EDITADO.
[Libro #1 de la saga "About Werewolves and Witches"]
Scott y Meredith McCall eran adolescentes normales, acostumbrados a la aburrida cotidianidad ofrecida por su ciudad natal, Beacon Hills. Pero todo cambió la noche en que uno de ellos...
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|| Desaparecida.
Meredith.
Si de una cosa estoy segura en esta vida es que no le gusto a Isaac y que él no me gusta a mí... ¿O sí me gusta?
Una mini yo está columpiándose en algún axón (el hilillo que une a las neuronas entre sí) sosteniendo una flor a la que le quita los pétalos mientras canturrea «Me gusta, no me gusta, le gusto, no le gusto», impidiéndome pensar en otra cosa. Es como si las palabras de Scott hubiesen encendido un interruptor en mi cabeza.
A mí me gusta Stiles, quizás un poco más que eso... De acuerdo, es mucho más que eso y ha sido así desde que tengo siete años, desde entonces soy la fanática número uno de sus ojos color whisky, de sus labios con forma de corazón y los bonitos lunares que van desde sus mejillas hasta su cuello.
Debo admitir que esta no es la primera vez que alguien me dice que Isaac se siente atraído a mí pues Lucy, mi mejor amiga, siempre creyó que él tenía algo por mí y nunca se cansó de repetírmelo.
Sin embargo, no creo que sea verdad, quiero decir, en mis quince años de existencia nadie se ha fijado en mí como una chica, no por voluntad propia. Ni siquiera Greenberg y él cree que... él es un poco... bueno, es Greenberg, y todos saben que sigue cualquier cosa que lleve puesta una falda. Eso y que va dos años atrasado, por eso el entrenador Finstock lo detesta tanto, pues pareciera que nunca podrá deshacerse de él.
Volviendo al tema principal de todo esto, llevo poco más de la mitad de mi vida enamorada de Stiles. Antes de mi séptimo cumpleaños lo odiaba porque sentía que Scott me había cambiado por él, pero luego Stiles fue el único niño en asistir a mi fiesta de cumpleaños y entonces cambié mi visión de él como un enemigo a mi príncipe azul. Mi fantasía de ser su princesa y cabalgar juntos un blanco corcel para desaparecer en el horizonte fue preciosa y por un tiempo creí que se haría realidad hasta que un día después de la escuela, mientras mamá nos llevaba a los tres al parque, le oí contarle a mi hermano cómo sería su boda con Lydia.