Cap.36

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Me tumbo en el estúpido sofá de mi piso. Sinceramente, no sé ni tengo idea de cómo había llegado al ascensor del edificio ése. Es decir, me veía como una tonta esperando allí, pero nunca se calmaron y eso es algo que sinceramente, me molestaba. Es decir, necesitaba urgentemente atención. Todos necesitamos atención una vez en nuestra jodida vida. ¿Por qué yo no podía tenerla alguna vez?

Supongo que por lo que dijo el hermano de Bastian, él ya tenía problemas psicológicos. No creo que yo sea la única a la que él acosaba, o acosa, más bien.

Tomo le control de la televisión y rápidamente pongo una película. Prefiero esto, a escuchar cómo se quejan el uno del otro. ¡Ha! Problemas de millonarios. Ruedo los ojos.

De pronto, el sonido del teléfono retumbó en la habitación. Gruñendo, me levanté a regañadientes, maldiciendo por haberme dejado justo cuando la puta muchacha veía a la loca que hace que todos griten, y que por eso los matan. Buena película, lo sé. El grito de la muerte, creo que así se llama. Como sea...

- ¿Aló? -pregunté frunciendo el ceño.

- Señorita Sullivan, ¿En qué momento le han dicho que se retrase? -escuchó la voz ronca, es masculina. Frunzo el ceño. ¿Quién será?

- ¿Perdón, le conozco?

- Obviamente, soy Bastian Evans. Necesito que regrese a la empresa para poder entrevistarla personalmente.

- ¿Perdón? -pregunto con sorna. ¿Está loco, o sólo se hace?

- Como ha escuchado, tiene una hora para que esté aquí o me veré obligado a buscar a una suplente nueva.

- Por mí, haga lo que quiera. -cerré el teléfono para luego sentarme de nuevo en el sofá.

Ni voy a ir ahora mismo para allá. ¿A qué? A ver le cara de lindo ni será, menos a verle el sexy cuerpo, o ver a su hermano, que está bastante bueno, por cierto.

El maldito teléfono vuelve a sonar. Bien, creo que es obvio que he visto las suficientes películas y novelas para saber qué es él. Dejo que suene sin cesar. Pero ni para de sonar la maldita cosa. Frustrada, me dirijo al teléfono nuevamente y lo descuelga.

- ¿Qué? -pregunto de manera ruda.

- ¿Qué formas son esas de hablarle a tu propio padre, eh?

Yo casi me atraganto, prácticamente con mis saliba. Comienzo a balbucear incoherencias hasta que al fin puedo decir algo que tenga sentido.

- Lo lamento, ya sabes cómo son los malditos vendedores por teléfono, son agotadores.

- Ni lo digas. Como sea. ¿Cómo te fue en el día? ¿Conseguiste trabajo?

- Estoy en proceso, papá.

- Bueno, te dejo hija, tengo que volver a trabajar porque sino, tengo problemas.

- Vale. Adiós.

- Adiós.

Sí, él no podía vivir sin trabajar sinceramente, no le gustaba depender de otro individuo.

Me senté en el sofá y me dispuse a buscar otro canal. Esa película ya no me resultaba interesante, a decir verdad.






Hola, chicos. Quiero pedirles opinión de cómo voy, hablo en serio. Acepto críticas constructivas.

Por otra parte, que no se les haga tanta costumbre eso de demasiados capítulos así de seguidos.

Es que, una amiga mía, lee esto y pues es su cumple. Quiero desearle un feliz cumpleaños y que siga siendo así de buenas y aplicada, muuuuy alocada. Felicidades

Maldito Jefe © Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora