Epílogo

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Un año y medio después.

- Hola, bebé, mamá llegó. ¿Cómo estás? ¿Te has portado bien? ¿Sí? -tomo en mis brazos a Christina -. Shi mamá, chemple me polto bemm -hago voz falsa de bebé y ella ríe. -. Sí, hermosa, llegó mamá. - dije, tratando de que ella se tranquilice porque comenzó a saltar en mis brazos. Es una niña muy fuerte.

- Alexander se portó bien también. Creo que son unos angelitos.

- Bueno, mientras es de día sí. De noche es el problema.

- ¿Por qué?

- ¿Por qué no te quedas aquí hoy y te das cuenta?

- No, creo que ya entendí

- Bueno -dije riendo mientras dejaba a Christina en el corral y cargaba a Alexander.

Comencé a hacerle muecas tontas a Alexander y luego lo entré junto a su hermana al corral para que ambos jueguen cada uno con su juguete para los dientes. A Christina ya les salió pero a Alexander aún no les han salido ambos, sólo uno. Aún así se ve hermoso.

- Aún así, sabes que debí de irme ayer. Estoy saliendo con una chica y todavía no formalizamos pero me gusta mucho.

- Bastian -suspiré -. Por favor no le rompas el corazón.

- Sí, no es lo que pienso hacer. Me gusta demasiado

- Ya sabrás tú. Pero no traigas entonces cualquier mujer a conocer a mis hijos.

- Me agradan los mocosos.

- Vuelve a decirles así a tus sobrinos y nos la veremos.

- Calma calma -se ríe. No sabe hacer mas que molestar— ya me voy, que me esperan.

- Adiós.

Bastian me sonríe, les da un beso a cada Niño y sale hasta la puerta principal. Escuché el motor de su auto y suspiro. Mire a mis bebés. Los amo a ambos.

- Hola, bebés. -les sonrío a ambos.

Christian llegará en unos días a casa. Esta en una reunión del trabajo fuera del país. Me he estado manteniendo cuidando a los niños mientras tanto. No quiero ninguna niñera con mis hijos.

Los miro a ambos con amor; son los mejor que me ha pasado.

En la noche cuando los he logrado dormir a ambos, recibo una llamada de Christian.

— Hola amor —me dice

— Hola cariño. Ya se han dormido los bebés. Alex ha estado más ñoño de la cuenta.

— Claro, se parece a la madre.

— No eres gracioso—ruedo los ojos.

Nos quedamos en silencio durante unos segundos. No un silencio incómodo, somos solamente nosotros escuchando nuestras respiraciones.

— ¿Quien habría dicho hace 2 años que estaríamos así? —pregunto.

— Nadie lo haría. Aun así te amo, y estoy feliz de haber tenido todas estas experiencias contigo. Tú y mis hijos son los mejor que me han pasado, Alexia.

Sonrío al teléfono.  Comparto su opinión.

— Yo también te amo. Viviremos muchas más experiencias juntos.

— Eso no lo dudo, cariño. Siempre a tu lado. 

Hablamos unos minutos más y terminamos con la llamada.

Me dirijo a la habitación de los niños a checar cómo se encuentran y aquí es donde me doy cuenta que pese a todo lo que pase, no me arrepiento de nada porque eso me trajo a este preciso momento donde no podría amar más mi vida.

Maldito Jefe © Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora