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Recuerdos de Rick II: Sentirse vivo

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Pasaron varias horas y Taryn no volvía. Lo que fuera que le pasara al prisionero 1956 debía de ser bastante grave si requería de tanto tiempo para curarle.

Miré mis manos y vi que la piel ya se había recuperado del todo, igual que el resto del cuerpo. En cambio la cara me seguía doliendo al igual que la cabeza y el cuello. Palpé las zonas que me dolían y pude sentir como mi piel estaba arrugada a causa de las quemaduras. Los dedos se me humedecieron del líquido que supuraba mi piel junto con algo de sangre, era asqueroso pero ese era mí día a día desde mis 8 años de edad.

- ¿Te duele?

Dirigí la mirada hacia la puerta para ver de dónde venía esa voz y de quien era. En el umbral de la puerta de la enfermería vi al maldito de Smyslov . Ya no vestía con la bata blanca con la que siempre lo veía. El gorro, la mascarilla y los guantes que usaba para torturarnos habían desaparecido. Ahora podía verle bien la cara. Smyslov tenía el pelo canoso y se podía apreciar unas grandes entradas en el cabello. Éste iba peinado con todo el pelo engominado y la raya a un lado. Tenía varías arrugas en la cara y un fino pero tupido bigote que le cubría el labio superior. Unas enormes gafas con cristales amarillentos escondían sus pequeños, hundidos y oscuros ojos. Ese hombre debería rondar los 50 años.

Su sonrisa maliciosa mientras me observaba de arriba abajo examinando mis heridas, revelaba que tenía los dientes de abajo cubiertos con unas fundas de oro. Smyslov estaba apoyado en el marco de la puerta, dejando caer todo su peso en su hombro izquierdo. Vestía con un traje bastante elegante, una camisa lisa de color azul celeste, una americana de color blanco con un pañuelo del mismo azul que la camisa en el bolsillo superior de la chaqueta. El pantalón del traje también era de color blanco y finalmente lucía unos brillantes y relucientes zapatos de piel de color marrón claro.

Smyslov se incorporó y se sacó las manos de los bolsillos dejando ver en su muñeca izquierda un enorme reloj de oro. Inmediatamente empezó a caminar despacio hacia mí sin dejar de sonreír.

- Veo que te vas recuperando. Buen chico, recuerda que te necesito con vida.- Soltó aquellas palabras con un cierto tono de burla mientras seguía sonriendo y relamiéndose las fundas de oro de sus dientes.

- Vas a necesitar mucho más para matarme.- Le calvé la mirada en sus ojos y sonreí de la misma forma en que lo hacía él. No pensaba dejarme intimidar.

- Oye preso número 2004- Smyslov entonó ese "preso" de manera profunda para dejar bien clara nuestras posiciones, yo no era nada allí, tan solo un simple prisionero, un juguete con el que jugar, él era mi dueño, el mío y el de las miles de personas que estábamos allí atrapadas. Smyslov se desabrochó los botones que abrochaban sus puños de la camisa y se arremangó las mangas hasta el codo.- No me tientes a matarte ni mucho menos trates de cabrearme.- Ese viejo torturador cogió un depresor lingual que había en la mesa de la enfermería y empezó a hincar el palo en mis heridas de la cara haciendo cada vez más presión en mi quemada y dolorida piel. Traté de no inmutarme, de no quejarme y de no apartar mi mirada, pero la zona facial era delicada y sensible. Si estuviera haciendo eso en una pierna o un brazo no sentiría dolor, pero Smyslov sabía dónde hacerme daño, él conocía cada parte de mi cuerpo así que jugaba con ventaja. Apreté mi mandíbula con fuerza y empecé a respirar cada vez más hondo tratando de mantener la calma, al mismo tiempo ese hombre que se hacía llamar doctor reía con satisfacción mientras apretaba el depresor con más y más fuerza retorciéndolo dentro de mi piel.

- Ya basta, le haces daño- Taryn entró a la enfermería con rapidez y apartó el depresor de mi piel dándole un manotazo a la mano de Smislov. Examinó la herida que me acababan de hacer y con una gasa empezó a limpiar la pus y la sangre que sobresalían de mis erupciones.- Este paciente necesita reposo para recuperarse de sus heridas.-Dijo ella segura de sí misma y en tono brusco y seco, después le miró enfadada dándole a entender que la enfermería era de ella y por lo tanto él no debía estar ahí.

Mundos paralelosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora