Una nueva vida II

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Capítulo 2

"Todos los cambios, aun los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía"

Anatole France.

No había podido pegar el ojo en casi toda la noche pensando en que, por fin, empezaría una nueva vida lejos de mis padres. Estaba tan emocionada y a la vez tan nerviosa que me fue imposible conciliar el sueño antes de la 01:30 de la madrugada. Mis sueños recrearon una vida perfecta en el apartamento de lujo que gracias a los ahorros de dos años realizando arduos trabajos, ―algunos de medio tiempo, otros de noche y otros más los fines de semana ― un crédito y un poco de ayuda de mis padres había logrado comprar. Mi despertador me sacó de mi fantasía a las 4:30 de la mañana. Me removí entre mis sabanas con flojera.

―5 minutos más Carlitos ―le dije al objeto como si este pudiese escucharme, el aparato me respondió con pitido aún más ruidoso ―. Está bien, está bien, ya me levanto ―Estiré mi mano y presioné el botón rojo que acalló los alaridos de mi preciado Carlitos. El sueño parecía querer envolverme nuevamente pero mi consciencia me mantuvo despierta con frases motivacionales y pequeños regaños ―Eso te pasa por acostarte tarde, Luciana ―mientras me estiraba perezosamente recordé que ya era el día, que hoy me iría. Toda la amargura y el sueño que tenía se convirtió en emoción y alegría.

De un salto salí de mi lecho y empecé a brincar, correr y bailar exageradamente por toda mi habitación; canté para mí misma en modo de celebración hasta quedarme sin aliento y caí de espaldas en mi cama con la mirada puesta en el techo, una gran sonrisa se estampó en mi rostro.

―Por fin... ―alcancé a decir con la respiración entrecortada, antes de salir corriendo al baño a tomar una relajante ducha.

Recién acababa de terminar la secundaria y había logrado ingresar becada a la facultad de medicina en la USM, una de las universidades más prestigiosas de Santa María y Europa en el ámbito de la salud. No era un lugar muy turístico, sin embargo, destacaba en el ámbito educativo.

Había escogido estudiar allí no solamente por la excelente calidad de estudio, sino también porque se encontraba en otro continente lejos de mi lugar de origen; y no es que no me gustase mi ciudad, pero si me molestaba el hecho de nunca haber salido de ella y ahora que tenía esta gran oportunidad no la iba a desaprovechar.

En un principio, mis padres se habían negado rotundamente ante la idea de aplicar a otra universidad fuera del país, no obstante, no me rendí y por primera vez en mi vida fui en contra de ellos y seguí mis deseos. Ellos no les quedó más remedio que aceptar la derrota y apoyarme una vez que recibí la carta de aceptación de la universidad.

En mi vida las decisiones siempre habían sido tomadas basadas en la opinión y creencias de mis padres, es por eso que en mi adolescencia me privé de muchas cosas que, aunque por un lado se encontraba agradecida, por otro habría deseado si quiera una vez experimentarlo.

Mi familia era de clase media, nunca me sobró, ni me faltó nada, siempre tuve lo necesario, aprendí a esforzarme y a trabajar duro para obtener las cosas que quería; Poseían unas creencias tanto culturales como religiosas antiguas, lo que los hacía parecer en este siglo XXI como una familia estricta, esa era la razón de mi personalidad responsable, reservada y escrupulosa; por otro lado, mi carácter no era para nada fuerte comparado con el de mi madre.

Lo que yo realmente quería era conocer el mundo, disfrutarlo a lo sano, tomar mis propias decisiones, tener espacio para hacer lo que quisiese sin ser criticada, en pocas palabras quería libertad y al lado de ellos nunca la conseguiría.

Atados al AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora