Noche de poca pasión

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Capítulo 6 (parte 1)


"He tenido una noche absolutamente maravillosa. Pero no ha sido ésta."

Groucho Marx.


La puerta con el número 1003 yacía en el suelo. Los chicos la observaron durante minutos sin saber muy bien que hacer. Luciana optó por esquivarla y se adentró en la habitación cerrándola con seguro detrás de ella. Nicholas, por el contrario después de ver como la chica desparecía de su vista, levantó la puerta y la acomodó de tal forma que no parecía que estaba suelta, se tiró en sofá y entre pensamientos asesinos dedicados a Luciana se quedó dormido.

Luciana por su parte, con la misma avidez con la que entró a la habitación se deshizo de su ropa y se sumergió en el agua tibia de la tina, recostó su cabeza en el borde, cerró los ojos y relajó cada parte de su cuerpo por incontables minutos. Cuando retomo consciencia, el reloj marcaba un poco más de las 6, a regañadientes salió del agua, se envolvió en la toalla que horas atrás había usado Nicholas, ese pensamiento le hizo hacer una mueca de desagrado –nota mental: comprar una nueva toalla y quemar la vieja para evitar posibles infecciones. –salió del gigantesco baño.

Ya en la habitación seco su cuerpo, soltó su cabello, lo peinó y volvió a hacerse la coleta, luego se colocó una de sus pijamas –un pantalón rosado de tela, largo y suave y una camisa manga larga a juego con el pantalón –segundos después sintió su estómago gruñir, se apresuró a salir de la habitación para ir a buscar algo de comer, en su camino se detuvo al ver a el ángel que dormía en su sofá. Verlo, analizarlo y admirarlo hizo que ella perdiera el hilo de lo que estaba haciendo, de lo que estaba pensando e incluso del tiempo, salió de su ensoñación cuando su estómago gruñó con mucha más fuerza y retomó su camino a la cocina.

Con la nariz tapada para controlar las náuseas que le provocaba el olor de la carne –incluso con tan solo verla ya su organismo se descomponía –hurgó en la gran nevera hasta encontrar variedad de frutas, con lo que se preparó una ensalada, feliz caminó hasta el comedor y allí se sentó a disfrutar de su cena.

Nicholas se removió en el sofá al sentir como el dragón de 5 cabezas que vivía en su estómago empezaba a moverse desesperado. La bestia notó que Nicholas seguía dormido y no pensaba moverse, entonces enfurecida rugió con fuerza haciendo arder sus entrañas. El joven abrió los ojos de golpe, los restregó con sus manos y sin perder tiempo se levantó del sofá con dirección a la cocina, mientras buscaba que comer sobaba su panza para que la bestia entendiera que ya iba a darle de comer, al final para evitar la catástrofe de hacia unas horas, decidió comer cereales con yogurt, entró con su gran tazón a la sala, ignorando nuevamente por completo a la chica que seguía comiendo. Se sentó una vez más en el sofá, tomó el mando de la tv y la encendió.

- Hey ¿Qué es lo que estás haciendo? No puedes comer en el sofá, podrías derramar comida y se manchará –rompió el silencio Luciana tan solo unos segundos después de que lo viera sentarse.

- ¿Acaso crees que soy tonto? –Luciana permaneció callada fulminándolo con la mirada. No había pasado 5 minutos cuando a Nicholas se le resbaló la taza de sus manos y aterrizó en el sofá.

- Creo que eso contesta tu pregunta –le dijo con una sonrisa de satisfacción, él le hizo una mueca –Ahora por torpe y desobediente limpiarás eso –le ordenó mientras le indicaba con el dedo la habitación de herramientas para que sacara de allí los artículos de limpieza, a regañadientes él obedeció.

Atados al AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora