Recuerdos de Rick III: El comandante Morphy

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Un par de días más tarde ya estaba totalmente recuperado, mi piel había recuperado su pálido color y los pliegues de las quemaduras habían desaparecido por completo de mi cara y de mi cuello. Por desgracia eso significaba que volverían a meterme en mi celda y que se retomarían las torturas, aun así eso no era lo que más me preocupaba. En los dos días que pasaron hasta mi total recuperación no volví a ver a Taryn, en su lugar venía una mujer de avanzada edad con arrugas pronunciadas por toda su cara y el pelo canoso recogido en un moño, era una señora bajita y muy delgada que no tenía cara de ser muy empática ni cariñosa. En la chapa que colgaba de su bata blanca podía leerse su nombre y apellido, "Bárbara Yallow".

Un par de golpecitos en la puerta de la enfermería me despertó de mis pensamientos.

-Buenos días Rick, hora de volver a casa.

El comandante Morphy entró en la enfermería y rápidamente se posicionó junto a mi camilla. Él rebosaba de energía y sonreía de oreja a oreja.

-Borra esa maldita sonrisa de tu cara Morphy- Bufé a regañadientes. No podía haber nada peor que volver a la rutina diaria, sólo de pensarlo se me revolvía el estómago y me daban ganas de vomitar.

- Vamos Rick, no seas tan duro conmigo, sonrío porque me alegra verte recuperado del todo- Durante unos segundos se hizo un silencio de incredulidad y hubo un cruce de miradas escépticas. – Chico ya sabes que la gente muere aquí cada día a todas horas, eres el único que ha sobrevivido tanto tiempo y a todas las pruebas y no solo eso, sino que progresas. Eres muy importante para ellos, así que siéntete afortunado de seguir con vida.

- ¿De qué clase de vida me estás hablando Morphy? ¿De verdad crees que esto es vida?- Sin darme cuenta empecé a subir el tono de voz, la rabia recorría mis venas cómo si fuera veneno. Quería gritarle y golpearle con todas mis fuerzas, quería desahogarme y hacer que alguien pagara por este destino que me había tocado. De alguna forma empecé a retorcerme en mi camilla y a mover mis manos y pies para zafarme de las correas, pero era inútil.

Morphy se acercó a mí y puso sus manos sobre mis clavículas para sujetarme e inmovilizarme, para que de alguna manera me tranquilizara.

-Ey chico, calma. Sé que esto es duro, no puedo llegar a imaginarme lo mucho que has sufrido toda la vida, pero no puedes perder la esperanza ¿me oyes? Algún día saldrás de aquí y podrás empezar una vida nueva.- El comandante agarró mi cara entre sus manos y me así a mirarle a la cara. Tenía sus ojos color café clavados en mí y me miraba de forma paternal, tratando de calmarme, consolarme y darme fuerzas para salir de ahí y continuar aguantando. Morphy me hacía sentir extraño, me transmitía seguridad, calma y confianza, pero eso no era suficiente, en este lugar había aprendido a no confiar en nadie, y había una regla sagrada que no fallaba nunca: "Aquí todos van a hacerte daño". De todas formas, desde que tengo memoria, recuerdo a Morphy a mi lado, siempre se ha encargado de mis traslados desde mi celda hasta las salas de torturas y viceversa, se ha encargado de servirme la comida y retirármela por la rendija que quedaba por debajo de la puerta de mi celda, siempre era él el que venía a buscarme de la enfermería, e incluso estando inconsciente sentía la sensación de que era él quien cargaba conmigo después de una sesión de descargas eléctricas o de prenderme en llamas y me llevaba hasta la enfermería de Taryn.

Recuerdo una vez, cuando aún era niño y hacía poco que había llegado aquí, me acurruqué en un rincón de mi "habitación" y me puse a llorar. Los gritos y llantos de los demás apresados se colapsaban en mi cabeza haciéndome presa del pánico y del miedo. Morphy se dio cuenta y se acercó a la puerta de mi celda y se quedó allí todo su turno cantándome canciones alegres para críos y hablándome de las cosas que había en el mundo exterior, tan solo para distraerme y que dejara de pensar en el lugar dónde estaba y así poder tranquilizarme.

Mundos paralelosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora