De vuelta al instituto

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Pasaron varios días, en los cuales mi salud iba mejorando notablemente, cada día seguía mirando por la ventana sólo para ver aquellos ojos de nuevo.

No la vi durante días salvo una vez, en la que me pareció verla, a lo lejos y de espaldas, pero no estaba realmente seguro de que fuera ella...

Por fin llegó el día en que podía ir al instituto, ya no tenía fiebre ni me encontraba débil, tenía fuerzas de sobras y sorprendentemente no me costó nada levantarme de la cama.

Me vestí rápidamente y desayuné, o más bien engullí una tostada de mermelada de melocotón que había preparado mi madre, bebí un poco de zumo de manzana, me despedí y me dispuse a marcharme al instituto cuando mi madre  de pronto pegó un chillido en tono de queja.

-¡Eh! ¿Te vas así sin más?- Me dijo mientras fingía aparentar estar furiosa- Te olvidas de algo...- Lo dijo de manera más tierna y me miró de forma maternal.

Anduve rápido hacia ella y le di un beso en la mejilla, mientras a ella se le cerraba el ojo derecho, la parte donde yo le estaba besando.

-Adiós mamá.

-Ten cuidado hijo.

-Sí.

Mi madre siempre repetía lo mismo cada mañana, siempre me decía que tuviera cuidado, cómo si el mundo fuera un lugar peligroso en el que vivir alerta todo el tiempo...

El instituto estaba cerca de mi casa, me dirigía hacia allí mientras andaba lo más rápido posible, no sé por qué lo hacía, ni siquiera iba a llegar tarde... Supongo que tenía ganas de salir de aquella casa donde había pasado días encerrado.

Recordé a la chica, y me paré de golpe, miré hacia atrás, pero ella no estaba.

No sé cuanto tiempo estuve ahí parado, pero no pude evitar quedarme embobado, sinceramente me solía pasar mucho, empecé a reírme de mi mismo, me giré y seguí caminando.

Cuando llegué al instituto, todos mis amigos estaban ahí, Karen, Gwen, Ray y Thoth.

Todos me recibieron con una amplia sonrisas, se notaba que me habían echado de menos.

-¿Cómo estás Zeth?- Me preguntó Gwen, parecía realmente preocupada por mí, siempre lo hacía, desde que llegué a este pueblo siempre ha sido muy atenta y agradable conmigo, y era algo que me encantaba.

-Estoy bien... Ya tenía ganas de volver- Aunque parecía mentira, lo que decía era cierto, siempre me gustó el ambiente de las clases y los institutos, todos me miraron como si estuviera loco, pero yo ya estaba acostumbrado.

-Este año te arrepentirás de ello, desearás salir de aquí corriendo- Karen se reía de manera burlona mientras pronunciaba esas palabras, yo no pensé que el nuevo curso fuera para tanto, pero claro yo todavía no había ido a clase y ellos ya llevaban dos semanas asistiendo a clase.

El timbre sonó de manera estridente, como lo hacía siempre, creo que era lo único que me desagradaba del instituto. Todos entramos por el umbral del vestíbulo dónde se encontraban las escaleras para acceder a la planta donde estaba nuestra aula. Todos los alumnos del centro subíamos lentamente ya que se formaba una caravana de personas que subían, algunos con cuidado y otros bromeando, por las únicas escaleras del centro, así que siempre tocaba esperar a que todos subieran.

Entre tanto jaleo, se escuchó un murmullo que me llamó la atención, hablaban sobre una alumna nueva, pero que nadie conocía su rostro.

Eso me recordó a la chica de enfrente de mi casa,yo tampoco conocía bien su rostro, y eso me angustiaba, deseaba poder contemplarla y percatarme de todo detalle relacionado con ella.


El día transcurrió como cualquier otro, prestaba atención y hacía todo lo que los profesores nos pedían. Siempre he sido un chico aplicado y suelo sacar buenas notas, aunque flaqueo en algunas asignaturas como historia y literatura.

Cuando se acabaron las clases me despedí de mis amigos y me fui corriendo a casa, me apetecía correr y notar el viento en mi cara, por fin podía salir a la calle después de tantos días clausurado en mi habitación.

Llegué a casa y subí a mi habitación para dejar la mochila y la chaqueta en el escritorio, cuando me dirigía velozmente hacía la cocina para devorar cualquier cosa que hubiera en la nevera o en la despensa, me paré en seco.

Miré por la ventana por si acaso estaba aquella chica misteriosa, pero ella no estaba, aun así estaba el lugar, el sitio dónde normalmente ella solía estar... pero ¿Por qué ahí? ¿Qué tenía de especial aquel sitio?

Así que salí de casa, miré a mi alrededor, al cielo, al suelo, a los árboles que habitaban enfrente de mí, pero nada ¿Qué era lo que había ahí  para que esa chica misteriosa de melena oscura se quedara en ese mismo lugar?

Mundos paralelosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora