No quiero más esto. No más. Siempre volvería a doler. Y esto es como lo esperaba... que a la primera el hombre de mierda era perdonado. No, esto no era así. No debía de ser de esta manera. Me alejé de él.
- Ya suéltame - rogué. No podía hacer más que eso. Simplemente no podía. Lo hizo.
- Necesito que te quedes. Hablo en serio, sé que lo más probable es que tú no quieras saber absolutamente nada de mí ya que soy muy mala persona. Pero en serio, necesito que te quedes con migo. Al menos en mi empresa. Sería lo mejor y de eso no tengo la menor duda.
- Es tu empresa. Yo no tengo derecho. Adiós... - le digo para ir hacia la puerta.
Camino hacia la puerta y pongo mis manos sobre lo la manija. La deslizo suavemente y trato de abrirla. Cerrada.
- La llave - me giro hasta él, quien me da una sonrisa burlona.
- Me tienes que dar un beso. Un gran y señor beso para que yo te deje salir. Sino, no podrás salir de aquí.
- Por favor - digo sarcásticamente en tono de burla. - Vamos, abre la puerta, estoy a punto de tener una cita con un chico que me gustaba desde hace ya un tiempo. - mentí. Nunca me ha gustado nadie, y si pasa, nunca lo digo y menos trato de salir con esa persona, todo lo contrario, lo evito hasta que se me pase la locura.
- Menos aún. No te daré eso que quieres. Y ahora peor, tienes que llamar a quien sea con el que hiciste la cita y decirle que no para luego darme un beso y decirme que te vas a quedar en la empresa y luego decides si quieres que me vaya o no. Tienes unos cuantos minutos más. Anda y di.
- Okey. No voy a llamar a nadie y lo único que pasará entre usted y yo será que usted me va a dejar salir ya que no quiero estar más en esta empresa simplemente porque no lo deseo no estar aquí. Es su empresa y yo no soy quien tiene que tomar decisiones por si no se ha dado cuenta.
- Por favor, pero si estoy posiblemente teniendo una hermosa y retorcida idea. Muy morbosa por cierto.
- No se moleste, puedo aguantar todo el día aquí sin besarlo, y sin llamar a la persona a quien usted dijo.
- Espero que resista sin celular. Además que si se da cuenta, en el tiempo que esté en este lugar no tendrá cobertura simplemente por el hecho de que sólo hay cuando yo lo decido. Es decir, cuando yo necesito que haga. Y como en estos momentos no me interesan...
Me encogí de hombros y me dirigí a el escritorio, lo rodee y me senté en la silla del jefe.
Esperé unos minutos. Obviamente no quería rendirme, podía estar así todo el maldito día. Pero mi padre y mi hermano me esperan para el día en familia de un restaurante. Cosa que hacemos cada cierto tiempo. Hace ya un año y unos meses que no lo hacíamos.
-¿ Qué es lo que quiere? - pregunté ya cansada y con notable indiferencia hacia mi ex jefe.
- Muy bien, ya te rendiste. Excelente. Pensé que resistirías a menos. Pero me has sorprendido bastante. Trece minutos. - dice burlándose de mí. Está acabando con mi paciencia.
- Anda, habla de una vez por todas. No aguanto más estar encerrada. Estoy tratando por todos los medios posibles de no mirar o entender que somos dos personas encerrados en un lugar que se hace cada vez más y más pequeño. Gracias al padre que este lugar es grande.
- ¿Eres claustrofóbica? - preguntó aterrado.
- Supongo... - dije con "miedo" y "cabizbaja".
- lo... lo lamento lucho. No estas mintiéndome ¿Cierto?
Se volteó y se dirigió corriendo hasta la puerta. La abrió y corrió de vuelta hasta mí. Idiota. Me cargó en sus brazos y simplemente me llevó hasta el ascensor... bajó el ascensor conmigo en los brazos y llegamos hasta abajo. Todos se nos quedaban viendo. Claro, ellos no eran tan "afortunados " como yo. Al menos sé que el jefe tiene corazón ¿No?
