Las gotas de lluvia mojaban mi cabello y delicadamente caían sobre mi cara, tenía el cuerpo empapado pero mis pensamientos no me permitían notar el frío que helaba mis huesos por dentro.
¿Quién soy? Un Aima.
¿De qué mundo vengo? ¿De éste? No lo sé.
¿Los Quinegos quieren ayudarme realmente? Tal vez sí, o quizás no.
¿Usmev me ayudaría a encontrar la verdad, a encontrarme a mí mismo? Eso parecía.
¿Mi padre realmente está vivo y en este mundo? Sí.
¿Y ahora qué?
-Chico arrímate al fuego o acabarás con una pulmonía.
Usmev me miraba con atención desde el otro lado de la hoguera que había encendido. Habíamos estado horas caminando en silencio hasta que encontramos una cueva en la que nos pudimos refugiar de la tormenta, y allí estábamos los dos, cada uno inmerso en sus pensamientos alrededor de la hoguera, tratando en entrar en calor, como si eso fuera a reconfortarme...
-Deberías descansar un poco, han sido unos días intensos.
Traté de ignorar los consejos de Usmev, ahora solo quería sumergirme en mí mismo, hurgar en cada una de las preguntas sin respuestas para acallar las voces que me repetían una y otra vez preguntas sin sentido. Cerré mis ojos con fuerza y agarré mis castaños cabellos todavía húmedos, inconscientemente empecé a balancearme rítmicamente hacia adelante y atrás mientras lentamente mi cuerpo se encorvaba y me ponía en posición fetal. Todo dentro de mí parecía querer romperse para así acabar con todo, sentía como el oxígeno dejaba de circular por mi cuerpo, me asfixiaba así que empecé a respirar entrecortadamente, mi garganta se espesaba y mis ojos escocían. No tenía fuerzas para contenerme más así que lo dejé ir. Empecé a llorar desconsoladamente, a gritar de dolor por la frustración y la desesperación, sollozaba como nunca antes lo había hecho, es más, ni siquiera sabía que se podía llorar de la manera en que yo lo estaba haciendo, pero a pesar de la sensación de angustia y desesperación también empecé a sentir un alivio y una calma que hacía tiempo que no sentía.
Noté la mano de Usmev en mi espalda y poco a poco dejé de oír mi propio llanto para prestar atención a la canción que tarareaba, era una melodía familiar, como si ya la hubiera oído antes en algún lugar, en algún momento de mi vida. De cualquier manera el tener a Usmev a mi lado me reconfortaba y me daba seguridad, todavía no podía entender por qué sentía ese extraño apego a ese hombre, quizás tenía algún sentido ese vínculo con él, quizás sólo tendría que intentar recordar mi vida en este mundo, tal como Usmev me decía.
Lentamente mi respiración se fue relajando y poco a poco mis parpados se fueron haciendo tan pesados que era incapaz de abrirlos, mi cuerpo se destensó y me dejé caer sobre el hombro de Usmev y fue entonces cuando conseguí dormirme.
De repente era pequeño, tan solo un bebé en los brazos de mamá, yo lloraba pero una voz me reconfortaba, era una voz grabe que cantaba en pequeños susurros que me envolvían y me calmaban. Esa voz y esa melodía eran tan parecidas a la voz y a la canción de Usmev... Tanto que juraría que era él cantando justo igual que en el instante antes de quedarme dormido.
Noté una mano revolviendo mi cabello y entonces desperté.
-Vamos Zeth, el sol ya ha salido, hay que ponerse en marcha que todavía nos quedan 14 lunas para encontrar a tu padre.
-No me digas que estaremos dos semanas durmiendo en cuevas y bosques...
- Claro que sí, y comiendo frutas de los árboles y peces que logre pescar en el río que tenemos a unos kilómetros.
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Mundos paralelos
Fantasy"Siempre parecía distante... como si todo lo que pasara a su alrededor, no fuera con ella, era distinta, ella era... especial." Ésto es lo que pensó Zeth cuando vio a Zoe por primera vez, pero ¿la volverá a ver? y¿qué secretos tan profundos esconde...
