Ya había pasado una semana desde que Zeth se fue, mamá, papá y Athan salieron a buscarlo y todavía no han vuelto, temía que les hubiera pasado algo, que los Aima los hubieran encontrado y se los hubieran llevado. Ametz se había quedado en casa conmigo para cuidar de mí, así que una vez más todos estaban haciendo algo menos yo, seguía siendo la niña a la que proteger, la débil.
Estaba sentada en el sofá de casa, fuera las gota de lluvia golpeaban los cristales de la ventana, extrañamente me sentía sola y frágil y no quería seguir sintiéndome así, el pensamiento de sentirme tan inútil e insignificante me oprimía el pecho y me asfixiaba, necesitaba salir de ahí.
Me levanté del sofá y abrí la puerta de la entrada de la casa y salí al porche. El cielo estaba tapado por un manto de nubes grises y el viento despeinaba mi larga cabellera negra, me recosté sobre la verja blanca de madera que recubría el porche y dejé que el aire acariciara mi cara y que las gotas de lluvia se posaran en mi piel, de alguna manera eso me hacía sentir libre, me hacía sentir viva.
Me pregunté dónde estarían ahora mis padres y mi hermano, si estaban bien, y si traerían a Zeth de vuelta a casa. Era cierto que me comporté fatal con él, le odiaba y deseaba que se marchara, pero no era culpa suya, él no tenía la culpa de nada, tan solo era una víctima confusa. Ahora me sentía culpable y los remordimientos se solapaban en mi cabeza, quizás si hubiera sido más amable Zeth no se hubiera ido, si yo hubiera reaccionado bien y le hubiera dado una oportunidad al chico, mis padres no habrían tenido que ir tras él, al final había puesto a mis seres queridos en peligro, una vez más yo era la culpable de todo.
De pronto un manto de lana de diversos colores rodeó mi cuerpo, Ametz había colocado la manta que me hizo mamá en mi espalda.
-Vas a coger frío estando aquí fuera- Mi hermano me abrazó y frotó sus manos en mi espalda para que entrara en calor.
-No importa, necesitaba salir.
-Estarán bien, no te preocupes por ellos, pronto volverán- Ametz me dedicó una sonrisa queriendo transmitir seguridad, pero yo no estaba tan convencida, los Aimas me querían muerta, y si no me tenían a mí quizás capturarían a mi familia.
-Es culpa mía...- Iba a seguir hablando, pero sentía que si decía en voz alta todo lo que pensaba acabaría rompiendo en llanto, y no quería llorar.
-Eh, no digas eso, ese imbécil se fue por que quiso, lo mejor sería que no volviera, tú no tienes la culpa de nada.
-¿Y si no es así? ¿Y si se fue por que le traté mal? Si no se hubiera ido ahora mamá, papá y nuestro hermano estarían aquí sin poner sus vidas en peligro.
Ametz agarró con firmeza mi cara y me miró directamente a los ojos, estaba completamente serio, incluso había un atisbo en su rostro de enfado.
-Escúchame bien Zoe, Zeth está mucho mejor fuera de nuestra casa y lejos de nuestra familia, el chico ha hecho bien en irse y a nuestros padres y a nuestro hermano no les va a pasar nada, pronto regresarán y todo volverá a la normalidad como hasta ahora ¿de acuerdo?
-¿Y qué es la normalidad para ti Ametz?- Le aparté bruscamente sus manos de mi cara y me alejé un paso hacia atrás de él. – Tu normalidad es vivir constantemente preocupándote de mí y cuidándome, ¿crees que es eso lo que yo quiero? Estoy harta de vivir encerrada en esta casa, de vivir con miedo o de que estéis constantemente pendientes de mí tratando de protegerme como si fuera una muñeca de porcelana a punto de resquebrajarse. ¡No aguanto más esta vida Ametz! ¡No quiero que esto sea mi normalidad!
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Mundos paralelos
Fantasy"Siempre parecía distante... como si todo lo que pasara a su alrededor, no fuera con ella, era distinta, ella era... especial." Ésto es lo que pensó Zeth cuando vio a Zoe por primera vez, pero ¿la volverá a ver? y¿qué secretos tan profundos esconde...
