Confía en mí

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-Entonces...- Medité lo que iba a preguntarle, no estaba seguro de si era lo correcto.

Usmev se quedó en silencio, esperando a que continuara, me miraba fijamente sin parpadear y poco a poco empezaba a sonreír tímidamente.

-¿Sí?- Hizo un ademán para que continuara.

-¿Es probable que los Quinegos y los Aima tengan mucho en común?

-Jajajaja- Se atragantó con su propia saliva de lo mucho que reía- Estás en lo cierto, están estrechamente relacionados, bueno supongo que he de contarte la historia des del principio.

Como toda historia todo tiene su inicio, esta empieza un 11 de octubre del año 1593, ¿te suena de algo esta fecha?

-Hace más de 500 años...-contesté.

-Mmm, me temo que eso es un no...- Negué con la cabeza dándole la razón de que no tenía ni idea.

-Bien,-continuó Usmev- ese mismo día fue el nacimiento de Nicolaes Pietersz Tulp. ¿Lo conoces?

-No sé de quién me estás hablando.- Le miré con ojos confusos, por qué me estaba contando algo de hacía más de 500 años, ¿acaso la existencia de los Quinegos se remontaba hasta aquella época?

-Bueno, Nicolaes fue un importante profesor de medicina en Ámsterdam. Daba lecciones de anatomía, normalmente con cadáveres humanos de hombres delincuentes que habían sido ahorcados por la justicia de la época, de hecho hay un retrato realizado por Rembrandt, donde se muestra una de estas lecciones de anatomía que Nicolaes hacía.

-Sí, el cuadro creo haberlo visto alguna vez, pero ¿realmente está todo relacionado?

-No seas impaciente- suspiró, seguidamente apoyó su cara en su mano derecha y me miró de reojo- Si hay algo que he aprendido, es que cada cosa tiene su momento, no debemos anticiparnos, eso solo trae problemas.

Se hizo un silencio, pensé que sería mejor no decir nada, Usmev parecía pensativo y no quería interrumpir ese momento, tenía la mirada perdida y miraba hacia la pequeña ventana, la luz que entraba iluminaba sus ojos, eran de un azul aguamarina con algunos tonos grisáceos y extrañamente transmitían serenidad, calma y paz, pero a la vez, esos ojos eran los de una persona que había vivido situaciones duras y tristes, me entraron ganas de llorar y compadecerme de él por todo lo que había podido llegar a vivir.

-Realmente no es nada agradable tener que contar esto- rompió el silencio, pero no dejó de mirar hacia la ventana- pero creo que es necesario que lo sepas, al fin y al cabo, tú también estas metido en todo esto, no podemos huir de la realidad, contra antes te prepare mejor...

-Creí que habías aprendido a que cada cosa tenía su momento- le miré con escepticismo que se contrarrestaba con una pequeña sonrisa.

-No me estoy anticipando- imitó mi sonrisa- solo estoy previniendo.

-¿El qué?- Le lancé una mirada desafiante.

-Creí que te había dicho que no hay que anticiparse-Empezó a reírse con fuertes carcajadas, como si nuestra conversación fuera una pelea y él hubiera ganado- Venga salgamos fuera, nos irá bien pasear bajo los rayos del sol, ya hemos estado suficiente rato en esta pocilga, date prisa y acábate lo que te queda en el plato.

Me apresuré a terminar de comer hasta las últimas migajas procurando dejar el plato bien vacío, quién sabe si eso iba a ser lo último que comería en algún tiempo...

Salimos de aquel antro deprisa, sentía algo en mi interior, algo que me llenaba de fuerzas, de determinación, algo que me impulsaba a seguir caminando aunque no supiera hacia donde, y todo eso provenía de Usmev, tenerlo a mi lado me hacía pensar que comprendería mejor todo lo que pasaba, que todo tenía un sentido, y que si lo encontraba podría volver a casa, por eso me aferré a él , depositando mis esperanzas en que él pudiera devolverme a mi vida anterior, pero pasaron los días, y caminar sin saber a dónde, se iba convirtiendo en algo pesado, Usmev no decía nada que pudiera ayudarme a entender lo que sucedía, y toda esa determinación y confianza que tenía se iba perdiendo a cada paso que daba.

Mundos paralelosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora