EDITADO.
[Libro #1 de la saga "About Werewolves and Witches"]
Scott y Meredith McCall eran adolescentes normales, acostumbrados a la aburrida cotidianidad ofrecida por su ciudad natal, Beacon Hills. Pero todo cambió la noche en que uno de ellos...
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||La genialidad de Scott en el lacrosse.
¿Saben lo que pasa cuando eres una persona sedentaria y un día, completamente de la nada, haces todo el ejercicio que nunca antes habías hecho? ¿No? Pues se los diré: Te duele absolutamente todo.
Sí, todo. Aunque solo hayas ejercitado los brazos en una de esas máquinas especiales del gimnasio, o las piernas al subirte a una bicicleta y pedalearas por más de quince minutos. No importa que solo muevas los dedos de la mano, al día siguiente, cuando tu cuerpo haya descansado, vas a sentir que una aplanadora te pasó por encima.
Y eso es justo lo que yo sentí al despertar la mañana del primer día de clases. Ni siquiera fui capaz de vestirme sin soltar quejidos, el más leve movimiento le provocaba a mis músculos una sensación de ardor combinado con dolor, como los estuviesen estirando más allá de su máxima capacidad. Fue por eso que le rogué a Scott que me llevara a la escuela en el espacio que hay entre los manubrios de su bicicleta, no podría subirme a la mía en por lo menos una eternidad.
El viaje fue algo incómodo para mi pobre trasero, pero definitivamente era mejor que subirme a mi propia bicicleta y forzar a mi pobre cuerpecito a hacer algo que después de la noche anterior no querría volver a hacer jamás: ejercicio.
Al llegar a la escuela, más específicamente al área del estacionamiento designada a las bicicletas de los estudiantes, bajo del manubrio con un saltito para permitirle a Scott asegurar su bicicleta con candado al artilugio con aspecto de barandal y, mientras lo hace, me quito el casco color lila a la par que le observo con ojos dudosos.
—¿Seguro que estás bien, Scott? Quiero decir, es una gran mordida.
—Estoy bien, Mer —responde quitándose su casco negro.
Hago una mueca, insegura de si creerle o no.
Anoche, al llegar a casa, Scott me había pedido ayuda para limpiar y cubrir la mordida del animal que nos atacó en el bosque, se veía bastante mal y traté de convencerlo de ir al hospital para que mamá o una de sus amigas enfermeras lo revisara y se cerciorara de que no se había infectado o contagiado de alguna enfermedad como la rabia, no es que yo sepa si los lobos pueden transmitirla, pero no quería comprobarlo con mi hermano. No obstante, él se rehusó al hospital y espantar a mamá con lo que habíamos pasado en el bosque ni mucho menos arriesgarnos a que ella descubriera el por qué estábamos allí en primer lugar.