XLIII: Meredith y sus chispas moradas.

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|| Meredith y sus chispas moradas

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|| Meredith y sus chispas moradas.



Al segundo en que entré a la cafetería noté algo extraño, pero no fue sino hasta que ya estaba a punto de pagar por mi almuerzo que me di cuenta del por qué: hay un asiento vacío. Más específicamente, un lugar que siempre ha estado ocupado, el día de hoy está vacío.

Y como no es normal que esa silla no esté ocupada, dejo mi almuerzo a un lado, salgo de la fila y tras ubicar con la mirada a Scott –que habla "disimuladamente" con su novia al estar los dos dándose la espalda– corro directamente hacia él para informarle de lo que ocurre.

Como es de esperarse, al principio Scott no capta el significado del lugar vacío, pero en cuanto lo hace salimos de la cafetería.

—¡Terminaste conmigo justo después de que ella se robó tu manzana! —exclama una chica en medio del llanto hacia un chico que ni siquiera la voltea a ver.

Sacudo la cabeza, devolviendo mi atención a Scott.

—Si no está en su casa, me llamas. ¿De acuerdo? —Asiento frenético, aunque me detengo al instante, por completo—. ¿Qué?

—Quizás deberíamos dejarlo. A Boyd, ya sabes —aclaro, consiguiendo que mi amigo-futuro cuñado me mira como si estuviera demente—. Tú dijiste que Derek está dándoles una alternativa, ¿no?

—No podemos. Lo sabes —masculla entre dientes, pues algunos estudiantes pasan demasiado cerca de nosotros.

—Debes admitir que Erica se ve estupenda. La palabra "sensacional" se me viene a la mente. —Hago una mueca en cuanto Scott me da un golpe en el hombro, demasiado fuerte para mi gusto, sin entender bien el por qué lo ha hecho—. ¿Y eso por qué fue?

—Estás saliendo con mi hermana.

—Bueno, no es nada oficial todavía —le recuerdo. Durante nuestra cena-barra-cita de anoche, Meredith y yo acordamos ir lento, para conocernos mejor, así que todavía no somos novios ni nada parecido—. Pero solo estoy hablando con la verdad. La Erica de ahora se ve mil veces mejor que la Erica de hace dos días. Y no me refiero solo a físicamente, sino que también se ve más segura y feliz consigo misma. ¿Has notado todas las miradas que recibe ahora? Estoy seguro de que lo disfruta. Y mucho.

—Eso no importa. No realmente. ¿O cómo piensas tú que se verá con una bala de acónito en la cabeza? —formula él, haciendo un ademán con las manos.

Encojo los hombros y ladeo la cabeza. Ese es un punto muy válido.

—Okay, entiendo tu preocupación. Pero solo digo que quizás la culpa de esto no sea toda tuya.

—Todas son culpa mía. Sabes que esto se saldrá de control. Eso me hace culpable.

—De acuerdo. Estoy contigo. ¿Y puedo confesar que este heroísmo recién descubierto me atrae mucho a ti? —suelto al ver por el rabillo del ojo a Mer, cerrando su casillero. No me pregunten por qué, pues no tengo la menor idea.

About Werewolves and Witches | Teen WolfHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora