podía llegar a ser muy persistente y no pararía hasta que consiguiera saber la verdad, así que inventar una excusa con éxito era un verdadero reto para ellos, por lo que más les valía contarme la verdad.

- Esto... pues verás... te acuerdas de... mmm...- Haize, mi padre, intentó poner una excusa pero no se le ocurría ninguna, nunca fue bueno poniendo excusas, así que se lo noté al instante.

-De lo que ocurrió en el lago ¿te acuerdas?- Intervino rápidamente mi madre, Dionne.

-Sí, ¿Cómo iba a olvidarlo?- Respondí extrañada, había pasado hacía menos de un día y me había pasado la noche entera dándole vueltas a todo aquello de los mundos paralelos.

-Pues Ametz vio a una chica.

¿En serio mi madre esperaba que le creyera? Yo había estado allí el día anterior y no había nadie, absolutamente nadie, claro que si mi hermano lo decía, quizás era verdad...

-Eh, sí, sí, yo vi a una chica- Ametz respondió nervioso, demasiado nervioso para que fuese una respuesta sincera, todo esto estaba siendo muy raro, pero les seguí la corriente.

-¿Y qué pasa? ¿Crees que esa chica alteró el continuo espacio tiempo?- Los miré uno por uno a los ojos, esperando que alguien me contestara, pero prácticamente me rehuyeron la mirada y fingieron tener más interés en mirar otras cosas.

-Podría ser...- Dijo Athan mirando sus manos cerradas en un puño y que estaban reposando encima de la mesa de la cocina.

Se hizo un silencio incomodo en el cual nadie hacía nada, no hablaban, no se movían y no se miraban. Me estaba empezando a cansar de los secretitos y notaba cómo la ira se iba apoderando de todo mi ser pero traté de contenerme, calmarme y no dejarme llevar, pero eso no significaba que cesara en mi intento de saber la verdad.

-Es extraño porque yo no vi a nadie...- Quise sonar convincente y tranquila, pero mi entonación se había vuelto agresiva y no sólo eso sino que noté como tenía el ceño fruncido y los miraba a todos con rabia. Definitivamente no se me estaba dando demasiado bien reprimir mi ira, así que me repetía mentalmente un "cálmate, cálmate, cálmate" como si fuera un mantra.

-Bueno es que verla verla... no la vi, yo... sólo... la presentí...- Mi hermano Ametz cada vez estaba más nervioso, demasiado raro para ser cierto, él siempre se mostraba seguro de sí mismo, era una persona de confianza, pero ahora estaba viendo que no era realmente así, me estaba mintiendo y no lo iba a consentir.

-Entonces ¿Cómo sabes que era una chica si no la viste?- Le espeté mientras me acercaba a él. Estaba sentado y podía ver su perfil tenso y angustiado, cuando le dije eso me incliné hacia él quedándome a su altura y poniendo mis manos sobre la mesa con un golpe. Todos los presentes se sobrecogieron al oír el golpe de mis manos contra la madera y Ametz me miró de reojo, entonces aproveché ese instante para lanzarle una mirada inquisidora, una mirada en la que se podía leer perfectamente un "te he pillado, no puedes engañarme".

-Debe ser intuición femenina- Dijo mi madre mientras sonreía, quería romper el hielo y la tensión que se había creado, quería crear paz pero yo no, no quería paz ni relajarme ni olvidar el tema como si nada hubiera pasado, no quería fingir que no me importaba todo eso, quería la verdad, tan sencillo como eso y me la estaban prohibiendo sin ningún motivo.

La sangre me empezó a hervir, mis ojos escocían y no pude reprimir que unas lágrimas asomaran de ellos, estaba harta de las mentiras y ya no podía controlarme más, no podía seguir callando todo lo que pensaba así que me abandoné a la ira y dejé que la rabia hablase por mí mientras lloraba y se me entrecortaba la voz.

-Oh vamos, ¿Por qué siempre andáis escondiéndome todo lo que pasa a mi alrededor? ¿Creéis que soy estúpida? ¿Pensáis que no me doy cuenta de lo que pasa? No soy una niña tonta a la que podéis manipular a vuestro antojo, además no sabéis mentir, se os nota demasiado, está claro que inconscientemente yo alteré el continuo espacio tiempo, ¿o me equivoco?

Cuando acabé se hizo un silencio en el que sólo se oían los latidos de mi corazón a toda velocidad y golpeando mi pecho con furia, también se oía mi respiración jadeante, me faltaba el aire y por más que me esforzara en respirar parecía que no era suficiente el oxígeno que obtenía en mis pulmones. Todos los miembros de mi familia se miraban entre ellos sin saber qué hacer, si continuar con excusas o finalmente decir la verdad y acabar de una vez con esa maldita farsa.

-Está claro que no te podemos engañar, tienes razón hija, decidimos ocultártelo porque creíamos que era lo mejor para ti, pero no creíamos que pudiéramos hacerte daño con esto, lo siento cariño.

Mi madre fue la única que acabó cediendo y me dio la razón, en su rostro se mostraba angustia y arrepentimiento y se acercó a mi alzando sus manos para darme un abrazo, pero sabía que aquel gesto era sólo para que ella se sintiera mejor con ella misma, no por mi, aún estaba enfadada y no quería que nadie me tocara, que me miraran con lástima o que quisieran buscar mi perdón con cariño, habían llegado demasiado lejos y no se lo podía consentir a nadie. Me erguí y retrocedí hasta chocar con la pared de la cocina, lo suficiente para esquivar a mi madre y que ella se diera cuenta de que no quería su abrazo, entonces ella se detuvo, inclinó su cabeza mientras me miraba con lastima y se llevó las manos a sus labios.

Entonces empecé a hablar de nuevo, pero ahora ya no era la rabia la que se había apoderado de mí, sino la tristeza, y en vez de emitir una voz clara y fuerte tan solo pude dejar escapar un leve susurro.

-¿Entonces por qué no me lo dijisteis? ¿Qué hay de malo en mí? Decidme de una vez lo que está pasando, por favor...

Otro silencio se apoderó de la cocina, esta vez un silencio angustioso y más largo acompañado de mis sollozos que ya no podía controlar ni reprimir.




Mundos paralelosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora